“Santa”, el mito del cual vivió Federico Gamboa

MÉXICO, D.F. (apro).- En su colección de “Letras y Voces”, la Biblioteca Mexicana del Conocimiento (BMC) lanza un nuevo título en sus rescates: Santa, la obra considerada emblemática del diplomático, político, novelista y dramaturgo Federico Gamboa (1864-1939), publicada por primera vez en 1913 que, a decir de Rafael Olea Franco, investigador e historiador de la literatura, “creó un mito y un arquetipo de la cultura narrativa de México”.

Ya en una de sus columnas Inventario, la publicada por el semanario Proceso el 18 de diciembre de 1976, el escritor José Emilio Pacheco consideró a la novela como un mito:

“Del Periquillo Sarniento a Pedro Páramo y Artemio Cruz la novelística mexicana ha producido grandes personajes y un solo mito: Santa. Mito en el sentido de creación anónima colectiva fluida y nunca estática de cuento que narra hechos imaginarios tenidos en su origen por verdaderos.

“A los 73 años Santa es nuestra Mona Lisa de retablo que se ríe de todos los que le hemos pintado bigotes.”

Así lo destaca también Olea Franco, director del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México, en un comunicado de la BMC en el cual se afirma que la obra, (historia de una joven que por diversas vicisitudes se dedica a la prostitución) se convirtió en el primer best seller de la literatura mexicana y posteriormente fue adaptada a varias versiones cinematográficas y teatrales, que reprodujeron también el arquetipo de la prostituta, que es Santa.

El académico afirma que después de que Gamboa publicó la novela, a la cual ubica en el centro del movimiento naturalista hispanoamericano, no hubo ningún creador de literatura, teatro o cine que no tomara en cuenta ese modelo. Y dice:

“Gamboa –tal como afirmaba José Emilio Pacheco– es el único autor mexicano que nos ha legado un mito, es decir, una imagen literaria que ha trascendido épocas.”

Y como Pacheco, Olea considera una muestra el hecho de que la novela, que crea un personaje ficticio, sitúe la historia en un lugar real y tangible, Chimalistac, y su plaza no sólo reciba el nombre de Federico Gamboa, sino que las calles que la rodean se llamen como sus personajes. Nadie nacido en este país ha visto “ni vera” –subraya Pacheco– hecho semejante.

La primera versión cinematográfica de Santa se estrenó en 1918 en el cine Olimpia, según consigna el escritor en su Inventario. En ella se reproduce el arquetipo “que es la oposición de la madre abnegada, devota de su marido y de sus hijos”, dice en la información de la BMC Guadalupe Ferrer, directora general de la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México.

A su vez, el productor radiofónico Abel Rojas Helena, colaborador de Opus 94.5 opina en el comunicado:

“Santa es todavía lo que no queremos ver, de lo que no se habla en la sobremesa. Santa es la madre soltera, la niña violada de la que aún casi nadie se ocupa. Ahora, existe la ‘alerta de género’ pero los abusos son los mismos. Las ‘casas de tolerancia’ del porfiriato son ahora sitios web y anuncios clasificados en los periódicos amarillistas.”

En uno de sus ciclos de conferencias que como miembro de El Colegio Nacional impartía (en aquella ocasión no en la sede de esa institución sino en la Capilla Alfonsina), José Emilio Pacheco, quien prefería Reconquista por encima de Santa, dijo que la novela fue escrita entre 1900 y 1902 en Guatemala y se publicó en 1913 con un tiraje de 5 mil ejemplares. A la muerte de Gamboa, el 15 agosto de 1939, llevaba más de 60 mil ejemplares publicados, con lo cual fue el primer best seller mexicano.

Pero Gamboa, relata Pacheco en Proceso, se hizo famoso no tanto por la novela como por la película, pues después de su proyección, en la cual se sacó su retrato en la pantalla, era aplaudido cuando aparecía en público. Gamboa, añade, solía decir que a pesar de su “católica decencia, vivía de una mujer: ‘la noble y generosa Santa’”.

El investigador Felipe Gálvez Cancino ha llamado la atención sobre el hecho de que el escritor Martín Luis Guzmán, autor de La sombra del caudillo, tenía una prosa y un discurso impecables, al afirmar que “escribía como hablaba y hablaba como escribía”.

Pacheco dice lo contrario de Federico Gamboa:

“Santa sería una obra maestra si Gamboa hubiera encontrado la forma escrita de lo que célebremente fue su estilo oral. Pero aquel hombre que deslumbró por su brillo y fluidez a cuantos pudieron escucharlo, al escribir sólo podía expresarse en una prosa a la vez rígida y deshilvanada que no es literaria ni coloquial y termina de arruinarse por su prurito académico. Lo asombroso es que una novela tan mal escrita esté de algún modo tan bien contada y logre la verosimilitud incomparable de erigir un mito.”

La edición de la Biblioteca Mexicana del Conocimiento se lanza en el marco del 76 aniversario luctuoso de Federico Gamboa, quien fue subsecretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Porfirio Díaz, secretario de la misma con Victoriano Huerta (aunque tenía animadversión por él) y candidato a la Presidencia en 1913.

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