El Partido Verde le robó Chiapas al PRI

Aunque se trata de prácticas priistas, en Chiapas la corrupción, el influyentismo, las concertacesiones, la coacción y la compra del voto benefician ahora al partido en el poder, el PVEM, franquicia que regentea el gobernador Manuel Velasco. Y como buenos alumnos de trapacerías, los “verdes” ya están desplazando a sus antiguos tutores priistas. La división es tal que, rumbo a los comicios locales del próximo 19 de julio, esos partidos no pudieron mantener su alianza en la entidad de sus mayores éxitos electorales.

TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis.- Durante las últimas dos décadas, en cada proceso electoral el PRI tuvo que llevar de la mano al PVEM; ahora el tricolor sólo ve cómo el estado pinta de verde edificios, bulevares, uniformes, estadios, escuelas, sillas… son sus viejas prácticas.

Esa entidad fue el bastión del PRI, sus reservas hacían que ganara la Presidencia. Hoy Chiapas es un estado “verde” luego de que la alianza entre ambos partidos llevó al poder a Manuel Velasco Coello con más de 1 millón 300 mil votos, que tanto presumieron en 2012.

Aliados incondicionales en varios estados, el PRI y el PVEM sostienen en Chiapas una tensa relación que confronta a sus militantes y simpatizantes en cada barrio y colonia de los 122 municipios.

En las elecciones del domingo 7, con sólo 46% de participación ciudadana, cinco candidatos priistas y siete del Verde arrasaron en los 12 distritos electorales.

Por el tricolor va por cuarta vez a San Lázaro Julián Nazar Morales, exsecretario del campo y amigo del titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, con quien coincidió en una legislatura. Después coordinó la campaña de Peña Nieto en el estado. El pasado domingo 7, Nazar Morales ganó el IV distrito sin hacer campaña.

Varios inminentes legisladores federales son conocidos como amigos del gobernador Velasco Coello: Luis Ignacio Avendaño, de Comitán; Diego Valente Valera Fuentes, de Tonalá; Leonardo Rafael Guirao Aguilar, de Chilón; Enrique Zamora Morlet, de Tapachula, así como Sasil Dora Luz de León Villard y Emilio Salazar, por Tuxtla Gutiérrez.

En la lista de diputados plurinominales apareció otro amigo de Velasco Coello: Javier Octavio Herrera Borunda, hijo del exgobernador de Veracruz Fidel Herrera, quien aparece como militante del PVEM. Desde la campaña de Velasco en 2012, Herrera Borunda ya estaba en Chiapas. Durante dos meses y medio figuró como asesor del mandatario chiapaneco.

De 1 millón 447 mil 336 sufragios que obtuvo la alianza bipartidista, 659 mil 166 fueron para el PVEM y 343 mil 795 para el PRI. En su debut electoral, Morena obtuvo 88 mil 237 votos, y de muy lejos lo siguieron el PRD y el PAN.

Con 54% de abstencionismo, más de 84 mil votos nulos y 35 casillas robadas y quemadas en Ocosingo, Huehuetán, Venustiano Carranza, Tuxtla y otros municipios, Chiapas aportó al menos 25% de los votos del PVEM en todo el país.

En los distritos de Ocosingo, Ocozocoautla, San Cristóbal y Comitán, al menos 10 casillas contenían solamente votos para el PRI y el PVEM.

El PVEM ha imitado tanto al PRI que ahora tiene sus propios satélites políticos, los cuales secundan sus acciones y candidaturas. Tal es el papel de partidos nuevos, como los locales Chiapas Unido y Mover a Chiapas, y los comités estatales del PRD y el Panal.

Según Gerardo Coutiño Montes, analista y experto en planeación gubernamental, en Chiapas hubo “carro completo”, bloqueos, robo de urnas, detenidos y cierre prematuro de casillas. Además, dice, la amenaza de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) de boicotear los comicios inhibió el voto.

Señala que el PVEM hizo de Chiapas su reserva de votos nacionales y transgredió todas las leyes electorales posibles sin recibir un castigo ejemplar de las autoridades electorales nacionales.

“Aquí somos presas de los intereses del grupo político en el poder, lo que impide que Chiapas se sume a la dinámica nacional de candidaturas independientes y de voto de castigo. En resumen, ganó el grupo en el poder en turno y perdimos todos los ciudadanos chiapanecos.”

Contaminación electoral

Según Marcela Laguna Morales, coordinadora de la Red de Mujeres Observadoras Electorales, lejos de realizar el derecho a decidir en libertad en Chiapas, las mujeres del campo y las comunidades indígenas que fueron a votar desde temprano se encontraron asediadas por prácticas antidemocráticas que se generalizaron antes y después de la jornada electoral.

“Al menos en el 50% de las casillas encontramos anomalías leves o mayores, pero todas catalogadas como delitos en la Ley General en Materia de Delitos Electorales”, afirmó.

Dicha red observó 28 secciones electorales en los distritos 2, de Bochil; 6, de Tuxtla; 5, de San Cristóbal; 3, de Ocosingo, y 4, de Ocozocuautla. Los municipios observados fueron: Chenalhó, Larráinzar, Zinacantán, San Juan Cancuc, Venustiano Carranza, San Cristóbal de las Casas, Tenejapa, Ocosingo, Berriozábal, Copainalá y Villa de Corzo.

Entre los hallazgos de las observadoras está la restricción tradicional para que las mujeres voten libremente. Por usos y costumbres, deben hacerlo por acuerdo comunitario.

Una de las observadoras indígenas le explicó a Laguna Morales: “Ahora las mujeres votan porque lo tienen que hacer, porque es una obligación; si tu marido está en el PRI, ahí debe estar toda la familia. Como dicen, el jefe de la casa siempre manda, es el que va a las reuniones y todo eso, siempre manda”.

En 90% de las localidades se reportaron delitos electorales, como coacción, amenazas, condicionamiento de programas y servicios públicos, entre otros. No obstante, ya es parte de la política normal en la entidad la entrega de enseres, dinero en efectivo, refrescos, tamales, y la sola promesa de repartir pantallas de plasma, todo ello a cambio de votar y mostrar el pulgar a los encargados de la operación.

A decir de Laguna, hubo operadoras de los programas sociales, principalmente de Prospera, que fungieron como “espías electorales” para que las beneficiarias votaran según indicaciones precisas. No obstante, aclara, hubo ciudadanas que rechazaron la indigna operación fraguada antes y después de la jornada electoral, que en apariencia transcurrió en calma.

Durante las campañas circularon videos y denuncias de que el PRI coaccionó el voto. Esto confrontó a ese partido con el PVEM en municipios como Frontera Comalapa, donde los miembros del Verde quemaron las oficinas del programa federal Prospera porque favorecía al PRI con la entrega de recursos. A la semana siguiente los priistas quemaron bodegas donde se almacenaban cientos de despensas del programa estatal Canasta Básica, al que señalaron de coaccionar el voto para el PVEM.

Asimismo, integrantes de la red de observadoras reportaron que, en algunos lugares, hombres con camisas azules o a rayas azules, sin símbolos de partidos, solicitaron la credencial de los votantes y se sentaron cerca o en la misma mesa que los funcionarios de casilla, sin serlo.

Un día antes de la jornada electoral, Rubén Zuarth, coordinador del programa Prospera en Chiapas y suplente del dirigente estatal del PRI, Roberto Albores Gleason, fue removido de ese cargo y premiado con la delegación estatal de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol). El hasta entonces delegado y amigo del gobernador Velasco, Eduardo Zenteno, dejó ese cargo y ya es diputado federal del PVEM en la lista plurinominal por la tercera circunscripción.

Los enroques entre estos partidos en el aparato de gobierno estatal empezaron antes de los comicios. Durante los primeros años de su gobierno, Velasco Coello mantuvo en la Secretaría General de Gobierno a su amigo de la infancia Eduardo Ramírez Aguilar, que previo a la elecciones federales del domingo 7 y rumbo a las locales del 19 de julio (para elegir a 122 alcaldes y 41 diputados locales) recorría el estado levantando la mano a los posibles candidatos del PVEM.

Esto molestó tanto a los priistas que pidieron la intervención de su dirigente nacional, César Camacho Quiroz, quien notificó al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Éste mandó llamar a Velasco Coello, a su secretario de gobierno –Ramírez Aguilar– y al líder estatal del PVEM, Fernando Castellanos.

Velasco Coello regresó de Bucareli sin su secretario de Gobierno; ese puesto lo ocupaba el priista Juan Carlos Gómez Aranda, exdiputado federal y exintegrante de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), creada tras el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994.

Ramírez Aguilar asumió el control del PVEM chiapaneco, donde sustituyó a Castellanos, quien a su vez fue postulado a alcalde de Tuxtla Gutiérrez.

Aunque los dos partidos en el poder intentaron unirse nuevamente para los comicios locales del 19 de julio, la alianza cupular no aterrizó del todo. Sólo se coligaron en dos de 122 municipios: en Tuxtla el PRI respaldó al candidato del Verde Fernando Castellanos, a cambio de que el PVEM apoyara en Tapachula al priista Nefthalí del Toro.

A Castellanos se le recuerda porque en julio de 2009 se echó la culpa de llevar 1 millón 100 pesos en una maleta Luis Vuitton, que en realidad portaba el entonces senador del PVEM Arturo Escobar. La Policía Federal sólo consignó ante la PGR a Castellanos e inició la averiguación previa PGR/CHIS/TGZ-IV/292/2009.

En cuanto a los 24 distritos electorales, sólo en el 1 ambos partidos acordaron lanzar a Willy Ochoa para diputado local, a cambio de que no le disputara a Castellanos la candidatura a la alcaldía tuxtleca.

Disputa adelantada

El líder estatal del PVEM, Eduardo Ramírez Aguilar, y el del PRI, Roberto Albores Gleason, extendieron a toda la entidad la disputa política que se originó en la región fronteriza de Comitán, de donde ambos son originarios y en la cual el PVEM casi hace desaparecer al PRI.

Ambos dirigentes construyen su candidatura para la sucesión de gobernador en 2018. A la misma aspira el senador Luis Armando Melgar, también ejecutivo del Grupo Azteca, de Ricardo Salinas Pliego. Melgar representa en el estado los intereses del magnate, que llegó a Chiapas en el sexenio de Juan Sabines Guerrero para establecer varios negocios, como lo documentó el reportero Jenaro Villamil en su reportaje TV Azteca se apodera de Chiapas, publicado por este semanario el 29 de noviembre de 2012.

Ahí se reporta que Salinas Pliego construyó en Arriaga un parque eólico que cuenta con 16 aerogeneradores de 1.8 megawatts cada uno, con una altura aproximada de 130 metros y un diámetro de 90 metros en sus palas, dimensiones equivalentes a las de edificios de 25 pisos.

Además, el empresario obtuvo al menos seis concesiones para explotar la minería en los municipios de Acapetahua y Pijijiapan, donde esa actividad pone en peligro el delicado ecosistema de los manglares. Una de las minas, Gi Palo Seco Sapi, S.A. de C.V., extrae magnetita del municipio de Tapachula.

En el estado crecieron también la Fundación Azteca, la televisora Azteca Chiapas, el Banco Azteca y otras, cuyas oficinas centrales en la entidad ocupan al menos dos pisos de la Torre Chiapas.

El lunes 15, el empresario chiapaneco Rómulo Farrera Escudero, dueño de inmobiliarias, agencias automotrices y hoteles en siete estados del sureste y del centro del país, sorprendió al anunciar su retiro de sus negocios para incursionar en la política rumbo a 2018.

No descartó buscar la gubernatura, pero aclaró que lo haría como candidato independiente, siguiendo los pasos del Bronco en Nuevo León.

Mientras Farrera Escudero aguantaba el golpeteo mediático, el gobernador escribió en las redes sociales: “Así como Jaime Rodríguez El Bronco participó como ciudadano sin partido por la gubernatura de Nuevo León, en Chiapas el empresario sin partido Rómulo Farrera ha expresado abiertamente sus aspiraciones políticas. Ante el desgaste de los partidos, bienvenidas las candidaturas independientes”.

No obstante, todo indica que Velasco Coello, quien alguna vez se autodescartó como presidenciable para 2018, prefiere seguir los pasos del presidente Enrique Peña Nieto y cobijarse con la cercanía de las televisoras, como lo muestra su apoyo a TV Azteca y su reciente boda con la estrella de Televisa Anahí.

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