Los kurdos, a la ofensiva

Ni estadunidenses ni europeos. Los kurdos se revelaron como las fuerzas más efectivas para enfrentar a los terroristas del Ejército Islámico. No sólo los lograron frenar en Siria, sino que su contraataque ya permitió liberar dos importantes localidades –cercanísimas a Turquía; es decir, a un paso de Europa. La colaboración internacional funcionó para pertrechar a las Unidades de Protección Popular, más allá de su trasfondo marxista y vínculos con organizaciones extremistas. La guerra, sin embargo, dista mucho del fin. Los yihadistas siguen siendo muy fuertes, y los kurdos deben enfrentar incluso los resquemores étnicos que su avance desata.

ESTAMBUL.- El Estado Islámico (EI) encontró en las milicias kurdas a su enemigo más letal.

De hecho, estos combatientes (agrupados en las llamadas Unidades de Protección Popular, YPG) replegaron a las fuerzas del EI (grupo yihadista que con base en el terror controla buena parte de territorio de Siria e Irak y cuenta con el apoyo de grupos radicales en el norte de África, el sureste asiático y el Cáucaso) hasta la “capital” de su autoproclamado califato: la ciudad de Raqqa.

La batalla de Kobane fue el punto de inflexión en el frente septentrional de la guerra en Siria. Esta localidad kurda, a escasos metros de la frontera con Turquía, fue asediada por el EI en septiembre pasado. Después de cuatro meses de combates, los kurdos lograron la victoria.

“En Kobane, el Daesh (nombre en árabe del EI) cometió un grave error: creer que podía acabar con gente que luchaba por su tierra y por su vida”, explica a Proceso el viceministro de Exteriores del cantón de Kobane, Idris Nassan. “Trajeron a Kobane sus mejores armas y sus mejores combatientes, y los perdieron frente a las YPG”, afirma.

La numantina resistencia granjeó a los kurdos simpatías en todo el mundo. De hecho, Washington, que veía con recelo a las YPG debido a los lazos de ésta con el grupo armado kurdo-turco PKK –incluido en la lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos–, les proporciona cobertura aérea indispensable para romper el cerco yihadista.

“La coalición internacional contra EI (que lidera Washington) sólo tiene poder aéreo. Sus tropas sobre el terreno son ahora los kurdos, porque se ha visto que son la única fuerza que puede combatir al EI, ya que es la más disciplinada. El propio Departamento de Estado de Estados Unidos reconoce que es una fuerza fiable”, sostiene en entrevista Mutlu Çiviroglu, analista kurdo asentado en Washington.

Explica: “Muchos de los comandantes de las YPG son veteranos combatientes del PKK, muy respetados y con experiencia de lucha en Siria, Irak y Turquía”.

El hecho de que las raíces de las YPG se hundan en el marxismo tampoco obstaculizó la ayuda estadunidense, que ve a esta organización –compuesta por unos 25 mil milicianos– como una de las pocas fuerzas de combate que, en la guerra de Siria, apuestan por un sistema democrático y alejado del fanatismo religioso.

“La guerra no está siendo fácil, pero los bombardeos de la coalición están ayudando mucho sobre el terreno”, asienta, desde Siria, el portavoz de las YPG, Redur Xelil, en entrevista telefónica.

Sostiene que la cooperación entre el ejército estadunidense y las milicias kurdas es “excelente”, ya que el primero provee a los segundos de aparatos de comunicación que permiten señalar las posiciones de los yihadistas. Con base en éstas, el Pentágono ordena los bombardeos aéreos.

Esta cooperación es una de las razones por las que, en los últimos meses, los kurdos arrebataron al EI gran parte del territorio que controlaba en Siria. De hecho, los kurdos ya establecieron una franja de territorio “liberado” de 400 kilómetros de largo y 50 de ancho al sur de la frontera con Turquía, uniendo Kobane y Yazira, dos de los tres cantones autónomos establecidos por los kurdos en el norte sirio (el tercero es Afrin, en la esquina noroeste del país). Con esto garantizaron el abasto de material bélico desde el norte de Irak.

La caída de Tel Abyad

La mayor victoria para los kurdos fue la captura de Tel Abyad, otra ciudad siria fronteriza con Turquía que se había convertido en la principal puerta de comunicación con el mundo exterior para el EI. Por esta localidad, prácticamente pegada a su vecina turca Akçakale, penetraban en el Califato los aprendices de yihadistas llegados desde Europa, así como las armas y todo tipo de provisiones.

De hecho, tras la caída de Tel Abyad el 15 de junio, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, una asociación con amplios contactos sobre el terreno, informó de un “dramático incremento” de los precios de los alimentos básicos en la ciudad de Raqqa, debido a la mayor dificultad del suministro.

A la conquista de Tel Abyad siguió una ofensiva hacia el sur que llevó a los kurdos a apoderarse de la localidad de Ayn Issa y la cercana base militar de la Brigada 93, bajo control yihadista desde hace meses.

Çiviroglu considera “muy importante” este avance, puesto que Ayn Issa “se encuentra en un cruce de caminos”, formado por la carretera que comunica Tel Abyad con Raqqa y la autopista que une Alepo, la segunda mayor ciudad siria, con Hasaka, ubicada en el este. “Además, está rodeada de colinas que permiten fortificar su defensa”, apunta.

Esta victoria y los combates de los días siguientes situaron a los kurdos a apenas 50 kilómetros de Raqqa. Sin muchos obstáculos entre las posiciones de las YPG y la capital del EI, los yihadistas comenzaron a excavar trincheras en torno a la ciudad. Además ordenaron la expulsión de la exigua población kurda de Raqqa y las aldeas colindantes –de mayoría árabe– por miedo a que actúen como quinta columnistas.

Sin embargo, las posibilidades de un ataque a la capital yihadista son aún inciertas. Redur Xelil se niega a confirmar posibles nuevos objetivos y afirma que las YPG prefieren “asegurar” el territorio conquistado.­

“El terreno que ahora mantienen las YPG es grande e incluye lo que antes eran importantes bastiones del EI. Por tanto es más difícil de controlar. De ahí que sea difícil pensar que vayan a atacar Raqqa, a menos que Occidente les provea de armas pesadas y vehículos de combate, pero esto no parece que vaya a ocurrir de inmediato”, señala Çiviroglu.

Junto con las YPG combaten algunas brigadas que antes pertenecían al Ejército Sirio Libre –considerado como “rebelde moderado”– y que se configuraron en un mando de operaciones denominado Burkan al Firat (Volcán del Éufrates). Su principal misión es liberar la provincia de Raqqa del yugo yihadista.

“Cuando ellos nos ayudaron a liberar Kobane, insistían en que su objetivo último es Raqqa, porque la mayoría de ellos procede de allá –explica el viceministro Nassan–. Así que depende de ellos. Yo creo que más tarde o más temprano se darán pasos para tomar Raqqa, porque mientras el Estado Islámico siga en Siria, será un peligro para todos.”

El problema es que grupos como Burkan al Firat carecen de la fuerza suficiente para tomar una ciudad fuertemente defendida, por lo que otra de las opciones que se barajan es que las YPG kurdas prosigan su ofensiva atravesando el Éufrates en dirección oeste para tomar Yarablus, otra localidad fronteriza en manos del EI.

Para ello Nassan considera que deben cumplirse varias condiciones: el apoyo de la coalición internacional, mayor colaboración con grupos locales y una petición expresa de las tribus árabes de esa zona.

Y es que la demografía juega un papel primordial en este frente del norte de Siria, una zona donde conviven árabes, kurdos, cristianos asirios y turcomanos.

“Si los kurdos avanzan en tierras árabes (como Raqqa y Yarablus), habrá problemas”, sostiene en entrevista telefónica desde Siria el especialista Joshua Landis, profesor de la Universidad de Oklahoma y exresidente en el país árabe. “El dilema de atacar Raqqa es que al Comando Central del Ejército de Estados Unidos le gustaría que lo hiciesen los kurdos, porque para ellos son los más disciplinados y fiables. Pero los kurdos no quieren porque para mantener lo que han conquistado deben mejorar las relaciones con sus vecinos árabes, que ya están enfadados con ellos por la toma de Tel Abyad, donde los kurdos no son mayoría”.

Al entrar las YPG en Tel Abyad el pasado 15 de junio, más de 20 mil personas –la mayoría árabes y turcomanos– huyeron a Turquía. La razón: temían una venganza kurda, pues hace dos años la minoría kurda de la ciudad había sido brutalmente expulsada de la zona por parte de los grupos rebeldes islamistas. De hecho, el gobierno turco y organizaciones como Human Rights Watch han criticado lo que consideran intentos de “limpieza étnica” de los kurdos en el norte de Siria, modificando la demografía para garantizar su control, algo que las YPG desmienten categóricamente.­

“Por todo ello, si los kurdos solos atacan Raqqa, que es una ciudad árabe, habrá un conflicto kurdo-árabe –prosigue Landis–. De ahí que la estrategia de Estados Unidos de utilizar a los kurdos contra el EI podría estar llegando a sus límites.”

“Operación venganza”

Aunque su propia sed de poder se vea amenazada, el EI es un enemigo que dista mucho de darse por vencido. En la madrugada del 25 de junio, unos 70 militantes del EI se infiltraron en la urbe kurda de Kobane, camuflados con uniformes de las YPG y el Ejército Sirio Libre. Tomaron varios edificios y asesinaron a numerosos civiles.

Los analistas coincidieron: Se trató de una “operación de venganza” por los recientes avances kurdos, ya que militarmente les resultaba imposible conquistar la ciudad. Las milicias kurdas tardaron dos días en acabar con los yihadistas atrincherados y, al finalizar la operación, el saldo fue estremecedor: más de 231 civiles muertos, en su mayoría ejecutados a sangre fría, en lo que el Observatorio Sirio de Derechos Humanos considera “la segunda mayor masacre” de civiles perpetrada por el EI.

Al mismo tiempo, el EI lanzó una potente ofensiva contra Hasaka, una ciudad del noroeste de Siria controlada a medias por el régimen de Bashar al Asad y por los kurdos, y logró conquistar varios barrios, provocando la huida de decenas de miles de personas, según la ONU.

Igualmente, el EI reforzó los ataques sobre el área de Azaz (noreste) para intentar tomar el estratégico paso fronterizo de Bab al Salame, hasta ahora controlado por una coalición de grupos rebeldes –moderados e islamistas radicales– a la que apoyan Turquía, Arabia Saudita y Qatar, pese a que entre las organizaciones involucradas se halla el Frente al Nusra, filial de Al Qaeda.

“Los ataques sincronizados del EI en el norte de Siria son parte de una campaña para contener a sus oponentes en el área y establecer las condiciones de un futuro avance”, además de “desviar la presión sobre Raqqa”, describe en un análisis el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés), con sede en Washington. “Los ataques demuestran que el EI posee suficiente capacidad de adaptación como para absorber pérdidas en el norte de Siria sin perder por ello la capacidad de seguir conduciendo operaciones militares”, afirma.

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