El fracaso en “La Traviata”

De sólo 18 años, Marie Duplessis (1824-1847) era la cortesana más deseada y cara de París, una de las mujeres más refinadas de Francia. Alexandre Dumas hijo (1824-1895) protagonizó con ella un tórrido romance. Después de 11 meses de vivir juntos se separan, poco después Marie es víctima de la tisis y él escribe en su memoria La dama de las Camelias.

En esta obra de 1848 mezcla ficción y realidad. En vista del gran éxito, Dumas decide llevar la novela a la escena y la versión se estrena en el Théâtre du Vaudeville de París, a cuya premier asiste Giuseppe Verdi (1813-1901), quien impresionado decide convertirla en ópera.

Nace así La Traviata, su más famosa ópera, que de acuerdo a Operabase es la que más funciones tiene al año en todo el mundo, y que el domingo 7 fue presentada en una nueva producción por la Ópera de Bellas Artes (OBA).

Nunca habíamos sido testigos de un abucheo tan grande y tan merecido como el que recibieron Juliana Faesler y Clarissa Malheiros, responsables de la dirección escénica. Y es que fue, por mucho, el peor trabajo operístico que han presentado. Las incongruencias y desatinos escénicos, de iluminación, escenografía y vestuario se sucedían uno tras otro sin ningún porqué, desde la obertura hasta el momento final.

Por ejemplo: La protagonista (Violeta Valery), vestida de frack en el primer acto, deslucidamente vestida en el resto de la obra, y con muletas cuando se está muriendo de tisis, no de una fractura en la pierna; personajes de los siglos XVII, XVIII y XIX conviviendo juntos quién sabe porqué; y así un interminable etcétera de petardos escénicos que no cabría enumerar en este espacio.

Muy lamentable que la OBA de la nueva era, la de Ramón Vargas, no esté comprometida con la calidad. La bronca estuvo a punto de estallar en el Palacio de Bellas Artes. Salvó la función la música, como siempre. Y el director de orquesta, Srba Dinic, bien en general pero desbocado en el coro de los matadores, a veces medio compás adelantado con respecto al coro. Ya hemos comentado que es la tendencia mundial correr para demostrar virtuosismo, lo malo es que el coro iba un poco atrás. Y las pausas, muy cortas, como si tuviera prisa por terminar la función.

Jesús Suaste interpretó a Germont. Se trata del barítono oficial de la OBA, por lo que está muy sobreexpuesto: no sorprende; nada interesante, no hace algo que valga la pena volver a oírlo, habiendo una decena de gallardos barítonos nacionales mucho mejores.

La Traviata fue María Katzarava, quien literalmente salvó la noche con su actuación llena de verdad escénica y su canto; ésta es la edad justa para cantar ese personaje dificilísimo y lo hace con una solvencia técnica impecable. Arrancó lágrimas al público. El fogoso tenor sonorense Arturo Chacón, más que bien: un canto eficiente y elegante, el personaje le queda como anillo al dedo, fue un gusto oírlo.

Si en ópera la puesta en escena no es medianamente decorosa, todo naufragó.

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