Tragedia europea: Unos mueren… otros se enriquecen

De poco han servido los 13 mil millones de euros gastados por las naciones europeas para “protegerse” de los inmigrantes indocumentados: siguen llegando en masa. Más aún, esta obsesión por convertirse en una fortaleza antiinmigrante ha provocado el enriquecimiento de las mafias dedicadas al tráfico de personas y el de las empresas aeroespaciales y de seguridad que hacen un negocio redondo: reciben subsidios gubernamentales para producir equipos sofisticados que detecten migrantes y luego los venden a la Unión Europea.

París (Proceso).- Alrededor de 13 mil millones de euros gastó la Unión Europea desde el año 2000 para erigirse en fortaleza contra la inmigración clandestina, afirma The Migrant Files (TMF), un proyecto creado por un grupo de periodistas de más de 15 países europeos que, a partir de las fuentes disponibles, ha creado una base de datos sobre los inmigrantes que han muerto en su intento de llegar al continente.

Sin embargo, dicha cifra de gastos es mínima. El acceso muy restringido a numerosos datos oficiales impide realizar un cálculo más preciso.

No obstante, esa inversión dista de surtir los efectos esperados por los dirigentes de la UE. Nada ni nadie puede impedir que decenas de miles de hombres, mujeres y niños huyan de las guerras, de la violencia política, del caos económico o de las catástrofes ocasionadas por los cambios climáticos.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) asegura que 60 millones de personas están actualmente dejando sus regiones o países de origen en busca de refugio. Se trata del más amplio fenómeno de éxodo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En ese contexto global se inscribe la creciente llegada de refugiados e inmigrantes a Europa. También según el ACNUR, en los ocho primeros meses del año en curso, 350 mil inmigrantes arriesgaron su vida cruzando el Mediterráneo, una cifra superior a la de los 219 mil que tomaron el mismo riesgo en 2014. Esa travesía le costó la vida a 2 mil 643 personas entre el 1 de enero y el 30 de agosto de 2015.

Los efectos perversos de las crecientes barreras que levanta Europa para “protegerse” de los inmigrantes son implacables: 31 mil de ellos perecieron en condiciones atroces a lo largo de los 15 últimos años. En ese caso también se trata de una cifra sumamente inferior a la realidad. TMF sólo pudo reunir, cruzar y checar informaciones sobre casos de fallecimientos documentados por las autoridades policiacas y aduaneras europeas, por medios de comunicación, organismos de la ONU y ONG.

Miles más han muerto en su terrible periplo hacia Europa sin que nadie se entere.

La lista de 2 mil 923 “accidentes trágicos” que publica TMF en su página web es impactante. En ella aparecen escuetamente el mes y el año del accidente, el lugar donde ocurrió y el número de víctimas.

En el pasado agosto quedaron registradas 19 situaciones mortíferas para los inmigrantes y refugiados. Los más recientes: 37 muertos en un accidente de lancha frente a la ciudad de Khoms, Libia; un inmigrante de 17 años muerto de un balazo en la isla griega de Symi; 200 cadáveres descubiertos flotando en el mar frente al puerto de Zuwara, Libia; 71 asfixiados en un camión estacionado a la orilla de una autopista cerca de la ciudad de Parndorf, Austria; un somalí de 15 años muerto de un paro cardiaco en una lancha de rescate de Médicos sin Fronteras entre las costas de Libia e Italia; 52 muertos en una embarcación precaria frente a las costas libias; 49 asfixiados en la bodega de un barco frente a las costas de Sicilia; 225 ahogados frente a las costas libias.

Muros

El auge del tráfico de inmigrantes es otro efecto pernicioso de la obsesión defensiva europea. TMF estima que desde 2000 ese comercio ilícito generó 16 mil millones de dólares, que se repartieron redes criminales trasnacionales, grupos delictivos locales, pequeñas pandillas y sus cómplices en esferas legales.

En 2013, 15 periodistas europeos de investigación, especializados en el tema de la migración clandestina, lanzaron un ambicioso proyecto de periodismo de datos y datos abiertos. Su primera gran iniciativa fue hacer el recuento de los inmigrantes y refugiados fallecidos en su intento por alcanzar Europa.

Antes de TMF ningún organismo oficial nacional o internacional había emprendido la ardua tarea de sistematizar y estructurar informaciones sobre este tema, única manera de medir el exorbitante costo humano de la “autoprotección” europea. TMF actualiza diariamente su base de datos. Debido a la complejidad de las investigaciones, no se remonta más allá del año 2000.

Los periodistas recibieron el apoyo económico de Journalismfund, una organización sin fines de lucro, y recurrió entre otras fuentes a las informaciones recopiladas por United for Intercultural Action, una red de 500 ONG activas en Europa con sede en Ámsterdam; Fortress Europe, un banco de datos sobre el tema creado por el periodista italiano Gabriele del Grande, y las investigaciones de PULS, un proyecto lanzado por la Universidad de Helsinki, que cuenta con el apoyo del Centro de Investigación Conjunta de la Comisión Europea.

La seriedad de su trabajo se impuso de inmediato y TMF ganó dos prestigiados premios europeos: el de Periodismo de Datos en 2014 y el de la Innovación Periodística en 2015.

“No existe un numero ‘real’ de migrantes fallecidos en su peligroso camino hacia Europa, ni lo habrá. Los datos siempre serán turbios y difíciles de esclarecer. Pero ofrecemos la mejor aproximación posible a esa cifra”, afirman los investigadores de TMF. Nadie hasta ahora ha puesto en duda sus estimaciones.

Tampoco se cuestionan los datos incómodos que TMF acaba de publicar sobre el costo financiero de la protección de la fortaleza europea. Según sus cálculos, en los 15 últimos años la UE gastó 13 mil millones de dólares para su “autoprotección”, de los cuales 11.3 mil millones fueron invertidos en la deportación de millones de inmigrantes indocumentados.

España, Grecia y Bulgaria desembolsaron 77 millones de euros para levantar muros y rejas en sus fronteras. Madrid invirtió 47 millones en el enclave de Melilla y gasta 10 millones de euros anuales para el mantenimiento de estas sofisticadas vallas.

Atenas dedica 7 millones de euros cada año para cuidar las barreras que cierran su frontera con Turquía. Aun no se sabe cuánto le costó a Hungría el muro que acaba de construir en su frontera con Serbia. Hace un mes Londres se comprometió a pagar 15 millones de euros a París para que las autoridades francesas impidan el acceso a Gran Bretaña de los de inmigrantes varados en el puerto de Calais.

Coordinar esfuerzos a escala europea para impedir la llegada de inmigrantes y refugiados tiene también un alto precio: 955 millones de euros en 15 años. Frontex, agencia europea que supervisa el control de las fronteras y las deportaciones de inmigrantes ilegales, es la institución que cuenta con el mayor presupuesto: gastó 670 millones de euros desde 2005.

El funcionamiento de Eurodac, sistema de registro de las huellas digitales de los inmigrantes, ha requerido 8 millones de euros desde 2003. El programa Eurosur, que empezó a funcionar en 2013 y busca fortalecer el control de las fronteras exteriores del espacio de Schengen gracias a un mejor intercambio de información entre los Estados miembros, está dotado de un presupuesto de 200 millones de euros.

En los 15 últimos años la UE dedicó 75 millones de euros a sus programas de asistencia en materia de control migratorio a Túnez, Egipto, Argelia, Mauritania y Libia. Los europeos pagaron sin contar ni preocuparse de los métodos usados por las autoridades de esos países para impedir el paso hacia Europa.

“Círculo vicioso”

Pero los datos más sensibles manejados por TMF se refieren a los beneficiarios de las políticas de seguridad a ultranza de la UE. Pertenecen esencialmente a la industria europea aeroespacial y de armas, entre los que destacan cuatro “gigantes”: el europeo Airbus, el francés Thales, el italiano Finmeccanica y el británico BAE.

Todos estos grupos privados reciben subsidios europeos con el propósito de crear innovadores sistemas de seguridad y equipos cada vez más sofisticados que luego venden a la UE, según TMF.

Más sorprendente aún: los investigadores de TMF descubrieron que la comisión especial que la UE creó en 2003 para reflexionar sobre la aplicación de nuevas políticas de seguridad en materia de inmigración clandestina estaba integrada, además de altos funcionarios europeos, por representantes de los cuatro “gigantes” de la industria militar y que no incluía a miembros de la Organización Internacional para las Migraciones ni del ACNUR.

Insiste TMF: “Un pequeño número de compañías saca un jugoso provecho de la formidable oportunidad de negocios que les brinda la política migratoria de Europa”.

TMF analizó 39 proyectos de Investigación y Desarrollo (R&D) en materia de seguridad fronteriza, cuyo financiamiento costó 225 millones de euros a la UE y a la Agencia Espacial Europea entre 2002 y 2013. Destacan los proyectos Operamar, Wimass o Aeroceptor, que pretenden mejorar la vigilancia y la protección de las fronteras desde el aire, y los proyectos Staborsec, Effisec y ABC4EU que se fijan la misma meta en las fronteras terrestres.

Llamaron particularmente la atención de los investigadores de TMF el alto nivel tecnológico de los sensores último modelo –llamados doggies, sniffles, sniffer o Snoopy– capaces de detectar el más ligero olor corporal, y los proyectos de “robots guardafronteras”, uno de los cuales, Uncoss, está previsto para operar en el mar, y otro, Talos, en fronteras terrestres.

Airbus logró participar en 10 de los 39 proyectos R&D de la UE mediante 14 empresas subsidiarias; Finmeccanica, por su lado, se apoderó de otros 10 proyectos que repartió entre sus 16 subsidiarias, mientras Talos y sus 13 subsidiarias se encargaron de 18 más.

La industria de armas europea encabezada por Airbus ganó 226 millones de euros adicionales gracias a la venta a los Estados miembros de la UE de material militar más “clásico”: aviones sin piloto, jeeps o lanchas rápidas.

TMF y numerosas ONG denuncian el círculo vicioso de lo que llaman la “industria del control fronterizo”. Toman como ejemplo las vallas y los sistemas de seguridad de Ceuta y Melilla, que obligaron a los inmigrantes a buscar rutas de acceso a Europa más peligrosas. Estas rutas a su vez generaron nuevos mercados para la industria de defensa.

Mercado siniestro

El tercer objetivo que se fijó TMF fue investigar cuánto pagan los inmigrantes a las redes mafiosas que los explotan.

Se calcula que desde 2000, alrededor de 1 millón 200 mil refugiados e inmigrantes indocumentados llegaron a Europa por mar o tierra y entre 5 y 7 millones más por avión, estos últimos con visas de turismo o con pasaportes y visas falsificados. Casi todos recurrieron a intermediarios sin escrúpulos.

“Lo que pagan los inmigrantes alimenta una enorme economía subterránea a las puertas de la Unión Europea”, afirma TMF, que estima que los inmigrantes y refugiados desembolsaron 16 mil millones de euros durante la última década y media con el propósito de llegar a Europa.

Reconoce que aún le faltan datos para saber si la guerra civil que sacude Siria provocó o no un aumento de las ‘tarifas’ y para entender mejor cómo funcionan los grupos que trafican con los inmigrantes.

Señala, sin embargo, que “al parecer los gobiernos de Libia y Siria tienen sus propias ‘flotillas’ de lanchas para refugiados que les sirven a la vez de fuentes de ingreso y de medios de presión para negociar con las autoridades europeas”.

TMF, al igual que todos los expertos y las instituciones internacionales que investigan sobre el tráfico de refugiados e inmigrantes, hace hincapié en la complejidad extrema del fenómeno, la multiplicidad de los actores y su carácter fluctuante.

El abanico de “tarifas” en ese mercado siniestro es infinito. Las distintas bases de datos constituidas por TMF al respecto son más que elocuentes. Uno de los ficheros accesibles en internet presenta una lista de 2 mil 409 tarifas distintas, según los países de salida y de llegada, y el medio de transporte usado, consignando siempre la fuente de información.

Inmigrantes del África subsahariana pagan alrededor de 700 euros para cruzar el Mediterráneo en precarias embarcaciones o escondidos en insalubres bodegas de barcos, mientras refugiados más adinerados deben desembolsar alrededor de 2 mil euros para viajar en los puentes de esos mismos barcos.

Desplazarse de Siria a Bulgaria en auto puede llegar a costar 7 mil 200 euros; de Afganistán a Dinamarca en camión de transporte de mercancías, 11 mil 250 euros; de Eritrea a Dinamarca en auto, tren y lancha, 7 mil euros; de China a Europa en camión de transporte de mercancías, 21 mil 500 euros.

Hay que desembolsar 5 mil 500 euros para alcanzar Italia desde Turquía escondido en un yate; 800 euros para el mismo trayecto, pero escondido en un contenedor transportado por un camión; y mil 850 euros para llegar a Grecia desde Turquía disimulado como tripulante de un velero de lujo.

Sin embargo, por avión entra la gran mayoría de los inmigrantes a Europa. Refugiados de Irak pagan un promedio de 16 mil euros para viajar de Mosul a París vía Cayena, en la Guyana francesa, Belén y Sao Paulo, Brasil, y Estambul, Turquía. Traficantes marroquíes cobran 5 mil euros para un vuelo Rabat-París sin pasar por las oficinas de migración en el aeropuerto.

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