Guadalajara a la distancia

Es habitual que fuera de Jalisco los tapatíos encuentren en los medios muy pocas noticias relacionadas con su tierra. Y cuando se da el caso de ello, por lo común se trata de sucesos que tienen que ver con el mundo del hampa, como ocurrió con la reciente aprehensión del hijo de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación. Es obvio que las autoridades federales hubieran querido que el capturado hubiese sido este último (a quien apodan El Mencho y figura como el capo más buscado del país) y no su retoño, al que la Procuraduría General de la República le ha vuelto a hacer las mismas acusaciones por las que meses atrás no pudo ser retenido en prisión, y esto porque, según el criterio de un juez federal, la PGR no pudo aportar las pruebas suficientes.

Fuera de este caso, en un par de diarios capitalinos se dio cuenta del “amplio programa de actividades culturales” que, se asegura, mostrará el Reino Unido dentro de la FIL de este año, cuando dicha nación habrá de figurar como el país “invitado de honor”. Pero a pesar de que, según sus organizadores, la muestra editorial pretende presentar la “vasta riqueza” de la cultura británica, los nombres de escritores y artistas anunciados –la mayoría de ellos de apenas medio pelo– garantiza más bien lo contrario, pues no figura por ningún lado por lo menos alguno de los grandes autores vivos de las letras inglesas (Naipul, Stoppard, Rushdie, Ishiguro…) ni tampoco alguna de las grandes instituciones de la cultura británica (la Royal Shakespeare Company, la BBC de Londres, el Covent Garden, la London Symphony, el Old Vic, el Young Vic, la Tate Galery…).

Dicho de otro modo y mal que les pese a los organizadores de la FIL, ésta no va a traer para su zafra 2015 nada que esté a la altura, por ejemplo, de la exposición de Paisajistas británicos y de la orquesta londinense Saint Martin in the Fields, con Joshua Bell, que en fechas recientes se presentaron en la Ciudad de México, en el Munal y en el Palacio de Bellas Artes, respectivamente. A partir de lo anterior, cabe preguntarse por la pretendida “riqueza cultural británica” de que hablan los jeques de la FIL.

A propósito del Palacio de Bellas Artes, en su programación de este mes de julio se anuncia, para el próximo día 12, la presentación de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) con motivo de los presuntos “100 años de tradición sinfónica” en Guadalajara. Por cierto, y como dato curioso, hasta los últimos días del mes pasado y a escasas dos semanas de la presentación de la sinfónica tapatía, las taquillas de dicho recinto no habían reportado la venta de un solo boleto para ese concierto conmemorativo, el cual será dirigido por el titular de la OFJ, Marco Parisotto. Vale decir que las autoridades de esta orquesta han venido cacareando a los cuatro vientos este y otros presuntos huevos filarmónicos, entre los que estaría el presunto “buen momento” por el que estaría pasando la agrupación, la gira que ésta tiene planeada por algunos países del extranjero y, entre otras cosas, la grabación de un disco, absurdamente con piezas de Tchaikovsky, uno de los compositores más grabados de la historia, y no con obras de autores clásicos de la música mexicana, muchos de los cuales sólo han sido grabados parcialmente.

A decir verdad, de varios meses para acá la OFJ ha venido padeciendo una serie de situaciones paradójicas: la existencia de un patronato que no patrocina casi nada; el hecho de que quienes regentean a la orquesta la presuman como un ensamble de una “alta calidad” que está muy lejos de haber alcanzado, y una realidad inocultable y que es mucho más grave todavía: su director Marco Parisotto ha terminado convirtiéndose en un agente de división y aun de discordia entre los músicos que integran la orquesta, y ello con el consentimiento, por no decir que con la complicidad, de Myriam Vachez, titular de la Secretaría de Cultura de Jalisco (SCJ), dependencia a la cual está inscrita oficialmente la sinfónica tapatía.

Esto último ha sido así porque la funcionaria de marras le ha dado manos libres a Parisotto para que actúe a sus anchas y aun más allá de su área de responsabilidad. De esta manera, el susodicho no sólo se encarga de la programación de la orquesta, sino que también elige, a su gusto y a partir de sus intereses personales, a los solistas y directores huéspedes, entre los que, por cierto, muy poco han figurado músicos mexicanos, pues la gran mayoría de ellos han sido extranjeros de medio pelo, cuyo mayor mérito es ser amigos o haber sido colaboradores de Parisotto. Basta con hacer un poco de memoria y preguntarse cuánto hace que un director mexicano no se sube al podio de la OFJ. Sólo en la época de Parisotto esos directores huéspedes se pueden contar con los dedos de una mano y sobra la mayoría de dedos, pues Enrique Bátiz, Sergio Cárdenas, Francisco Savín y Arturo Dimecke –todos ellos, por cierto, mejores directores que Parisotto– han sido ninguneados por el actual mandamás de la OFJ.

Pero la cosa no ha quedado ahí, pues a Parisotto también se le ha permitido intervenir como autoridad decisoria en asuntos administrativos y hasta laborales, áreas en las que igualmente ha actuado de manera facciosa, abusiva y muy poco sensata, hasta el punto de haberse convertido en una suerte de tiranuelo. A tal extremo de descaro han llegado las cosas que incorporó a su propia esposa a la nómina de la OFJ para que se hiciera cargo de tareas administrativas, en un caso flagrante e impune de nepotismo. Y aún hay algo todavía más grave: nunca como ahora se había tenido un número tan crecido de plazas vacantes en la orquesta (más de 20, lo que equivale a la tercera parte del total), vacantes que el mandamás del conjunto ha tratado de suplir con músicos invitados, buena parte de ellos extranjeros, ligados al propio Parisotto. Lejos de procurar que esas plazas vacantes sean ocupadas –lanzando para ello una convocatoria pública y abriendo un periodo de audiciones– el tiranuelo se ha hecho pato, dilapidando el presupuesto de la OFJ con la contratación habitual de instrumentistas invitados, a quienes, aparte de pagarles sus honorarios correspondientes, también se les cubre todo lo relativo a gastos de transportación aérea desde su lugar de origen, hospedaje, alimentación, etcétera.

Vale decir que el número de músicos invitados ha venido siendo notablemente mayor al de las plazas vacantes, porque Parisotto ha marginado a varios de sus atrilistas de base; a algunos de ellos porque ya habrían llegado –o estarían a punto de llegar– a la etapa de jubilación, pero a la mayoría porque, según el criterio del tiranuelo, no tienen el nivel de calidad que él exige para la orquesta.

El presunto argumento de que desde la llegada de Parisotto la OFJ suena mejor no pasa de ser un espejismo. En primer lugar porque, aunque sea parcialmente, la que regentea Parisotto no es una sinfónica tapatía, sino un conjunto orquestal variopinto, integrado por un número creciente de músicos flotantes. O dicho de otra manera, si se invita a una treintena de músicos de las sinfónicas de Ontario, del Estado de México y hasta de la Orquesta Sinaloa de las Artes para formar parte de manera transitoria de la OFJ, eventualmente tal conjunto podría sonar mejor, aun cuando en sentido estricto no puede ser presumida como una orquesta de Jalisco sino, en el mejor de los casos, como la semi Filarmónica de Jalisco.

En conclusión, el tiranuelo de la OFJ les está saliendo demasiado costoso a los melómanos de la comarca y, administrativa y financieramente a la SCJ, dependencia que hasta ahora, con el consentimiento y limitaciones de la titular de esa dependencia, madame Vachez, obsequiosamente se ha prestado para consecuentar los planes y proyectos, pero sobre todo los caprichos y ocurrencias de un director sobrevaluado, como es el caso de Marco Parisotto.

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