Anarquistas enfrentan a policías; vandalizan negocios y oficinas

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- La marcha de los padres de familia de los estudiantes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero fue reventada por grupos “anarquistas” quienes usaron la violencia, enfrentando a policías, quebrando vidrios de hoteles, comercios y oficinas de gobierno y usando cohetones.

 

Desde las 12, la marcha transcurría con calma. La gran serpiente humana avanzó lanzando consignas, cantando, danzando y exigiendo la renuncia por la incapacidad del gobierno de Enrique Peña Nieto de resolver las desapariciones.

Así transcurrieron las horas hasta pasadas las 4 de la tarde cuando un grupo de unos 40 anarquistas dejaron la marcha para lanzarse contra lo que estaba a su paso empezando desde las instalaciones del Senado de la República, al que lanzaron cohetones, palos, botellas y piedras. La fila de policías de tránsito no sirvió de mucho, ellos también recibieron los golpes.

Desde ese punto, hasta la avenida Juárez, el espectáculo se lo llevaron los jóvenes encapuchados, vestidos de negro y armados con palos, martillos, piedras, botellas de cerveza y tubos fueron contra restaurantes donde los comensales empezaron a correr de un lado a otros desesperados.

En el Sanborns ubicado en avenida Juárez, los anarquistas abrieron las puertas y entraron y vandalizaron lo que estaba en la entrada; después quebraron los vidrios de ese restaurante, así como el del Starbucks que está casi enfrente. Los clientes entraron en crisis nerviosas, mientras los anarquistas estallaron en júbilo gritando “¡A huevo, ya empezó la diversión culeros!”, “¡Pinches capitalistas de mierda!”, “¡Ya valieron verga!”.

–¿Por qué actúan de esa manera cuando los padres de los normalistas no están de acuerdo con los actos violentos? –se le pregunta a un “anarquista”, quien sostenía un palo.

–No somos violentos. Violento es el Estado que nos asesina y desaparece a más de 40 mil personas, lo de nosotros es una manifestación mediática, para que nos vea el gobierno y sepa quiénes somos. Me manifiesto de esta forma porque las estructuras del Estado me obligan hacerlo.

–¿Te pagan para que lo hagas, de dónde eres, de qué organización?

–Nadie me paga, soy pueblo, esa es mi organización –Revira enojado, serio y apretando su arma improvisada. Luego le grita a sus compañeros que van sobre “los puercos”.

Mientras ellos destruyen y gritan “¡Muera el Estado, que viva la anarquía!” los contingentes del Instituto Politécnico Nacional, los de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, así como otras asociaciones civiles les gritan desesperados que no truenen la marcha de esa forma, que se vayan, que son pagados por Peña Nieto.

La lluvia arrecia y las agresiones también. Cristales rotos, puestos de periódicos golpeados, el miedo de las personas que marchan pacíficas las une, mientras que los observadores de derechos humanos hacen vallas, desesperados por no lograr calmar el ansia de violencia anarquista. Separan en una cadena humana a policías, anarquistas y marchistas.

“¡Pinches pendejos, son una mierda pagada por el gobierno!”, “¡Váyanse a Guerrero, allá si están los madrazos de a verdad ojetes!”  se escucha desde el contingente de una organización campesina. A lo que el joven anarquista responde “¡Están jodidos con sus marchitas, sin violencia, ni acción no habrá justicia para los normalistas!

– “Esto es pacífico, no vengan a chingar la marcha”, suelta un estudiante del Politécnico.

Otro anarquista que escucha sólo se burla y le dice a su amigo: “Ay si, sin violencia por favor… Pobrecitos, maricones sin huevos. Acción es anarquía contra el Estado”.

Y esa fue su consigna dejada en el aire a lo largo de la marcha. En su grupo llevaron una bocina con ritmos punk, ská-punk, hip-hop, cumbia, rap… A veces cantaban, la mayor parte del tiempo lanzaban pequeños cohetes a los policías quienes los iban custodiando y otras veces bolas de humo color rojo. Por todo Paseo de la Reforma dejaron el símbolo anarquista.

Ya en el cruce del Eje Central y avenida Juárez, los anarquistas se dispersaron, corriendo hacia el norte, rumbo a Garibaldi. La gente que paseaba por el Palacio de Bellas Artes se protegía a si mismos, a niños y ancianos ante la embestida de los jóvenes y de la policía vestida de amarillos quienes empezaron a detener gente arbitrariamente. A la prensa, no les permitían el paso y hubo empujones contra fotógrafos.

Mientras que a los que detenían, los cubrieron con impermeables para no identificarlos, mientras los golpeaban a puños y patadas. A los observadores de derechos humanos trataron, quienes también se les negó conocer la identidad de los detenidos, ni la situación por la que los arrestaron.

La marcha continuó por la calle 5 de Mayo, donde los manifestantes, la mayoría estudiantes, ya coreaban la consigna “¡Peña y Mancera, la misma porquería!”. No paraba de llover.

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Comunicólogo hecho por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM; reportero labrado en Proceso.

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