Los privilegios de “El Chapo” Guzmán

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La estancia de Joaquín El Chapo Guzmán en el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) número 1, el Altiplano, fue breve, pero estuvo llena de privilegios. No se sabe que –como cuando estuvo en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco– haya organizado fiestas, llevado grupos musicales o haya tenido opíparas cenas de Navidad con su familia, pero sí tenía prebendas que ningún otro reo podía comprar.

Desde su llegada –aunque portaba el mismo uniforme color caqui que los demás, el suyo con el número 3578–, para todos fue “un señor de respeto”, tratamiento que costaba miles de dólares, sin que alguien se atreva a especular sobre una cantidad precisa. Se afirma que nunca fue tratado como la mayoría de los presos. Nunca.

Uno de sus privilegios era el relativo al corte de cabello, algo importante para el vanidoso capo. En el año y cinco meses que estuvo en el Altiplano, sólo se recuerda haberlo visto una vez a rape, como lo mostró la procuradora Arely Gómez en la conferencia de prensa del martes 14. A diferencia de los demás presos, tenía abundante cabellera, algo prohibido en el Cefereso por cuestiones de higiene.

En el video en el cual se ve al preso momentos antes de su fuga, se aprecia que no tenía rasurada la cabeza. La Secretaría de Gobernación (Segob) intentó una explicación: ya le iba a tocar corte, pues éstos son cada 15 o 20 días. Sin embargo, no hay cabellera que en ese tiempo crezca al tamaño de la que lucía el reo antes de escapar.

Otro privilegio: las visitas de su esposa, Emma Coronel.

La llegada de Emma causaba un verdadero revuelo en el penal, no por el exuberante cuerpo de la exreina de belleza…

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2020 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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