Fallece el director de orquesta alemán James Last

MÉXICO, D.F. (apro).- Famoso mundialmente por su “música feliz de pachanga” y estilo instrumental “de fácil digestión”, el director de orquesta alemán James Last murió ayer en su casa de Florida, a los 86 años de edad, según anunció en Berlín su promotora Semmel Concerts.

“La música es emoción, a veces mejor que cualquier medicina”, solía decir Last (su verdadero primer nombre era Hans), quien gracias a medio siglo de conciertos y millones de discos vendidos, falleció tranquilo y rodeado de sus familiares.

El también bajista, arreglista y compositor oriundo de Bremen saltó a la fama con su fórmula de extender, en orquesta y coros, muy populares melodías internacionales a partir del sonido de las grandes bandas norteamericanas.

El inicial de entre los más de 200 discos que grabó para la compañía germana Polydor en 1964 se intitulaba ‘Non Stop Dancing’ (No pares de bailar), que se presentó con éxito por Europa y Estados Unidos, e incluso hacia 1972 por la entonces Unión Soviética.

De boleros a polkas, de Beatles a Lady Gaga, pasando por “Bolero” de Ravel, ABBA o Caterina Valente, Last –nacido un 17 de abril de 1929– prácticamente abarcó los temas más pegajosos y alegres de buena parte del planeta, así como multitud de formatos melódicos. Por ejemplo, ya desde mediados de los setenta grabó su versión light del “Mambo 5” de Pérez Prado.

Pronto, la James Last Orchestra fijó su atención en el folclore de nuestro país, dedicando en 1977 un acetato de larga duración (LP): “De Hamburgo para México”.

Pero sería en naciones como Inglaterra donde fue acogido con pleno gusto, al punto de sacar unos 65 álbumes ahí como pan caliente y trabajar para la televisión británica.

En septiembre del año pasado enfermó gravemente y decidió ofrecer sus últimos conciertos, para despedirse en Colonia y en el Royal Albert Hall, de Londres.

“Lo esencial es que mis fans reciban los mejores conciertos de su vida y haremos con ellos nuestro concierto más feliz, aunque no me gusta hablar de retirarme, decir adiós es un sentimiento terrible”, dijo entonces a la BBC.

Su firma representante lamentó que “el mundo haya perdido un embajador único, cuya expresividad y lenguaje de enorme grandeza era la música”. Se dice que James Last visitó unos 150 países en su carrera.

Sin alcanzar en América Latina el cariño de un Ray Coniff ni el de México a Paul Muriat por “El amor es triste”, Last era visto con reservas por algunos jazzistas y críticos, como fue el caso de Michael Naura, quien escribió para el tabloide alemán ‘Frankfurter Allgemeine Zeitung’ en 1996:

“Los arreglos de James Last sólo pueden ser degustados de la misma forma que lo hacen aquellas personas que carezcan de dientes, tragando cual si fuera un plato de avena con leche.”

En los próximos días se rendirá un homenaje público a Last en Hamburgo.

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