Apuntes al reverso de papeles diversos, de Atenea Cruz

MÉXICO, D.F. (apro).- ¿Quién no ha soñado con rayonear un poema de T. S. Eliot o un viejo ejemplar de El Gran Gatsby? Mejor aún: Tachonar con versos un libro de biología, una foto de los sobrinos, un boleto de avión, el recibo del agua, un anuncio clasificado…

En Apuntes al reverso de papeles diversos, de Atenea Cruz (Durango, 1984), se anidan 16 poemas que exploran el reverso de una nota roja, de una fotografía en sepia o de una nota suicida.

¿Qué escribiría un poeta en una solicitud de empleo? ¿Por qué ya nadie se sorprende de los aviones que rozan los rascacielos? ¿Por qué tenemos que crecer cuando los dientes de leche se pierden? Son algunos de los dilemas en la poesía de Atenea Cruz.

La concepción de la poeta en este libro no está muy lejos de lo cotidiano, una tendencia literaria que se valida en objetos mundanos –casi inútiles–, pero subvertidos por la actividad poética. Sus preocupaciones rondan el abandono de la naturaleza, la niñez y la escritura.

Por eso sus poemas abren paso a un anacronismo distante o a un lugar hostil que, en consecuencia, desprecia. O sea, cómo convertir un objeto sin significado en un artefacto narrable, digno de alojar una historia.

Con sus poemas, Cruz invierte la utilidad de los formularios, los tickets y hasta los libros para demostrarnos que detrás de ellos puede habitar un espacio poético.

La solicitud de empleo –una inmensa tragedia de nuestra época– sirve para reflexionar sobre esa cuestión:

De todos los oficios

precisamente éste:

la pregunta sin fin,

el talento terrible de encontrar

la llaga de las cosas.

En su poemario, Cruz convoca a Eliot, Álvaro de Campos, F. Scott Fitzgerald, Matsuo Bashô como un ejercicio intertextual que valida su actividad poética. Al mismo tiempo, la poesía es un camino que yace detrás de un anuncio clasificado.

Apuntes al reverso de papeles diversos pertenece a la colección La Ceibita, una plaquette incluida en la revista cultural Tierra Adentro del Conaculta.

A continuación, un par de poemas de Atenea Cruz:

“… de un boleto de avión”

 

Es sencillo

imaginar un hombre contemplando los pájaros

con reflexiva envidia,

el cielo le parece tan cercano

y a la vez

cruelmente inalcanzable,

ha escuchado quizá de antiguas catapultas

sin duda sabe bien

la didáctica historia de Dédalo e Ícaro

y al extender sus brazos

el hombre está consciente

de que sus huesos fueron hechos para la tierra.

 

Contra todo presagio, sin embargo,

pasa noches y días buscando la manera

de despojar el cuerpo

del natural estorbo de su peso.

 

Vienen pues los intentos

accidentes

fracasos,

la esposa que se marcha

cuando el hambre se instala de lleno en la despensa.

 

Y el hombre apenas si consigue levantarse

veinte o treinta centímetros del suelo,

¡si pudiera mover este armatoste

con la facilidad con que su corazón acompaña a los mirlos!,

lamenta en la penumbra.

 

Muere el hombre primero

sin haber completado su tarea.

Pero luego viene otro

y otro más y otro y otro

(bien mirado, todos son siempre el mismo)

que abonan un diseño aerodinámico

la proporción correcta de la cola

las tuercas necesarias

hasta llegar al día

en que volar ya no sorprende a nadie,

ya sólo la modestia de los niños

reconoce el milagro

de que seres humanos igualen en el cielo

monolitos de acero con la gracia sutil de la gaviota.

* * *

“… de un anuncio clasificado”

 

Para Javier Acosta

Estoy enamorado de las plantas que sobreviven a la sequía: Benjamín Alire Sáenz

 

Observa al jardinero:

su frente se confunde con la tierra,

sus manos diferencian

la hierba mala del césped necesario,

en su silencio está la malva que florece.

 

Mira cómo la sombra de un limón

troca sus pies en brotes milagrosos.

Él conoce el murmullo

para que el sol habite adentro del geranio.

Cuando este hombre habla

los pájaros recuerdan dónde hicieron su nido.

 

Quién pudiera, como él,

escuchar la semilla,

comprender lo fugaz,

ser cómplice discreto de las rosas.

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