Argentina: Macri frente al dólar

BUENOS AIRES (apro).- “El ‘cepo’ se termina el 11 de diciembre”, dijo Mauricio Macri en entrevista con Canal 13, el lunes 23, un día después de haber ganado las elecciones presidenciales de Argentina.

Anunció así que el sistema de control de cambios que rige en Argentina se terminará un día después de que él asuma la jefatura de Estado. “Va a haber un dólar único –abundó Macri–. Espero tener conocimiento de la situación real (de las reservas en el Banco Central) en este momento para poder decir o tener claridad de cuál va a ser ese valor, que tanto preocupa, pero claramente quiero transmitir tranquilidad a los argentinos, que el problema de la Argentina no es el dólar, es la inflación”, dijo el presidente electo.

Por la mañana en conferencia de prensa Macri había evitado las definiciones tajantes sobre el tema: “Creemos en una Argentina que cuando se ordene y realmente genere las condiciones para volver a crecer y vuelva la inversión, va a haber un único tipo de cambio, donde el Banco Central ordenadamente va a intervenir para que esté administrado en franjas”, dijo entonces el político conservador.

Mauricio Macri llega a la presidencia argentina impulsado por la alianza Cambiemos, una formación política que reúne a su partido, Propuesta Republicana (PRO), la Unión Cívica Radical (UCR) y otros partidos menores. Su triunfo en la segunda vuelta electoral del 22 de noviembre, frente al candidato oficialista Daniel Scioli, pone fin a 12 años de kirchnerismo.

Macri no contará con mayoría propia ni en la Cámara de Diputados ni en la de Senadores. Deberá lidiar con gobiernos opositores en la gran mayoría de las provincias. El estrechísimo margen entre un candidato y otro –51.4% a 48.6% de los votos—invita a pensar en un llamado de la ciudadanía a que su clase política se incline por el diálogo y la búsqueda de consensos.

La eliminación de los controles cambiarios y la liberación del precio de la divisa norteamericana a los designios del mercado fue una de las promesas de Macri durante la campaña electoral. La cotización del dólar oficial asciende hoy a 9.67 pesos por unidad. La del dólar “blue” o “libre” en el mercado paralelo trepa a los 15.25 pesos por unidad. Si el dólar oficial –único a partir del 11 de diciembre– llega a esta cifra, la devaluación del peso habrá superado el 50%. El aumento se trasladaría de inmediato a los precios minoristas. Esa es la enseñanza madre de todas las devaluaciones en Argentina.

La escasez de dólares que hoy atraviesa la economía argentina es uno de los problemas más importantes que deberá enfrentar Macri al asumir el cargo. Esta “restricción externa” o “cuello de botella” implica que la economía no dispone de los dólares que necesita.

El problema se presenta de manera cíclica en Argentina. Tiene que ver con la necesidad constante de dólares para el repago de la deuda externa. Y con la estructura productiva del país, que exporta materias primas y necesita dólares para la compra de energía e insumos industriales.

Argentina presenta además una fuerte demanda de dólares de otros actores sociales tales como multinacionales que giran utilidades a sus casa matrices, empresarios locales que fugan divisas, representantes de las clases media y alta que adquieren dólares para el ahorro, la compra de un bien inmueble o viajes al exterior, inmigrantes que envían remesas a sus países de origen, redes de contrabando.

Frente a esta problemática el gobierno de Cristina Fernández instaló en 2011 el “cepo cambiario”. La fuerte restricción de acceso a la divisa estadunidense pretendió paliar la merma en el ingreso de dólares al Banco Central.

Desde entonces sólo se ha permitido la compra de dólares a quienes importan insumos o mercancías, a quienes viajan al exterior o –en menor medida– a quienes pretenden ahorrar en moneda estadunidense. En todos los casos la operación está sujeta a cupos y controles.

El Banco Central ha intentado moderar la demanda de dólares de los particulares elevando las tasas de interés para los depósitos a plazo fijo en pesos.

–¿Cuáles serían las consecuencias en caso de que el nuevo gobierno elimine los controles en el mercado cambiario? –se le pregunta a Ricardo Aronskind, licenciado en economía y magíster en relaciones internacionales.

–La devaluación es una decisión que se ha tomado por fuera del sistema político, tiene que ver con los intereses del alto empresariado argentino y Macri tiene una voluntad enorme de reflejar esos intereses, dice Aronskind a Apro.

“Es una medida irrenunciable, que se va a tomar pase lo que pase, independientemente de toda graduación política”, sostiene el especialista.

Advierte que la devaluación podría desencadenar un salto inflacionario sin relación directa con su impacto de los costos empresariales, superior incluso a la depreciación efectiva del peso.

Históricamente el empresariado trata de recuperar la facturación en dólares anterior a la devaluación. “Son distintas fracciones del empresariado que reaccionan en forma totalmente descoordinada –advierte Aronskind–. Si no hay un programa de gobierno, una idea de dónde se quiere estabilizar la situación, es muy probable que eso derive en una espiral de devaluación-inflación, inflación-devaluación, devaluación-inflación, que a priori no tiene límite”, sostiene.

El analista advierte sin embargo que el momento histórico actual difiere de otros en los que se aplicaron devaluaciones a la moneda. El futuro gobierno no contará con la ventaja de una población previamente vapuleada por el desempleo y la pobreza, como pasó después de la crisis económica de 2001.

“La tasa de desempleo actual del 6% implica una recuperación muy fuerte de la capacidad sindical de actuar. La mínima diferencia por la que Macri ganó las elecciones restringe el margen político y sindical para inducir una caída del salario”, sostiene Aronskind.

Macri ya anunció que impulsará un recorte gradual de los subsidios y un aumento de tarifas de los servicios públicos. Diversos analistas suponen que el futuro gobierno podría optar por financiar el ajuste con endeudamiento externo, a fin de moderar la conflictividad social.

Dolarización

Un problema de más largo aliento que enfrentará el futuro gobierno es la arraigada dolarización de muchas prácticas económicas. Argentina es el país que más dólares por habitante atesora después de Estados Unidos.

La cotización de la divisa estadounidense se consulta aquí tanto como el pronóstico del tiempo. Las clases altas y medias ahorran sobre todo en dólares. El mercado inmobiliario está dolarizado desde hace cuatro décadas.

En Argentina se discute si la relación de los argentinos con el dólar es una cuestión económica o un problema cultural.

“Me resisto a pensar en los términos en los que se dio el debate en Argentina a partir del ‘cepo cambiario’, entre los que sostienen que refugiarse en el dólar es el resultado de una respuesta racional frente al contexto inflacionario, y quienes creen que es el resultado de una respuesta cultural, porque si fuera racional, no cumple con ciertos requisitos, porque no es la opción más rentable”, dice a Apro Mariana Luzzi, doctora en sociología y profesora de la Universidad Nacional de General San Martín.

“Yo trataría de pensarlo como una cultura de la economía”, dice Luzzi, intentando dejar de lado la dicotomía entre “problema económico, racional, explicable por variables objetivas y problema cultural donde intervienen elementos irracionales, inexplicables”.

De hecho quien ahorra en dólares evalúa no sólo la rentabilidad sino también los riesgos. El alza de los precios al consumidor en Argentina ha rondado el 25% anual a partir de 2012. En un contexto inflacionario, el dólar preserva su valor más que la moneda nacional.

“Respecto de otras opciones de ahorro o inversión, el dólar tiene para los hogares, para el inversor no profesional, una enorme ventaja, y es que no hay que saber nada para ir al dólar.

“No hay que comparar tasas de interés ni tener una cuenta en un banco ni pasar por un agente de bolsa ni preocuparse por las rentabilidades a lo largo del tiempo”, explica Luzzi.

A esto hay que agregar que muchos argentinos le asignan gran importancia a operar por fuera del sistema financiero. El congelamiento y devaluación de depósitos bancarios, como el “corralito” de 2001, aún pesa en el subconsciente colectivo. La economía informal ocupa hoy, por otra parte, a un tercio de los asalariados argentinos. Muchas empresas tienen parte de su contabilidad “en negro”.

El mercado inmobiliario argentino constituye una excepción en la región desde hace décadas. Los precios se denominan en dólares. Las operaciones de compra y venta de propiedades se realizan en moneda estadunidense.

En su estudio El origen de la dolarización inmobiliaria en Argentina (Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, 2013), los sociólogos Alejandro Gaggero y Pablo Nemiña puntualizan tres consecuencias negativas de este fenómeno.

“Primero, a nivel simbólico, obliga a manejar dos referencias de medida dependiendo del tipo de transacciones que se realice –se expresa–. Así, se ‘piensan en pesos’ las transacciones cotidianas pero se ‘piensan en dólares’ las operaciones de inversión a largo plazo, entre ellas, la compra de una propiedad.

“Segundo, a nivel cambiario, obliga a disponer de dólares billetes a quien desee adquirir un inmueble. Tercero, a nivel estructural, contribuye a agravar la escasez de divisas, en tanto determina una innecesaria demanda de dólares que reduce las reservas disponibles para sostener el proceso de desarrollo”, se explica.

“Lo particular del contexto argentino es que los patrimonios se valúan en dólares”, agrega Luzzi.

“El que quiere contar cuánto tiene, o cuánto le falta o cuánto quiere tener, no lo cuenta en moneda nacional. Este es un problema a la hora de pensar la política económica. Pero es un problema diferente de la escasez o no de una moneda que no es la moneda nacional”, sostiene.

–¿Es posible desdolarizar las prácticas económicas que hoy imperan en Argentina? –se le pregunta a la socióloga.

–La política del dólar no debería pensarse de manera independiente del funcionamiento del sistema financiero ni del mercado inmobiliario, dice Luzzi.

Propone que los servicios financieros sean pensados como servicio público y que se creen alternativas de ahorro no sofisticadas para pequeños inversores, dentro del sistema financiero formal, que otorguen liquidez y un rendimiento por encima de la tasa de inflación.

Por lo pronto el presidente electo se dispone a levantar el “cepo cambiario” al asumir su cargo. “No va a haber ‘cepo’ porque no va a ser importante la compra de dólares, porque vamos a tener una moneda sana, sin inflación”, explicó Macri en julio de 2015.

En su afán de desdolarizar las prácticas económicas la presidenta Cristina Fernández fue algo más lejos. En junio de 2012 predicó con el ejemplo transfiriendo ahorros que tenía en dólares a depósitos en pesos. Algunos funcionarios y seguidores emularon esta acción. La depreciación del peso les hizo perder a todos grandes cifras.

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