López Beltrán y la recreación del mensaje científico

Viajero del tiempo entre los océanos de la biología y de la literatura universal, el poeta y filósofo de la ciencia Carlos López Beltrán (Minatitlán, Veracruz, julio de 1957) retrata sus experiencias de vida en la compilación de 14 ensayos acompañados de igual número de imágenes: El material de los sueños (Fractal/Conaculta, 219 páginas).

Investigador titular de la UNAM desde 1992, López Beltrán apunta en el Preludio del volumen recién publicado:

“Casi todos los textos de esta colección deben su materialización a generosas invitaciones o provocaciones de espléndidos editores. Por lo mismo han aparecido en versiones previas y publicaciones para las que fueron solicitados… Otros aparecieron en los catálogos o libros para los que se escribieron.”

Autor del poemario Hembras desarboladas y otros hombres fuera de lugar (ESN-Claustro de Sor Juana, 2014), La Generación del Cordero. Antología de la poesía actual en las Islas Británicas (con Pedro Serrano, LOM, 2011), Genes (&) Mestizos. Genómica y raza en la biomedicina en México (Ficticia UNAM, 2011), y artículos en el Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia como “La creatividad en la divulgación de la ciencia. La recreación del mensaje científico” (Revista Naturaleza, 5/83), el también biólogo dice a Proceso:

“El material de los años es una compilación de escritos que fui haciendo, el más antiguo es de principios de los ochenta y el más nuevo lo escribí el año pasado; pero todos los escribí con motivaciones diferentes. Unos por invitaciones y otros me fueron rondando, hasta que los redacté. De una u otra manera incorporaba recuerdos, experiencias, como que me ponía yo en el centro o en algún lugar del texto, entonces me pareció natural juntarlos después de tantos años.”

Tres de ellos “se amarran a experiencias históricas excepcionales, léase desastres”: el sismo del 19 de septiembre de 1985; el atentado a las Torres Gemelas del World Trade Center en Manhattan el 11 de septiembre de 2001, y “la Gran Tormenta de 1987”. El primer texto, “Viento en la Gran Bretaña” es sobre su llegada a Inglaterra.

“Es del 87 porque hay otro texto que es ‘Gardenia 35’ sobre toda la experiencia del sismo; de hecho, este es el último que escribí pero lo tuve mucho tiempo guardado. Trata sobre la experiencia del sismo en aquel edificio de El Buen Tono en la colonia Juárez, que aparece en la foto de la portada del libro El material de los años, es una imagen de la calle Gardenia, yo viví allí en la época del temblor; cuenta mi relación con ese edificio donde vivieron mis abuelos, me tocó vivir un tiempo allí y fue donde me pescó el temblor.

“Digamos que por un lado es la relación física con el edificio, muy íntima porque allí pasé parte de mi niñez, y por haber experimentado allí ese temblor del 1985, que fue también una experiencia física muy profunda que se me quedó grabada en el inconsciente. Treinta años después la pude reescribir porque había intentado escribirla antes, pero no me había salido.”

En el libro, López Beltrán explica:

“No estoy haciendo historia, ni periodismo, ni crónica, sino apenas el relato de las reacciones de un animal humano en situaciones bárbaras que lo superan.”

El tercer ensayo se llama “Cosoleacaque”.

“Es ese pueblo vecino al pueblo donde yo vivía y estaba ese complejo industrial petroquímico donde trabajaba mi padre, yo de niño tenía como que toda una visión de aquello. Me fue marcando la experiencia con el trabajo, con la comunidad y luego, bueno, es un pueblo rodeado de agua…”

–Sorprende cómo se maneja entre dos aguas u océanos literarios de la ciencia y de las letras universales. De Ted Hughes, Philip Larkin o Coleridge y otros autores importantes de la literatura mundial, a citas de científicos; Darwin, Maxwell, Galileo…

–Es algo que empecé a hacer muy pronto pues estudié biología y filosofía de las ciencias, pero luego tuve muy buena escuela con el doctor Luis Estrada en el Centro de Comunicación de la Ciencia, allí aprendí el oficio de escribir para públicos generales. Al mismo tiempo, estudié literatura y conviví con mucha gente de letras, entonces fue algo que me pareció natural, motivado también por la gente del medio que rodeaba al doctor Estrada: usar el conocimiento científico del mismo modo como se usa el conocimiento literario, cultural, musical, artístico. Traté de trasladarlo al espacio común…

“Esto era muy raro hace algunas décadas, ahora hay más chavos y escritoras que hacen estas cosas. Así que es bastante plausible poner a dialogar ambos ámbitos, ambas aguas del conocimiento científico y de las letras.”

–Este navegar entre dos aguas que son la ciencia y las letras universales a través de esta compilación de textos, ¿no lo aleja del público?

–Sí, ¡me aleja hasta de mi esposa! (Mónica Benítez Dávila). No, no es cierto… A ver, ¿por qué escribo? No me resulta fácil contestarlo. Mucho de lo que escribo día a día es mi labor cotidiana, hacer reportes científicos, tengo que escribir algunos artículos académicos, cosas así…

“¿Por qué escribo textos que son más literarios? Esto es más difícil de responder, pero una manera de hacerlo es decir que desde muy pequeño tuve siempre la preocupación casi obsesiva de entender qué podrían ser las palabras para intermediar mi relación con lo que vivía, con las cosas que veía y me pasaban, ¿sí? La poesía hizo darme cuenta de que las palabras podían hacer cosas raras, más ricas y más potentes, como de pronto fijar o capturar y establecer relaciones con mis experiencias. No sólo de referirlas o de acomodarlas sino evocarlas, conjurarlas, transformarlas.”

Si al cambio de siglo Carlos López Beltrán simpatizaba con los organismos transgénicos modificados, hoy lo piensa dos veces:

“Soy definitivamente más crítico a la libertad de investigación científica. En estos últimos años me he estado metiendo al mundo de la genómica, luego poseo una actitud mucho más crítica y sobre todo de prevención y de cuidado en torno a los organismos transgénicos modificados.”

El material de los sueños fue presentado el martes 16 de junio en el Foro del Tejedor de la Cafrebería El Péndulo, por Carmen Leñero y Salvador Gallardo Cabrera, director de Plataforma Iceberg (ver desencuadernado.blogspot.mx).  

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