“Reconstruir” Guerrero, la prioridad

ACAPULCO, GRO.- Feliz por el regreso del PRI al gobierno estatal luego de 10 años de administraciones perredistas, Héctor Astudillo Flores presume: “¡Gané en mi casilla! Es un triunfo que mis vecinos no me odien”.

Hace una década, Astudillo no pudo con Zeferino Torreblanca Galindo –quien como alcalde de Acapulco tuvo un papel decoroso y como candidato a la gubernatura prometió llevar a juicio por actos de corrupción a René Juárez Cisneros, el entonces mandatario priista.

Esa promesa no se materializó, lo que sembró la duda entre los perredistas por los presuntos acuerdos de Torreblanca con el PRI a cambio de la gubernatura, hecho que terminó por enemistarlo con el PRD.

En 2005, Astudillo no ganó en su casilla, comenta a Proceso. Sin embargo, comenzó a labrar su camino a la gubernatura. Ya cargaba a cuestas seis elecciones exitosas, dos como alcalde de Chilpancingo, tres como diputado local y una como senador.

Integrante de una de las familias más antiguas de Chilpancingo, casado con Mercedes Calvo, también con añejos antecedentes en la capital, Astudillo sostiene que no pertenece a ningún grupo político del PRI guerrerense: “No estoy amarrado con nada, respondo a mis valores y mis principios, no órdenes de nadie.”

En los últimos 10 años, relata, puso los pies en la tierra, se sacudió la soberbia y se abrió a grupos sociales y a la oposición. Hoy dice estar preparado para enfrentar a una sociedad crítica en un estado perredista.

Acuñó el lema de “orden y paz” para identificarse con los electores cansados de meses de conflictos sociales derivados de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, y de la violencia imparable en Guerrero.

El eslogan surgió, dice, de una investigación de grupos de enfoque que logró identificar que buena parte de los votantes –sobre todo de Acapulco y Chilpancingo, dos de los municipios más poblados de la entidad– estaban cansados de bloqueos y manifestaciones.

Durante su campaña, Astudillo evitó acudir a plazas de mayor influencia del Movimiento Popular Guerrerense, cuyos integrantes promovieron el boicot electoral para exigir la presentación de los normalistas desaparecidos.

Los deslindes

Con una ventaja importante sobre su más cercana competidora, la perredista Beatriz Mojica Morga, Astudillo no muestra enfado cuando se le recuerda que el regreso del PRI a la entidad puede ser visto como un retroceso en la vida democrática.

“La palabra cambio es vigente siempre, y después de lo que ha pasado en Guerrero, la mayoría está buscando un cambio. No sé si yo genere esperanza, pero de que están buscando un cambio, sí. El PRI tiene aspectos negativos, como el propio PRD”.

Sobre las acusaciones de compra y coacción del voto y la presunta intromisión del crimen organizado en su campaña, el chilpancinguense comenta que eso forma parte del “juego de la campaña”; “es la guerra sucia que normalmente surge”.

Satisfecho de que 53% de los empadronados salieron a votar, y de que los conflictos se focalizaron en Tixtla y Tlapa, descarta que las inconformidades sociales derivadas de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa estén acotadas.

“En ese caso, ni perdón ni olvido; justicia”, responde el candidato acerca de lo ocurrido en Iguala la noche del 26 de septiembre del año pasado y sobre las movilizaciones derivadas de esos hechos.

Y agrega: “Soy un guerrerense normal y tengo dos hijos a los que quiero y amo profundamente. Por eso trato de entender permanentemente lo que han sentido los padres de los 43 jóvenes. No sé cómo hubiera reaccionado si viera que a mis hijos los trataran como dicen las actas ministeriales trataron (a los normalistas).”

–La crisis estalló por la incrustación del crimen organizado en áreas del poder, pese a voces que advertían lo que estaba pasando en Iguala –le comenta la reportera.

–Hay que hablar con los responsables públicos, leerles la cartilla. Ver cuál es el antecedente reciente y cuidar que no vuelva a suceder. Hay que poner las reglas muy claras.

–¿Hará alguna petición al respecto al gobierno federal?

–Sí, para pedirle solidaridad con Guerrero.

–¿Cuál es su posición frente a militarización y la presencia policiaca en las calles?

–Ojalá que no la hubiera.

–¿Será un gobernador de mano dura?

–Vamos  a esperar un Astudillo que cumpla con la ley. Soy abogado. Pero también un Astudillo que dialogue y que comprenda a la sociedad.

Al priista se le cuestionó porque el exgobernador Ángel Aguirre presuntamente influyó para que ganara, sobre todo por los personajes que se adhirieron a su campaña, sobre todo el senador Sofío Ramírez, el principal operador del aguirrismo.

“Aguirre no tiene nada que ver –responde–; tampoco puedo negar que durante mis últimos 28 años he hecho relaciones con muchísima gente.Varios de los amigos de Aguirre son mis amigos y eso no lo puedo negar, y si alguno de ellos votó por mí, qué bueno, porque me conocen.”

Astudillo, quien fue alcalde de Chilpancingo en dos periodos (1996-1999 y 2009-2011) y senador (2000- 2006), resalta que no hizo acuerdos políticos o de impunidad con Aguirre, a quien, dice, no ve desde hace tiempo. Admite que buscará trascender lo que hizo éste, a quien muchos guerrerenses acusan de “corrupción, impunidad y nepotismo”.

–¿Habrá ajuste de cuentas?

–Quien trasgreda las leyes, tendrá que enfrentarlas.

–¿Y en el caso del gobernador sustituto Rogelio Ortega?

–Él se metió en la elección y punto; pero lo más importante es cómo reconstruir Guerrero.

Comentarios

Load More