Y el PRI ganó perdiendo en San Luis Potosí

El objetivo principal del priismo en San Luis Potosí se cumplió: conservar la titularidad del Poder Ejecutivo. Pero es un triunfo que no oculta muchas derrotas: no ganó en la capital del estado, la zona conurbada estará gobernada por políticos de signo muy diferente, no tendrá mayoría en el Congreso y deberá enfrentar el creciente descontento ciudadano por la enorme corrupción de integrantes de ese partido a escala local y nacional. En contraparte, y a diferencia de lo ocurrido a nivel nacional, el PRD recibió un voto de confianza.

SAN LUIS POTOSÍ, SLP.- El PRI apenas pudo retener la gubernatura del estado y perdió el control absoluto del Congreso estatal.

En la capital de la entidad, de hecho, los grandes perdedores fueron los priistas y los panistas, pues ambos amanecieron el lunes 8 con la noticia de que esta urbe será gobernada por el PRD, que les arrebató además dos distritos, gracias al denominado “Efecto Gallardo”.

Ricardo Gallardo Juárez, exalcalde del municipio conurbado de Soledad de Graciano Sánchez –y cuyo hijo Ricardo Gallardo Cardona está preso en el penal federal de Ocampo, acusado de triangular recursos de procedencia ilícita– aguantó la traición de la dirigencia nacional del PRD, que prácticamente “entregó” a su hijo a la PGR:

El perredismo facilitó la captura de Gallardo Cardona –quien acababa de pedir licencia de su encargo como alcalde en Soledad– para demostrar que aplicaba su código de ética, justo cuando ese instituto político era duramente atacado por la presunta participación del alcalde de Iguala (Guerrero), José Luis Abarca, en la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Gallardo Juárez rumió por unas semanas su coraje por la aprehensión de su hijo. Sorpresivamente, reapareció a unos minutos de que venciera el plazo de registro de los candidatos a las alcaldías; se apuntó, y su presencia permitió que el perredismo ganara la capital, mantuviera Soledad, alcanzara tres diputaciones locales y obtuviera una de las dos federales en disputa.

El empresario pollero, al que sus colaboradores describen como un hombre “echado pa’adelante”, que gobierna con programas sociales enfocados en los pobres y elimina favoritismos y prebendas de la clase pudiente, rebasó ampliamente a quien hasta hace dos meses era considerado el favorito, el joven panista Xavier Azuara –quien contendía respaldado por el exgobernador Marcelo de los Santos Fraga, deseoso de recuperar fuerza después de que fuera inhabilitado como funcionario por desfalcos en su sexenio.

Ni siquiera el aspirante a gobernador por el PRD-PT-Conciencia Popular, Fernando Pérez Calolo, consiguió tanto arrastre. Por el contrario, fue claro que los votantes hicieron una distinción entre los sufragios para Gallardo y para Calolo: En la capital, Gallardo rebasó las 100 mil boletas para la alcaldía, y el candidato a gobernador obtuvo la mitad.

Este “Efecto Gallardo” fue además el que le aportó al partido la mayor votación acumulada en la segunda circunscripción federal –a la que pertenece San Luis Potosí.

Y en el Distrito V local, inicialmente atribuido al perredista Luis Enrique Hernández, el conteo final terminó dándole el triunfo al abanderado del PRI-PVEM-Nueva Alianza, Gerardo Serrano, por sólo 32 papeletas.

Mención aparte merece el triunfador en el Distrito VI federal, Xavier Nava Palacios, nieto del doctor Salvador Nava, quien en su primera aparición en la vida política local abanderó con éxito al PRD.

En contraste, el actual diputado local Jaén Castilla Jonguitud, nieto del exgobernador y líder magisterial Carlos Jonguitud Barrios, vivió un sonoro fracaso: Hubo más votos anulados que para el abanderado de Nueva Alianza.

Eso sí, el mosaico político en la entidad se multiplicó. Por sí mismos, el PRI y el PAN gobernarán alrededor de 12 municipios cada uno; los 34 restantes tendrán ayuntamientos encabezados por alianzas entre estos partidos con el PVEM, PT, PRD o Nueva Alianza, o por estas agrupaciones minoritarias en lo individual. Morena ganó en San Nicolás Tolentino.

Los conflictos

San Luis no quedó exento de los conflictos poselectorales. No hubo condiciones para realizar los cómputos en Ciudad Fernández, Tampacán, Ciudad del Maíz, Ébano, Zaragoza y Tamasopo, por lo que los paquetes electorales fueron trasladados a San Luis Potosí, a las instalaciones centrales del Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (Ceepac).

Entre jaloneos, la elección de gobernador se definió con menos de 3% de los votos entre el exsecretario de Educación del estado, Juan Manuel Carreras López (PRI-PVEM-Panal), y la senadora panista Sonia Mendoza Díaz. La victoria de Carreras fue confirmada por el Ceepac la noche del jueves 12.

Todavía el miércoles 11, el presidente del PAN, Gustavo Madero, se apareció en una marcha de apoyo a Sonia Mendoza, en la que sus partidarios hicieron suyo el grito lopezobradorista de “¡Voto por voto, casilla por casilla!”. De nada les sirvió: su partido obtuvo uno de sus peores resultados en la entidad.

Un ejemplo para calibrar la dimensión del derrumbe: todavía en los comicios presidenciales de 2012, la candidata panista Josefina Vázquez Mota ganó en San Luis.

En cambio el jueves, en cuanto el Ceepac ratificó la tendencia en favor del PRI, el presidente estatal de esa agrupación, Joel Ramírez Díaz, dijo que el triunfo de Carreras era “contundente e irreversible”, pues su ventaja es cercana a los 30 mil votos. El priista sumó poco más de 371 mil votos, y Mendoza, 340 mil.

Los retos

A la luz de los resultados –y tras la primera experiencia del nuevo organismo comicial, ahora regido por el Instituto Nacional Electoral– el consejero del Ceepac Martín Faz Mora afirma que desde su perspectiva se lograron conjurar algunos de los riesgos que acechaban la jornada, como una baja participación ciudadana o la violencia.

No obstante, aspectos como la coordinación entre el Ceepac y el INE para capacitar funcionarios de casilla presentaron problemas que deben ser tomados en cuenta.

Lo que definitivamente falló fue el nivel de la competencia. “No sólo por la escasez o la desarticulación de propuestas, sino porque los actores políticos siguen privilegiando la denostación a las ideas, y siguen más atentos a las lagunas de la ley –para hacer proselitismo fuera de los plazos permitidos o propaganda encubierta– que a apegarse a una conducta de mayor decoro o ética”, señala.

A lo largo del proceso Faz Mora se quejó de las campañas negras o la guerra sucia que hubo entre partidos y candidatos. “Tuvimos un aspirante que se pirateó un personaje de caricatura, otro que mandó poner espectaculares a través de terceros para no dejar huella… en fin. Es lamentable que sean los actores políticos los que sigan usando este tipo de prácticas. Le siguen mandando un mensaje a la ciudadanía de que mientras sea redituable violar la ley, pues hay que hacerlo”.

Con todo y lo anterior, ve un saldo positivo e inédito: “Éste es un mensaje de la ciudadanía a los partidos políticos, que tendrán que valorar adecuadamente. Por ejemplo, de confirmarse los resultados oficiales, vamos a tener un gobierno con un Congreso que tiene una mayoría de oposición” –algo muy distinto a la actual legislatura, dominada por el PRI para beneplácito del mandatario Fernando Toranzo.

Además, la irrupción de lo que describió como “esta nueva fuerza manifestada en el PRD (el “gallardismo”) va a traer un Congreso dividido y alcaldías de la zona conurbada con un gobierno distinto” al que se había dado en los años anteriores, cuando sólo había relevos entre PRI y PAN.

¿“Efecto Gallardo”
o acuerdos con el PRI?

Otra perspectiva tiene el abogado Eduardo Martínez Benavente, analista y activista por la transparencia, duro crítico durante los sexenios panistas y priistas debido a la corrupción imperante en todos ellos.

Al revisar los resultados, aprecia “lo que bien pudo ser un acuerdo” entre Gallardo y el PRI para apoyarse en la elección por la capital y por la gubernatura, respectivamente.

“A pesar de todas las referencias negativas que hay sobre Gallardo en Soledad de Graciano, su forma de gobernar y el riesgo que representaba como candidato a alcalde de la capital, el PRI nunca lo atacó; guardó silencio, y hay evidencia de que tampoco apoyó a quien era, de hecho, su candidato, Meme Lozano”, explica.

Por otra parte, a pesar de que la composición del Congreso no le dará al próximo gobernador el control total sobre éste, el abogado no cree que esto signifique un contrapeso efectivo durante los primeros tres años del sexenio.

“La oposición en el Congreso no ha actuado como tal con Toranzo, a pesar de las finanzas quebradas, la corrupción de colaboradores y familiares, la falta de transparencia. Y en la próxima Legislatura va a quedar como líder de la fracción del PRI Fernando Chávez, mano derecha de Toranzo. Para poder gobernar, Carreras tendrá que ser muy benévolo con su antecesor.”

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