“Crónicas y relatos de México”

Canal Once del Instituto Politécnico Nacional produjo en 2014 el 70% de sus materiales.  Esa proporción bajará en 2015 para situarse en más de la mitad, 60%. Se trata de creaciones propias y coelaboradas. En números, las realizaciones se dividen en 32 horas de noticias, 252 emisiones de 2 horas y 193 de treinta minutos a la semana.

Salvo en el período en que Fernando Sariñana fue director, la política del canal buscó que las obras propias predominaran sobre lo adquirido, con lo cual pronto se llegó al 40, 50, 60% del tiempo-aire destinado a series, documentales, mesas redondas de factura doméstica. La temática fue variando aunque lo mexicano siempre prevaleció ante compendios de otras nacionalidades.

Crónicas y relatos de México es una de esas series, que va ya por su tercera temporada. Conduce Ángeles González Gamio. Recorremos con su guía antiguos palacios, casonas, instituciones, haciendas. Da a conocer las características arquitectónicas, los cambios debidos a la época, nombres y fama de los constructores. Entreverada en su plática aparecen los datos de los propietarios originales, de algunos de sus descendientes o bien acerca del sucesivo cambio de dueños hasta llegar a la actualidad. Anécdotas, mitos, costumbres de los moradores aderezan la crónica; alguno que otro invitado agrega informaciones. La historiadora es también autora del guión. Por ello improvisa frente a cámaras sin trastabillar.

El programa recupera una imagen de la Ciudad de México que sus habitantes hemos perdido gracias al ajetreo cotidiano, al tránsito que nos agobia, las destrucciones múltiples de edificios y zonas enteras. La pantalla nos devuelve esos monumentos y parajes, calles, avenidas, parques que hacen de esta capital –como se dice en la emisión– una de las “más grandes, complejas y hermosas del mundo”. Lástima que ese rescate no sea a la vez ariete para que las autoridades dejen de dar permisos de demolición sin atender a reparos estéticos, tradicionales, históricos, de calidad de vida.  Pareciera que el siglo XX no dejó ningún barrio o construcción que valiera la pena conservar intactos.

Mérito a destacar de Crónicas y relatos de México es la fotografía. Los camarógrafos no solamente persiguen con el lente los señalamientos de la conductora a portadas, adornos, columnas y detalles múltiples, sino que van acompañando su caminar en tomas largas. Éstas proporcionan una perspectiva del entorno.

Aparecen los palacios de Chapultepec, de los condes de Calimaya, de Iturbide, de los Azulejos, la antigua hacienda Molino de Flores (hoy Escuela de Chapingo), las ruinas en Texcoco conocidas como Los baños de Netzahualcóyotl. También el recorrido urbano o rural para llegar a ellas. El encuadre de la apertura y cierre del programa resulta un cuadro de bella composición.  

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