Rubén Espinosa y la línea periodística

MÉXICO, D.F. (apro).- Rubén Espinosa salió huyendo de Veracruz el 9 de junio por las amenazas de muerte directas que recibió de varias personas que le dijeron “bájale o te va a pasar lo mismo que a Regina Martínez”, la corresponsal de la revista Proceso asesinada hace tres años.

Esa fue la razón de su autoexilio, pero durante los dos meses que estuvo en el Distrito Federal se mantuvo activo publicando sus imágenes y no estaba desempleado, como señala la Procuraduría capitalina para afirmar que no era periodista y con ello cerrar su caso lo antes posible.

Al llegar a la Ciudad de México, el fotoperiodista denunció en todos los foros públicos que pudo y ante organizaciones de protección a periodistas las amenazas que había recibido en Xalapa. Rubén señaló como principal responsable al gobernador Javier Duarte, quien semanas antes acusó a reporteros de la entidad de estar involucrados con el crimen organizado.

“La delincuencia tiene nexos, tiene puentes (…) Lamentablemente, algunos de los colaboradores, trabajadores de los medios de comunicación tienen vínculos con estos grupos y también están expuestos a esta situación. ¿Qué les quiero pedir, compañeras y compañeros? Y se los digo por ustedes, por sus familias, pero también por mí y por mi familia, porque si algo les pasa a ustedes al que crucifican es a mí… Pórtense bien, todos sabemos quiénes andan en malos pasos (…) Vamos a sacudir el árbol y se van a caer muchas manzanas podridas” advirtió el priista Duarte a los reporteros en una reunión.

En lo que va del gobierno de Duarte de Ochoa han sido asesinados 13 reporteros de un total de 18 desde el año 2000. En ningún estado del país y quizá en ninguna región tan específica del mundo se han registrado tantas muertes de comunicadores como en Veracruz.

El gobernador Duarte ha faltado a su responsabilidad de dar seguridad a todos los veracruzanos y sobre todo a los comunicadores, algunos de los cuales han decidido exiliarse buscando protección y seguridad, como hizo Espinosa Becerril.

Hasta el 2016 el político del PRI dejará su puesto y mientras tanto mantiene a Veracruz en una situación de violencia creciente, de presencia ominosa del crimen organizado aliado con los poderes de gobierno locales y en una condición de fragilidad para el ejercicio periodístico.

Cuando se habla de responsabilidad de Duarte es precisamente la incapacidad que ha tenido para garantizar la seguridad a sus gobernados y a los trabajadores de los medios. En su administración no sólo han sido asesinados 13 reporteros, sino que distintos medios de comunicación han sido atacados con granadas y armas de alto poder. Además hay tres desaparecidos y una decena de periodistas han emigrado por las amenazas de muerte.

Rubén Espinosa, colaborador de Proceso y la agencia Cuartoscuro, denunció esta situación y exigió el castigo a los responsables de los crímenes perpetrados contra los reporteros de Veracruz. Su última acción en este sentido fue reinstalar la placa que había sido retirada de la plaza Lerdo frente al palacio de gobierno en memoria de Regina Martínez.

El brazo ejecutor siguió a Rubén hasta la Ciudad de México y de manera impune lo masacró junto con Nadia Vera, Yesenia Quiroz Alfaro, la colombiana Nicole y Alejandra, una empleada doméstica.

La gestión de Duarte ha derivado en un sexenio sórdido y, aunque las autoridades lo eximan alegando que no hay pruebas en su contra, será registrado en la historia como uno de los gobernadores más ignominiosos no sólo de Veracruz, sino del país.

Twitter: @GilOlmos

Acerca del autor

José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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