Argentina: Scioli se acerca a la meta

BUENOS AIRES (apro).- Daniel Scioli lidera la etapa final de la contienda que definirá al futuro presidente de Argentina. El candidato del espacio kirchnerista podría incluso alcanzar la meta en el primer turno electoral del próximo 25 de octubre. Para eso debe obtener 40% de los votos y sacar una diferencia de diez puntos porcentuales sobre el segundo, el conservador Mauricio Macri.

Este escenario es justamente el que hoy manejan las encuestadoras.

Tampoco puede descartarse que Scioli alcance 45% de los votos, porcentaje que lo consagraría de manera automática como presidente electo. Por último, el candidato oficialista también encabeza la intensión de voto en caso de que deba realizarse una segunda vuelta el 22 de noviembre.

“Seguimos teniendo las dos hipótesis: un triunfo de Scioli en primera vuelta y también que haya balotaje (segunda vuelta)”, dice a Apro Ricardo Rouvier, de la consultora Ricardo Rouvier & Asociados. “En las últimas semanas se ha dado un paso hacia el cumplimiento de la hipótesis que habla de un triunfo en primera vuelta, pero estamos muy justos con el número y hay además un margen de error”.

El consultor asigna a Daniel Scioli, candidato del Frente para la Victoria, una intención de voto de 41.2%. Mauricio Macri, de Propuesta Republicana (PRO), al frente de la alianza Cambiemos, reúne 31.1%. Sergio Massa, del frente UNA (peronismo disidente) asciende a 20%.

Para la consultora Hugo Haime & Asociados el panorama es similar: “Tenemos 10.3 puntos entre Scioli y Macri, o sea que estamos en el límite del error estadístico para definir si hay o no segunda vuelta”, dice Hugo Haime a Apro. De acuerdo con este sondeo, Scioli reúne 40.5%, Macri 30.2% y Massa 15.7%.

“Hay incertidumbre en cuanto a que Scioli pueda o no juntar esos dos o tres puntos que lo hagan ganar en primera vuelta”, dice a Apro Federico González, de la consultora González y Valladares. “La disputa entre los opositores Macri y Massa lo favorece”, agrega.

Para una eventual segunda vuelta, Haime ve ganador a Scioli por tres o cuatro puntos. Rouvier prefiere medir la intensión de voto después del 25 de octubre, debido a que siempre hay un 1 o 2% de los electores que suelen cambiar de voto por lo que en inglés se llama ‘efecto carro ganador’. “Se suben al carro ganador, porque votan al ganador”, sostiene. Esto refuerza las posibilidades del candidato que triunfe en la primera vuelta.

“Yo hoy lo veo muy sólido a Scioli”, dice Federico González, quien siempre consideró que Scioli perdería contra Macri o contra Massa en una segunda vuelta y ahora ya no está seguro.

Perfiles

La sociedad argentina se encamina a elegir por primera vez a un presidente que no proviene de la política. Daniel Scioli se acercó a este ámbito en la década de los noventa, tras ser campeón mundial de motonáutica. Mauricio Macri llegó a la política a través del futbol, después de dirigir el Club Boca Juniors entre 1995 y 2008. El expresidente Carlos Menem (1989-1999), impulsor de las políticas neoliberales que desembocaron en la crisis terminal de 200, se considera el padrino político de ambos.

Tanto Scioli como Macri son hijos de empresarios y disponen de una gran fortuna. La oratoria no es su fuerte. No cultivan la visión del estadista. En su rol de candidatos, uno y otro se muestran parcos de ideas, minimalistas a la hora de las promesas, ajustados al imperio del marketing. El pragmatismo prevalece sobre los ideales, la imagen por sobre el argumento. Tanto Scioli como Macri han declarado públicamente que no leen. La educación no aparece como prioridad en sus campañas.

Ricardo Rouvier considera que el fenómeno es mundial: “El modelo del político tradicional, que viene de la Revolución Francesa, hace unos cuantos años que viene terminando, junto con la crisis de los partidos políticos –explica–. Surge el outsider. En Argentina, el punto de inflexión fue Menem. Menem tampoco leía libros, o los leía mal, o los citaba mal. Scioli se presenta como un hombre común –dice–; él hace todo el esfuerzo por presentarse así”.

“Hay cierta simpatía con el pragmatismo, con la idea de que hay que dejarse de palabras y pasar a la acción. Entonces la figura del empresario aporta eso –dice González–. Ni Scioli ni Macri han sido grandes empresarios. Fueron sus padres los que hicieron fortuna. Pero es lo que representan simbólicamente.

“No son los estadistas que Argentina tuvo en otras épocas. Tocan de oído. Y esa jactancia de no leer un libro y ser hombres de acción creo que se debe a que consideran que no necesitan leer libros. Como si la inteligencia fuera un ente discursivo y no algo que define la arquitectura de cómo se piensa el poder”, resume.

“Venimos de un liderazgo débil con Fernando de la Rúa (presidente entre 1999 y 2001), dos liderazgos muy fuertes con Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) y ahora hay la emergencia de líderes consensualistas”, explica Hugo Haime. “Scioli tiene mayor historia política que Macri –dice–. A pesar de que se habla del deportista, Scioli fue vicepresidente de Néstor Kirchner, dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires, diputado nacional. Ninguno de los dos viene de la militancia. Pero en Argentina están destruidos los partidos políticos”, sostiene.

Términos

“El eje principal de la campaña es continuidad o cambio –explica Rouvier–. Después de tres periodos de kirchnerismo, la oposición se presenta como más consolidada que en 2011, cuando Cristina Kirchner triunfó con 54% de los votos y el segundo (el socialista Hermes Binner) obtuvo 18%”.

“Todas las elecciones son sobre continuidad o cambio –sostiene Haime–. Lo particular de esta elección es que una parte de los votantes que pide un cambio quiere una mejora de lo que hizo este gobierno. No se discute la idea de un cambio total o una continuidad total. Lo que se discute es quién está más afinado para mejorar las cosas en Argentina”.

“El problema de la Argentina en los últimos tiempos es kirchnerismo o no kirchnerismo –sostiene Federico González–. Si uno lo traduce en otros términos, kirchnerismo sería continuidad y no kirchnerismo, cambio. Pero la gente no lo expresa así. Además la palabra cambio es muy abstracta… hasta Scioli es el cambio –dice–. Scioli es bifronte: es el cambio, es la continuidad. Con él hay que renunciar a las categorías políticas, analizarlo en términos personales. Es el candidato más querido por la gente”, resume.

González cree que la ambigüedad de los candidatos (“Son todos neoliberales, y también son todos populistas”) se condice con simpatías contrapuestas que conviven en los propios ciudadanos. A falta de visiones diferenciadas, la campaña electoral se ha agitado a partir de denuncias cruzadas que incluyen la corrupción e incluso el fraude. Los medios opositores acusan al actual jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, de estar involucrado en la causa de la efedrina que ingresó en enormes cantidades a Argentina entre 1999 y 2010, para luego ser enviada a México, donde se la usaba para elaborar drogas sintéticas con destino al mercado estadunidense. Aníbal Fernández es el candidato del oficialismo para suceder a Daniel Scioli en el gobierno de la estratégica provincia de Buenos Aires.

El primer candidato a diputado por el frente opositor Cambiemos en dicha provincia, Fernando Niembro, tuvo que bajar su candidatura a comienzos de septiembre luego de que se descubriera que había facturado 21 millones de pesos a través de contratos irregulares con la ciudad de Buenos Aires que gobierna su jefe político Mauricio Macri.

Apoyada por una estruendosa operación mediática, la oposición denunció fraude en las elecciones realizadas el 23 de agosto en la provincia de Tucumán. El triunfo del Frente para la Victoria por más de 11 puntos fue reconocido por la oposición a regañadientes, tras el recuento definitivo de los votos.

–Desde el gobierno se sostiene que la oposición juega a instalar un clima tóxico, con el fin de disimular su falta de propuestas y restar legitimidad a un eventual gobierno de Daniel Scioli. ¿Qué opina usted de este argumento? –se le pregunta a Ricardo Rouvier.

–Yo tengo una hipótesis en torno al kirchnerismo, que formulada como título periodístico sería que para el kirchnerismo el poder siempre es escaso y está permanentemente amenazado –responde el consultor.

–Creo que es cierto, que hay una campaña montada desde ahí –responde Hugo Haime ante la misma pregunta–. Estuve en Tucumán, manejé las mesas testigo, que nos daban la misma diferencia que salió en el recuento definitivo –grafica–. Me parece que la oposición ha decidido cuestionar el resultado electoral que viene –predice–. En las elecciones nacionales no hay historia de fraude, pero en la medida en que estamos en una elección en la que al oficialismo le cuesta mucho pasar el 45% y la oposición busca que haya menos de diez puntos de diferencia, si la diferencia es muy exigua, vamos a estar contando hasta el día en que asuma el próximo presidente.

Perspectivas

El liderazgo político de Cristina Fernández y la fuerte presencia de representantes del kirchnerismo en ambas cámaras legislativas intenta zanjar la desconfianza que genera Scioli como garante del “modelo” dentro del espacio oficialista.

“Podría llegar a darse una situación curiosa, con un jefe de gobierno, el presidente de la nación, como jefe político, y por otro lado Cristina Fernández de Kirchner como jefa del movimiento y el sector político que le da apoyo al gobierno”, explica Rouvier.

El futuro condicionamiento a Daniel Scioli ofrece también otras aristas: “El proyecto kirchnerista está muy atado a lo que es su propia retórica, que es muy ambiciosa, y establece una vara muy alta, aunque indeterminada en ciertos aspectos, porque el kirchnerismo no plantea un tipo de sociedad en particular”, dice el consultor. “Creo que esto implica un enorme desafío para el presidente que venga, aún más si es del propio partido”, sostiene.

Un eventual triunfo de Mauricio Macri ofrecería un escenario diferente. Su partido, el PRO, apenas tiene presencia más allá de la ciudad de Buenos Aires y otras tres provincias. “Macri no tiene poder institucional suficiente, ni poder territorial ni gobernadores ni intendentes ni diputados ni senadores –dice Rouvier–. Tiene que hacer un gobierno de coalición con la Unión Cívica Radical (UCR), que no tiene vocación aliancista”, explica.

La enorme volatilidad mostrada por la oposición en sus intentos de enfrentar unida al kirchnerismo dan la razón al consultor. Por otra parte, Macri ha tenido que declarar públicamente que no recortará políticas sociales ni volverá a privatizar empresas que el kirchnerismo puso bajo el control total o parcial del Estado.

Rouvier sostiene que tanto un gobierno de Scioli como uno de Macri pondrían el acento en una visión desarrollista desde lo económico. “Las diferencias van a estar dadas en la incidencia de lo privado en función del motor de desarrollo –dice Rouvier–. Para esto se necesitan capitales, que los dos van a tratar de conseguir afuera –refiere–. Las diferencias van a estar sobre todo en el discurso, en cómo va a presentar uno y otro la cosa. Scioli tiene que responder a una continuidad de doce años, que, para bien o para mal, lo ata”.

Scioli piensa dar impulso a la actividad minera, convirtiendo la Secretaría de Minería en ministerio. “Privilegiar esta cuestión es todo un tema –apunta Rouvier–. Ahí tenemos a la Barrick Gold con el derrame de cianuro”, sostiene, en referencia al millón de litros de solución tóxica derramada por la empresa canadiense el 13 de septiembre en la provincia de San Juan.

Hugo Haime sostiene que tanto Scioli como Macri enfrentarían desafíos similares. “El gobierno de Scioli va a tratar de conjugar equilibrio social, consenso y pragmatismo para resolver el problema económico –explica–. Y creo que un gobierno de Macri sería inverso: pragmatismo para resolver el problema económico y después vemos cómo resolvemos lo social”.

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