Las consecuencias saltan al oído…

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La literatura mexicana para piano y orquesta no es muy extensa y, paradójicamente, menos aún lo es su registro fonográfico. No debe sorprendernos, pues, que inclusive de un concierto emblemático como el de Ricardo Castro ‒el primero en su tipo creado en nuestro país‒ exista apenas una sola grabación, y que un alud de similares no tenga todavía la difusión que merece. De ahí que cualquier esfuerzo por subsanar esta imperdonable laguna sea bienvenido y que a sus promotores deba loárseles y concedérseles la palabra. Gracias a sus empeños, las capas de silencio que acordonan nuestra heredad sonora disminuyen sus espesores y se horadan huecos de luz que nos posibilitan la identificación de lo nuestro. La destacada pianista Claudia Corona (México D.F., 1976) es una de estas heroínas para quien la injusticia del menosprecio no tiene cabida. Desde Alemania, en vía telefónica con ella, tuvo lugar la conversación que aquí reproducimos:

Es muy significativo que una pianista de tu talla resida en el extranjero, mas dinos cuales fueron las causas de tu destierro…

Tengo un fuerte vínculo con Alemania desde mi niñez, ya que viví ahí parte de ella. Regresé siendo adulta para realizar estudios en la Escuela Superior de Música de Friburgo. Fue entonces cuando conocí al compañero de mi vida, con el cual he formado ahora una familia. Esa es una de las razones principales por las que decidí quedarme por acá. Aunque las otras, las de índole artística, descansan sobre la relevancia que tiene la buena música para el pueblo germano.

Sé que fuiste hija única y que tus padres son músicos los dos, ¿procede de ellos tu amor por la profesión y tu disciplina de trabajo frente al piano, o consideras que tu camino es enteramente tuyo?

Definitivamente tuvieron que ver mis padres con encender en mí el amor por la música. Cuando era muy pequeña cantaban mucho conmigo, incluso mis abuelitos y mi tatarabuela… Mis papás eran en ese entonces estudiantes muy jóvenes que practicaban el piano el día entero, por lo que a mí me pareció que la vida consistía, nada más, en « estudiar ». Y así fué como a los tres años de edad le pedí a mi madre que me enseñara a “estudiar”; así comenzó todo…posteriormente tuve como maestro de piano a mi propio padre durante mi estancia universitaria en Jalapa.

En cuanto a tu formación académica sobresalen, como ya dijiste, los estudios en la Musikhochschule de Friburgo y en el Departamento de Música de la Universidad Veracruzana, cabe preguntarte acerca de las diferencias que encontraste entre ambas instituciones…

La formación que obtuve en la Universidad Veracruzana fue muy completa, con muchas materias, métodos efectivos y un sólido entrenamiento con muy buenos maestros. Sin embargo, me parecía que eran muy largos veinte semestres de estudio y, peor aún, que no hubiera posibilidad de adelantarlos de manera oficial. La maestría en Alemania, en cambio, fue muy diferente, ya que únicamente tenía clase de piano y podía concentrarme en estudiar lo que yo quisiera, con un promedio de 7 a 9 horas por día.

En 2013 te echaste a cuestas la enorme tarea de grabar con la Sinfónica de Nüremberg los conciertos para piano de José Rolón (1876-1945) y de Samuel Zyman (1956), háblanos de la génesis de tal empresa…

El proyecto nació a raíz de tocar por tercera vez el concierto de Rolón en Guadalajara, Jal. en 2007, después de haberlo tocado ahí mismo en 2003. La partitura me la obsequió el Mtro. Luis Herrera de la Fuente, y fue la primera obra que conocí de Rolón. La música me cautivó al instante. Sólo que al ensayarla con la orquesta, la partitura del piano simplemente no coincidía con los materiales orquestales y estaba repleta de errores, lo cuál dificultaba una ejecución precisa. Pensé entonces que eso no era justo para la magnitud de la obra y que algo tenía que cambiar. Resumiendo este punto de mi osadía, me enteré de la existencia de la primera versión de 1935, con el manuscrito del propio Rolón, en la colección Fleisher de Philadelphia. Contando con esta primera versión y comparándola con la versión posterior que yo tocaba –que en realidad era una versión revisada y arreglada por Eduardo Hernández Moncada en los 50’s,‒ fue que llegué a la decisión de grabarla. Sólo que para ello tenía que revisar el manuscrito y su concordancia con las partichelas también existentes, lo cuál representó una labor titánica ya que, por supuesto, estaban plagadas de errores… Aparte de este trabajo, fue una proeza encontrar a una orquesta, un director, una disquera con una buena distribución y el financiamiento… Finalmente, la parte menos complicada fue la grabación misma. El Concierto de Zyman ya lo había tocado en varias ocasiones. Es una obra muy emocionante que me incitó a incluirla en aras de contar también con una composición moderna. Debo decir que el concierto de Rolón, con mi versión revisada y corregida, obtuvo aquí su estreno discográfico mundial. La orquesta y yo no habíamos tocado antes; con el director Gregor Bühl estuve previamente en contacto y gracias a eso y a la perfecta preparación de los integrantes de la Sinfónica de Nuremberg, fue posible grabar esta compleja obra en sólo dos sesiones de 5 horas cada una, sin ensayos previos.

Ciertamente sobre Rolón yace una pesada lápida de silencio que, gracias a labores como la tuya, puede comenzar a disolverse. Baste decir que el eminente maestro jalisciense tuvo los tamaños para ser aceptado en la cátedra de Paul Dukas en el Conservatorio de París y que su obra está repleta de maravillas…[1] Sería bueno que nos hablaras de las reacciones de los públicos europeos cada vez que interpretas el repertorio mexicano o latinoamericano y muy especialmente, cuando tocas los conciertos a los que aludimos…

Invariablemente reaccionan con fascinación y asombro, ya que se conoce demasiado poco esta parte de nuestra cultura. Y es igual con la música latinoamericana. Precisamente durante la grabación del disco obtuve este tipo exacerbado de reacciones ya que los músicos, al inicio, no alcanzaban a imaginar cómo iba a sonar esta música.

La crítica internacional ha sido muy elogiosa con tus grabaciones ‒consta por ejemplo en la Gaceta de Baden Baden que “El país de los Aztecas tiene algo más que ofrecer aparte de los grandiosos testimonios de grandes civilizaciones. Se trata de fascinante música clásica para piano en las manos de la jóven artista mexicana Claudia Corona”‒ pero es difícil localizarlas en el mercado nacional, ¿has tenido problemas con las disqueras mexicanas para que hagan diligentemente su trabajo?

Junto con TYXart, el sello alemán de mi disco Mexican Piano Concertos, hemos tenido, efectivamente, dificultad para encontrar una buena distribución del CD físico en las tiendas. Desde hace un año debería de estarse distribuyendo en México a través del convenio que tiene Naxos of America con Urtext Digital Classics. Pero me he enterado que es casi imposible encontrarlo en tiendas; quizá la única manera de obtenerlo sea la de comunicarse con la oficina de los de Urtext en la Ciudad de México.

A manera de coda, valdría la pena que abundaras acerca de la perspectiva sobre México que te da la distancia…

Estoy convencida de que invertir en una amplia educación musical, desde los jardines de niños hasta las escuelas primaria y secundaria, es clave para abrir la conciencia de las futuras generaciones de mexicanos, ya que está científicamente comprobado que la música, el arte que activa y estimula mayormente el cerebro humano, tiene la innegable capacidad para mejorarnos como personas pensantes, sensibles y comprometidas con nuestro entorno. Eso debería de ser prioritario para los gobiernos de nuestra lastimada nación pero, lamentablemente no lo es, y las consecuencias, en todos los rubros, saltan al oído…

[1] Se recomienda la audición de su scherzo sinfónico y, particularmente, de algún movimiento de su concierto para piano y orquesta. Audio 1: José Rolón – El festín de los enanos op. 30. Audio 2: José Rolón – Poco LentoAndante del concierto para piano op. 42. (Claudia Corona, pianista. Nuremberg Symphony, Gregor Bühl, director. TYXart, 2013)

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