“Giselle”, con música grabada…

Giselle conjunta hábilmente la danza clásica, el divertimento campesino y la pantomima. La partitura entera está estructurada usando el recurso del leit-motiv sobre el tema de los vendimiadores, la escena de amor, la de las temibles Willis y la cacería. Todo ello constituye un legado estético, del cual derivan, de algún modo, todos los avances que la danza escénica ha logrado desde hace 150 años.

El ballet materializa el ideal coreográfico de Pushkin: el vuelo del alma mediante la danza.

La temporada 2015 de esta obra presentada por  la Compañía Nacional de Danza de México, estuvo marcada por el debut como primer bailarín del joven y virtuoso Argenis Montalvo, quien encarnó al príncipe Albrecht en el primero de los dos elencos, los cuales no figuran en los programas de mano y tienen que ser leídos antes de cada función por el sonido local. Su inclusión en la cima jerárquica de la compañía marca una nueva época para ésta. Hasta ahora, sólo el cubano Erick Rodríguez ostentaba tal título.

Argenis dio una función memorable por su limpieza técnica y una interpretación cuidada hasta el menor detalle. Aunque la tradición del ballet romántico obliga al bailarín a ser casi un simple comparsa, Montalvo supo brillar en la ejecución con elegancia, apostura y nobleza para permitir el lucimiento de su partner,  Mayuko Nihei, en el rol de Giselle. El primer acto fue una deliciosa introducción a las facultades del joven artista que desplegó toda su destreza en el segundo.

Mayuko, como nos tiene acostumbrados, mostró su portentosa técnica, aunque el rol de la joven apasionada, que ama más allá de la muerte, requiere no sólo de técnica sino de madurez escénica, dominio del histrionismo y, por qué no decirlo, una experiencia vital que permita interpretar el difícil papel con un bagage personal. La fragilidad de Mayuko encaja mejor en el segundo acto, que requiere de más sutileza; quizá esta fragilidad es perfecta para bailar de manera inmaterial, como si estuviera liberada de la ley de gravedad, efecto que logró por primera vez la Taglioni en 1822, en Viena, 19 años antes del estreno de Giselle.

Argenis fue un Albrecht apasionado en el segundo acto. Bailar con un espíritu requiere no sólo de delicadeza y precisión sino de temple y más nobleza aún que en el primer acto. Cuando el espectro de Giselle parece deslizarse en el aire, Argenis no pierde piso y continúa siendo un admirable soporte para la etérea joven que recorre el escenario en una frenética lucha por  salvar a su amado de la furia de las Willis y su reina implacable. Me parece que esta interpretación de Albrecht ha sido un buen debut del prometedor Argenis Montalvo.

El segundo elenco estuvo compuesto por Blanca Ríos y Erick Rodríguez. Su segundo acto  resultó mágico.

Lástima que en esta versión de Giselle, la tumba de la cual ella emerge, esté colocada a la izquierda del escenario, entre piernas, casi invisible a la mitad del público, y no la ubiquen al frente, delante del ciclorama, lo cual permitiría presenciar la desgarradora escena de la joven hundiéndose en la sepultura, mientras su amado príncipe la llora abrazando al espectro que se diluye en el espacio.

Sólo resta acotar que la grabación que la CND utiliza para el ballet Giselle es muy vieja ya y tiene pasajes muy mal registrados, por ahí algún corno desafinado, y esta temporada no hubo orquesta en vivo. La CND es nuestra máxima formación coreográfica en el país y se merece no sólo los mejores bailarines, coreógrafos y maestros, sino también la mejor música, grabada o en vivo. El público lo merece también.

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