“El comisario Montalbano”, una saga sorprendente  

MÉXICO, D.F., (apro).- Tremendo éxito ha logrado la serie televisiva El comisario Montalbano del personaje policíaco Salvo Montalbano, un detective de la mítica locación de Vigàta en Montelusa que inventó hacia los años 70 el novelista siciliano Andrea Camilleri (Porto Empédocle, 1925), cuyos capítulos transmite el canal de cable Europa Europa.

El apellido del comisario es un homenaje de Camilleri al escritor hispano Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), creador del detective Pepe Carvalho, investigador aficionado a la gastronomía y a la literatura como el propio Salvo Montalbano.

Fue en mayo de 1999 cuando, con inversión de dos millones de euros, la Radio y Televisión Italiana (Rai) lanzó al aire los dos primeros programas de dicha saga policial filmada en Sicilia y estelarizada por el actor romano Luca Zingaretti (1965): Il commissario Montalbano (título original del capítulo que corresponde a la novela de Camilleri El ladrón de meriendas, 1996) y La voz del violín (1997), ambas bajo la dirección de Alberto Sironi (Varese, 1940).

Cada uno con duración de una hora y 45 minutos, los episodios fueron vistos por unos 13 millones de telespectadores en total, obteniendo nominación a los premios Emmy como la mejor serie de ficción televisiva internacional de 1999.

Hasta ahora se han grabado 26 capítulos, vendiendo muy bien en Europa, América, Oceanía y Asia gracias a la sagacidad psicológica, intuición y agilidad mental del honorable Montalbano, quien al final resuelve los misteriosos crímenes como plantea Camilleri en su narrativa.

Acompañan al protagonista su fiel agente Fazio (Peppino Mazzotta) y su ayudante Mimí Augello (Cesare Bocci) y como el secretario el chusco telefonista Catarella (Angelo Russo) que improvisa raros neologismos “macarrónicos” con mezcolanzas del dialecto siciliano y lengua italiana (otro acierto de la serie). Por contraste, Cataré (como lo llama el comisario) resulta bastante ducho en manejar nuevas tecnologías e internet.

La verdadera estrella de esta serie es la cultura siciliana: sus habitantes dueños de gestualidad exagerada, paisajes de villorios luminosos casi ausentes de automóviles y de carteles publicitarios, viejos rincones urbanos y planicies verdes enclavados entre montañas, la arquitectura neogótica, los atardeceres marinos del Mediterráneo, su gastronomía, sus vinos y (¡por supuesto!) la belleza de las mujeres de la isla.

Montalbano ama a su novia Livia (la actriz Katharina Böhm) aunque la ve poco, pues ella vive en Genova. Así las cosas, es frecuente que chicas guapísimas se planten en su oficina para solicitarle ayuda y algunas traten de seducir al noble comisario.

Son tentaciones suculentas que ponen a prueba su mente calculadora, por ejemplo: al mostrarle una güerita el hilillo trasero de su tanga para “probarle” que ella es inocente de cualquier sospecha criminal (la eslovaca Antonia Liskova como Elena Scaflani en La luna de papel); o cuando es hechizado por la sexy pelirroja Isabella Ragonesa que encarna a la teniente Laura Belladonna (en La edad de la duda) y al insinuársele la nórdica Isabell Sollman –en el papel de Ingrid Sjostrom (La forma del agua).

Observador profundo como Sherlock Holmes y Colombo, Salvo Montalbano parece distanciarse de sus fríos colegas cuando cede al erotismo femenino y en el capítulo de Ardores de agosto, el inspector sucumbe ante los encantos de la hermosa artista napolitana Serena Rossi, quien en el rol de Adriana Morreale lo utiliza para perpetrar una venganza personal.

También será víctima de una despampanante Mandala Tayde, la ricachona propietaria de caballos pura sangre Raquele Estermann (en El camino de arena).

Esos romances revelan a un Montalbano de carne y hueso, pero no lo distraerán de su objetivo primordial que es dar siempre con los culpables.

Música para Montalbano

Para la música de esta serie en coproducción con la televisora nacional sueca, la Rai contrató al compositor Franco Piersanti (Roma, 1950), quien había sido asistente del notable “músico de Fellini”, el milanés Nino Rota (1911-1979).

Un referente inicial para Piersanti fue el tema de otra serie policiaca norteamericana muy popular de finales de los años 50 y mediados de los 60: Perry Mason, “Park Avenue Beat”, escrito por Fred Steiner (1923-2011), según declaró el músico de Montalbano a la prensa italiana:

“Me vino a la mente esa serie de Perry Mason de la que yo era un ávido fan de pequeño pues tenía una hermosa pieza por tema y me dije: ‘Tal vez este sea el momento para escribir una canción así como aquel tema y quizás alguien la recuerde 50 años después.”

Cuando estudiaba composición y dirección orquestal en el Conservatorio de Santa Cecilia en Roma donde se graduó como contrabajista, conoció a Nino Rota y éste lo animó a escribir su propia música y crear la banda sonora para películas en Italia.

Franco Piersanti afirma que no consultó con Andrea Camilleri antes de comenzar la musicalización de la serie, “porque mi referencia fue siempre la dirección de Alberto Sironi, con él mismo acordé darle realce a la calidad musical sin recurrir a una sonorización en torno al género policiaco. Además, las historias presentaban varias atmósferas así como las ironías que sugiere Cavalleri entre líneas e, incluso, intentamos una canción ligada al nombre de Montalbano, pero no la llevamos a cabo aunque esa música prevaleció”.

La publicación Close-up.it expresó:

“Una mención especial debe hacerse a la espléndida música de Franco Piersanti, la cual a través de una orquestación a menudo evocadora de las obras de Piazzola, construye pasajes en extremo sorpresivos y fascinantes que empatan de forma óptima con las imágenes, desnudando una esencia experimental poco frecuente en las series televisivas”.

–¿Trabaja sobre escenas filmadas o con lo que imagina?

–Sobre cualquier cosa que imagino o cualquier cosa que se filma, aunque no esté terminada. Para componer necesito ver ciertas cosas, pero se trata de una labor en proceso que se desarrolla a lo largo de la realización entera del film.

–¿Le agrada otorgar a los personajes un tema musical particular?

–No, no creo en ninguna práctica “wagneriana” para describir los caracteres. Eso no quiere decir que hagan falta personajes poderosos, pero una descripción de este tipo no aplica a las películas en que he trabajado.

–Usted escribe su música y luego la dirige. ¿Cómo vive estos roles?

–Para mí la dirección es la última fase del proceso creativo. Por esta razón, considero que confiar a otros mi música sería un paso muy desgastante. Al mismo tiempo, estoy convencido que la música no debe renunciar a su autonomía aún si está pensada para una película.

“La tecnología de hoy permite grandes posibilidades y algunas veces se le explota para crear ciertas sonoridades que de otro modo no podrían utilizarse. Me gustaría usar los nuevos medios todavía más, pero admito ser un tanto ‘obsoleto’ al respecto. Es un sector que avanza a gran velocidad y uno necesita actualizarse continuamente.”

–¿Y en el caso de Montalbano?

–Afortunadamente, en el momento de hacer los contratos para la producción tuve a mi disposición orquestas sinfónicas italianas y extranjeras.

En las novelas de Andrea Camilleri son frecuentes las alusiones musicales. Una muy curiosa aparece en El ladrón de meriendas, cuando Montalbano maneja su vieja carcacha, cantando a grito pelado:

¡Mira cómo me balanceo, mira cómo me balanceo con el twist!

“Guarda come dondolo col twist” era un twist muy famoso lanzado como disco sencillo en 1962 por el cantautor Edoardo Vianello (Roma, 1938).

Sin embargo, los compositores de la ópera clásica italiana abundan en los relatos de Camilleri sobre Montalbano (y aparecen arias en la serie como en el capítulo El camino de arena), en tanto que sus preferencias personales se orientan más hacia el jazz.

Gracias al personaje televisivo, desde 1994 (cuando tenía 60 años de edad) sus 22 novelas policíacas han vendido más de 22 ejemplares en Italia y nueve millones en el resto del mundo.

“Sí, el éxito me llegó tarde… Lo bueno fue que no alteró los ritmos de mi vida ni los de mi familia”, reconoció Camilleri para el diario El clarín.

“Montalbano atrae a lectores hacia los libros míos que más me interesan; piense en El rey de Girgenti (novela histórica ambientada en el siglo XVII). Cada vez que sale una nueva novela de Montalbano, el resto de mi obra vuelve a las librerías. No soy un autor de tiradas millonarias. El máximo es 600 mil copias y con la crisis, 450 mil”.

 

Muerte del comisario

Siendo joven, Andrea Camilleri fue el pionero de montar en Italia la dramaturgia de Samuel Beckett (1906-1989), genio irlandés del teatro del absurdo. También dirigió piezas de Pirandello (1867-1936), Ionesco (1909-1994) y T.S. Eliot (1888-1965). Para la Rai, realizó guiones televisivos del famoso inspector Maigret creado por el novelista belga Georges Simenon (1903-1989).

Se le ha comparado a su paisano el novelista Leonardo Sciascia (1921-1989).

“Mucha veces he dicho y escrito que Leonardo Sciascia para mí es como el taller del coche. Cuando tengo las pilas hasta abajo, vuelvo a leer algunas páginas de sus libros. Tengo siempre a mano sus novelas, como las de Simenon y Borges. Es la manera de razonar de Sciascia, no tanto la de escribir, la que me recarga las pilas.

“Mi relación con él la definiría como intensa, pero en realidad no ha sido así. Por un lado, había amigos suyos que simplemente le llamaban Leonardo, y otros que le decían Nanà. Yo siempre le llamé Leonardo, o sea, que pertenecía a una esfera más externa de sus amigos. Empecé a admirarlo cuando escribí La strage dimenticata (1984), le pasé todo lo que tenía porque deseaba que él escribiera esa novela, todos mis apuntes, todas mis ideas… al final me dijo que sí, con la condición de que yo convenciera a Sellerio para que la publicaran. Y así fue. Por él nació mi gran amistad con Elvira Sellerio”.

La literatura de Camilleri ha sido objeto de tesis doctorales y estudios en universidades de España como Variación lingüística y traducción: Andrea Camilleri en castellano, de Giovanni Caprara, o La divinidad de Salvo Montalbano, de César Martínez Callejo. Opina Caprara:

“El respeto de la adaptación de las imágenes televisivas a las páginas escritas de Andrea Camilleri ha sido una de las mayores prerrogativas de los productores en la serie Montalbano, ayudados en esta tarea y en gran medida por la misma construcción «teatral» o «fílmica» que ya el autor había asignado a sus novelas… Los productores de la serie televisiva han mostrado mayor libertad de interpretación con respecto a los cuentos cortos de Camilleri, mientras para las novelas más largas la fidelidad al autor ha sido mayor.

“El resultado principal de todas estas adaptaciones ha sido la magnífica respuesta del público, compacta y duradera, que ha ido en aumento de capítulo en capítulo; un resultado que si en las primeras versiones ha premiado la novedad de un personaje y la calidad de las producciones televisivas del ciclo Montalbano, en todas las réplicas retransmitidas por la Rai ha sido testimonio no sólo de la fidelidad hacia este personaje, sino también de la disponibilidad del público para seguir con la máxima atención una serie policíaca que los televidentes no quisieran que acabase nunca”.

–¿Es verdad que ya ha escrito el final del comisario? –le preguntaron a Camilleri.

–Le dije adiós para no dejar una serie en suspenso…

“Pensé que una conclusión del personaje podía servir para cerrar bien la serie. En la primera novela, La forma del agua, el personaje de Montalbano no está bien diseñado. Luego escribí El perro de terracota para definirlo mejor. Y me pensaba plantar ahí.

“Fue tal el éxito, que la editorial Sellerio me pidió continuar. Esta propuesta me turbaba muchísimo, porque no sabía si tendría la capacidad de sostenerlo durante años. Ya pasaron más de veinte. Uno debe estar atento para evitar la repetición. Ese es un riesgo enorme.”

–¿Cómo será ese final?

–El Montalbano de mis novelas entra en conflicto con el personaje televisivo. Es una especie de “metanovela”, en la que hasta yo intervengo en primera persona como autor. Es un final que escribí ya hace varios años…

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