“No habría de esperarse mucho de los políticos…”

MÉXICO, D.F. (Proceso).-Como recordarán los lectores de esta columna, la pasada concluyó con la presencia de un compositor que se distingue por su pasión por las arborescencias de la música tradicional mexicana, así como por su destreza para elucubrar maridajes gastronómicos. De hecho, su guiso había de acompañarse de un vino nacional ‒el Kórima de Ensenada‒ y de porciones de su Suite Tarasca. Pues bien, la escritura del texto rebasaría expectativas, dando lugar a una multiplicidad de sorpresas: el inicio de una amistad cuajada de afinidades, un encargo de obra, la realización de una entrevista y, no menos importante, la posibilidad de darle vida a la nota periodística, es decir, surgiría una invitación para degustar, in situ y manos del propio artífice, su receta, junto al tinto y su música.

No sería casual que el nombre del vino significara “compartir” en lengua rarámuri, y que brotaran de los labios del maestro Jesús Echevarría (México D. F., 1951) aquellos cantos que habrían de entrelazarse con las arrebatadas flores de su pensamiento…

Egregio Jesús, eres una “rara avis” entre los compositores de música de concierto, pues no has tenido remilgos hacía nuestra música “popular”, amén de haber sabido extraer de ella inspiraciones y epifanías. Además, no has tenido reparos en entonar la voz para denunciar las estulticias y los abusos de nuestra clase dirigente, logrando mantenerte al margen, es decir, la incolumidad de tu conciencia ha estado siempre por delante. Háblanos de tus pasiones y tus fobias…

En primer lugar te diré que sí tengo remilgos hacia alguna música popular. La música no es más o menos rica por el hecho de provenir de la cultura popular o de la académica. Desde el punto de vista sociológico todo tiene un valor, pero desde el punto de vista de la estética ese valor es relativo. Tampoco le doy valor a la música sólo por ser “nacional”. Me interesan muchas tradiciones regionales de nuestro país cuya música tiene una gran riqueza: melódica, rítmica, poética. Música donde pervive el ingenio, la capacidad de improvisar, de crear versos y melodías. Me pedías que hablara de mis fobias y pasiones. Mi pasión es México, justamente por esa enorme diversidad y riqueza cultural que tenemos, la observas en la gastronomía por ejemplo. Fobias: cómo se dilapidan nuestras riquezas; cómo se abusa de la gente pobre, de nuestros pueblos originarios ‒recordemos el agua del pueblo Yaqui. Me indigna que la justicia sea sólo para los que pueden cooptarla y el cinismo y la corrupción de los políticos.

También es sabido que militaste en el PRT y que muchas de tus obras portan un mensaje contestatario ataviado de poesías. ¿Cómo has podido conciliar la faceta del creador junto a la brega que va implícita en situarse del lado de los desposeídos?

Bueno, no he militado en ningún partido en el sentido cabal de la palabra, pero sí he estado cerca de distintos grupos de izquierda. Sobre todo en torno a luchas concretas. Acompañé la campaña presidencial de Valentín Campa, en 1976. Marché junto a los electricistas de la Tendencia Democrática, del SUTERM. A lo largo de tantos años canté y toqué en huelgas obreras, luchas estudiantiles y en contra de la privatización del petróleo. También he dedicado esfuerzos a la educación de adolecentes y a la alfabetización para adultos. Pero mi verdadera lucha está dentro del terreno de la creación musical. Estoy convencido de que el arte es una forma de liberación del hombre.

Mas adentrándonos en lo que nos concierne, es de citar que has escrito que la música es una poderosa máquina “ahistórica”, por favor, abunda sobre ello…

Me gusta hablar de “prodigiosos artefactos musicales”. Hay tendencias musicológicas que piensan que la obra musical depende absolutamente del contexto histórico-cultural en que se origina. Otras ven a la obra u objeto artístico como desprovisto de cualidades intrínsecas cuyo valor depende del receptor y que pueden ser reinterpretadas en diferentes épocas y por diferentes públicos. Es claro que la obra musical, y en general la obra de arte, puede estudiarse desde afuera, en todas sus relaciones con la esfera de la vida sociocultural. Sin embargo, queda también establecido que su validez estética trasciende sus relaciones históricas. Por ende la necesidad de estudiarla desde dentro. En un ensayo sobre los problemas del arte, Lunacharski compara la obra de arte con el curso de un arroyo. Éste queda determinado por las condiciones externas, pero su esencia está determinada por leyes que no podemos conocer por las condiciones externas del torrente, sino por el estudio del agua, es decir, de la obra artística. Pienso que el estudio de la obra musical desde dentro puede seguir teniendo sentido, porque no podemos dejar de intrigarnos por esta particularidad del arte de trascender su momento histórico y porque necesitamos respuestas.

Recientemente la Orquesta Típica de la Ciudad de México te estrenó una obra en homenaje a Miguel Lerdo de Tejada,[1] ¿cuál fue su génesis?

 

Busqué recrear la música mexicana de finales del siglo XIX y principios del XX. Comienza con una polka: Tiempo de pollos y catrinas. Luego un vals: Cecilia; y el tercer movimiento es un poema: En paz de Nervo, un poema que me encanta. Supe que Nervo y Lerdo solían departir en animadas tertulias; así que pensé que Lerdo podría haber musicalizado el poema y lo hice yo. La obra cierra con un son de occidente: Jaripeo.

Sostienes que la música no es una verdadera ciencia, ¿por qué?

Porque tienen objetos diferentes. La ciencia tiene que estar en constante evolución, progresa en una “solución de continuidad” y aún así tiene disrupciones, como la física cuántica en relación con la newtoniana. En la música lo que progresa es la tecnología, los productos artísticos no son eslabones de una evolución en el sentido de un perfeccionamiento cualitativo. Cada uno de ellos es un producto específico y siempre “distinto, nuevo e impredecible”. Como producto de la conciencia humana es diferente a los productos de la ciencia, la filosofía y las ideologías. Las ideologías, aún cuando penetren profundamente en el arte, no constituyen su sentido principal.

A muchos de nuestros lectores les interesará saber de dónde emanó tu vocación por la música, cuéntanos sobre tus orígenes y tu formación…

Mis primeras lecciones de guitarra me las dio mi abuelo, aprendí junto con mi hermana Marisa. Después, ambos, con Jorge Jufresa hicimos el On´tá, un grupo de búsqueda musical y poética. Mi madre fue pianista y el ambiente de la casa paterna siempre estuvo rodeado de música, popular y académica. Con On´tá compuse muchas canciones y también aprendí a tocar música tradicional mexicana y latinoamericana. Más tarde, llevado por la inquietud de manejar un lenguaje musical más complejo, estudié composición en la Escuela Superior de Música del INBA con Francisco Núñez.

En tu corpus compositivo destacan obras emblemáticas como la Misa Mexicana[2] y las Suites Huasteca y Tarasca, quisieras hablar sobre las que están en gestación o, quizá, sobre aquellas que prefieres…

De mis predilectas está “Agua encantada”. Es una de mis canciones mejor logradas, la compuse ex profeso para la soprano Lourdes Ambríz, después de trabajar con ella melodías basadas en el son huasteco en Canasta de frutas mexicanas. También contando ya con el conocimiento de la calidad expresiva del cuarteto Carlos Chávez. Otra canción dilecta de ese disco es Soledad, con el tenor Ernesto Anaya. En vías de composición están otras tres suites mexicanas para completar un ciclo de seis. Una ópera: Moctezuma II, basada en la obra teatral homónima de Sergio Magaña y dos ciclos de canciones: Aves y sirenas y Canciones cotidianas.

Me enteré que estás por terminar una maestría, ¿cuál es su tema?

Se titula Fandangos, fandaguillos, fandanguitos y huapangos. Es una investigación donde abordo el origen del huapango y su relación con la música barroca europea.

Para concluir, referiré que tu postura existencial aboga por no esperar mucho de nuestros mandatarios y porque hemos de consagrarnos a nuestro propio trabajo, sin esperar su reconocimiento. Es lo único que puede dignificarnos ante nosotros mismos.

Yo agregaría que así sucede con todo lo bueno que logramos en México. Tenemos que hacer las cosas a pulso, con nuestro propio esfuerzo. Rara vez llega el apoyo institucional, si es que llega. A nuestro país le urge un cambio. No pido mucho, sólo un gobierno con un poquito de patriotismo y honestidad. Votaré por Morena en las próximas elecciones, a ver si nos da ese poquito que los ciudadanos podemos convertir en mucho.

[1] Se recomienda escuchar la musicalización del poema que ella contiene. La obra fue un encargo de la Secretaría de Cultura del GDF y su estreno avino en el Teatro Esperanza Iris con la Orquesta Típica de la CDMX bajo la dirección de Arturo Quezadas. Disponible en la versión electrónica del semanario. Video realizado en vivo el 9/IX/15)

[2] Se recomienda la escucha de dos movimientos. Audio 1: Jesús Echevarría – Credo de la Misa mexicana. Audio 2:- Jesús Echevarría – Agnus Dei de la Misa Mexicana. (Lourdes Ambriz, soprano. Encarnación Vázquez, mezzosoprano. Ernesto Anaya, tenor. Jesús Suaste, barítono. Coro de niños y jóvenes de la ENM de la UNAM, Ensemble vocal Fuenteclara. Orquesta Stravaganza. Arturo Quezadas, director. QUINDECIM, 2006)

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