Europa: el terror que llegó para quedarse

BERLÍN (apro). El encuentro el pasado 17 de noviembre entre las selecciones de futbol alemana y holandesa, eternos rivales en la cancha, tenía esta vez un significado especial, más allá del deportivo. Se había convertido ante todo en un símbolo de democracia y libertad y de solidaridad con el pueblo francés que sólo cuatro días antes había sufrido el mayor atentado terrorista de los últimos tiempos.

Ya estaba todo listo para esa noche especial: la HDI Arena de la ciudad de Hannover, con capacidad para 45 mil espectadores, estaba decorada con los colores azul, blanco y rojo y una gran bandera francesa ondeaba enlazándose con la alemana como símbolo de fraternidad. Desde dos horas antes de que iniciara el partido la orquesta de la ciudad ensayaba sobre el césped de la cancha la Marsellesa que sería entonada antes del pitazo inicial; los primeros asistentes comenzaron incluso a ingresar al estadio y a ocupar sus sitios.

Más aún, la canciller federal Angela Merkel y parte de su gabinete se encontraban ya en camino para ser también parte del público de este encuentro especial.

Pero las cosas cambiaron. De repente la policía comenzó a evacuar a los presentes. Minutos después el ministro del Interior alemán Thomas de Maizière comparecería ante los medios de comunicación para informar que por razones de seguridad el encuentro tenía que ser cancelado: las autoridades habían advertido de un inminente ataque terrorista para esa noche en el estadio.

La repentina cancelación del evento impactó en todos sentidos a la política y al ánimo alemán y dejó en claro lo evidente: el fundamentalismo del Estado Islámico dio un golpe certero a Occidente no sólo al asesinar a más de 120 personas la noche del 13 de noviembre en los atentados terroristas de Paris, sino al infundir el terror en todo el continente europeo que hoy asume con todas sus letras que el terror llegó a este lado del mundo para quedarse.

No sólo en la capital francesa, belga o inglesa se encendieron los focos rojos. Alemania, considerada la nación más poderosa y motor económico de Europa, reconoció lo que no quería: su vulnerabilidad y alta exposición a sufrir un atentado similar al perpetrado en París.

El mismo día en que se canceló el partido entre las selecciones alemana y holandesa, también fue cerrada y evacuada la estación central de trenes de Hannover y una sala de conciertos al ser encontrado en cada una un paquete sospechoso.

En todos los casos, incluido el del estadio de fútbol HDI Arena, y luego de sendos operativos a cargo de la policía y los servicios de inteligencia no se encontraron objetos explosivos ni hubo detenciones de sospechosos. El miedo sin embargo se apoderó de la nación.

Las noticias en la televisión y medios impresos así como los programas de debate tan comunes y apreciados en Alemania no dejaron y no dejan aún de cuestionar cómo enfrentar la nueva amenaza terrorista que dejó al descubierto el ataque en París: no existe fuerza de seguridad capaz de vigilar y resguardar las 24 horas centros de reunión popular como cines, discotecas, restaurantes, salas de conciertos y demás.

Preguntas que hasta hace unos días nadie se planteaba revolotean hoy en la mente de ciudadanos y autoridades: ¿Será seguro acudir a los partidos de la Bundesliga que se encuentra en plena temporada? ¿Los tan populares mercados de Navidad de todo el país que tuvieron su inauguración oficial el pasado lunes 23 son un lugar de riesgo para visitar? ¿Viajar en la amplia red del sistema de trenes alemanes también representa un peligro?

Psicosis

El discurso oficial insiste en que la vida y la libertad de los alemanes no debe cambiar. Eso, dice, sería capitular ante los extremistas. Sin embargo la vida pública de los ciudadanos dista de esa “normalidad”.

La policía que vigila la ciudad porta chalecos antibalas y ametralladoras. Si bien los partidos de la Bundesliga no se han suspendido sí se desarrollan bajo medidas estrictas de seguridad. Una de ellas, la exhaustiva revisión policiaca de los aficionados antes de ingresar a cualquier estadio. Los juegos pirotécnicos han sido prohibidos en todas sus modalidades en cualquier evento público y cualquier objeto o persona fuera de lo común se convierte en un potencial sospechoso.

Tan sólo en Berlín, de acuerdo con el presidente de la Policía de la ciudad Klaus Kant, a 10 días de los ataques en París la capital alemana ha recibido al menos 60 indicios de posibles atentados, seis en promedio por día aunque hubo algunos en que el promedio subió a ocho.

El funcionario señaló en declaraciones a la cadena local de televisión rbb que durante la semana posterior a los atentados las denuncias sobre situaciones de aparente peligro apuntaron a hombres y autos “sospechosos”, muchos de ellos con placas de Bélgica. Y la realidad es que en prácticamente ninguno de los casos se ha encontrado evidencia que confirme la sospecha.

Otro grupo de personas que se ha visto señalado como posible sospechoso son los refugiados provenientes de Siria, Afganistán e Irak y que suman miles ya en Alemania. Tampoco en este caso ha existido la confirmación de una sola denuncia al respecto.

La Oficina Federal de Investigación Criminal alemana (BKA, por sus siglas en alemán) informó que hasta el momento ha recibido 120 advertencias que apuntarían a supuestos terroristas que se habrían hecho pasar como refugiados para ingresar a territorio alemán. En ninguno de los casos se ha comprobado que eso sea cierto, informó el titular de la dependencia.

Riesgo real

Lo cierto es que el gobierno alemán tiene identificados en todo el país a 420 sujetos considerados como altamente peligrosos, toda vez que podrían cometer cualquier tipo de acto terrorista en cualquier momento dentro del territorio teutón. Y aunque conoce sobre ellos resulta imposible poder vigilar día y noche las actividades de cada uno.

Así lo reconoció el presidente de la BKA, Holger Münch: “Legalmente es imposible y en los hechos tampoco lograríamos hacerlo (tenerlos bajo lupa). Lo que debemos hacer es saber dónde están esas personas y recibir información sobre lo que hacen. Tras los sucesos de París tenemos que desarrollar un plan para vigilarlos y saber lo que están haciendo para prepararnos ante posibles atentados que se estén preparando en nuestro territorio”, dijo en declaraciones a la televisión alemana.

Luego del atentado de enero pasado a la revista francesa Charlie Hebdo el gobierno alemán decidió incrementar el número de su personal especializado en la lucha contra el terrorismo islámico dentro de la policía federal y de los servicios de inteligencia. Sin embargo, a decir del propio Münch, la capacitación de dicho personal requiere tiempo y de momento la capacidad de la autoridad se ve rebasada.

“Tenemos que decir que esa gente nueva también tiene que ser preparada y formada y eso dura años. Lo que ahora necesitamos es un alto rendimiento en poco tiempo. Es una gran reto, lo sabemos”, reconoció.

En Berlin, por lo pronto, y a partir de los atentados del pasado 13 de noviembre, ya se decidió destinar para el próximo año una partida de 33 millones de euros en la formación y capacitación de un cuerpo especial de 75 personas -entre especialistas en computación, investigadores y fuerzas de seguridad- para combatir a los extremistas en la capital alemana.

Vulnerabilidad

Investigadores y periodistas especializados en el tema coinciden en señalar que hasta el momento Alemania no ha sufrido un atentado terrorista de grandes y graves dimensiones no porque esté fuera del objetivo de los milicianos islamistas, sino por algo tan banal como la suerte.

Ya el antiguo presidente de los servicios secretos alemanes, August Hanning, dijo una vez: “Se puede tener suerte cinco, seis o hasta siete veces. Pero habrá una octava ocasión en que la suerte falle”.

Y sí. Una frase que hoy es popular dentro de los servicios secretos del país refleja la realidad: “La pregunta ahora no es más si sucederá o no un atentado, sino en qué momento se presentará éste”.

Con la decisión tomada el 27 de noviembre por el gobierno encabezado por Angela Merkel de enviar a Siria como apoyo a la solicitud de Francia seis aviones tipo Tornado de reconocimiento, una fragata para proteger al portaaviones Charles de Gaulle, un satélite y recarga de combustible, se abre un nuevo capítulo.

Y es que hasta el momento Alemania se había mantenido al margen respecto a la posibilidad de participar directamente en una coalición contra el EI.

Durante la exposición de motivos vertida ayer por la ministra federal de Defensa, Ursula von der Leyen, ésta fue clara: “Todos hemos visto que los problemas se cruzarán en nuestro camino si no nos hacemos cargo de ellos a tiempo. Si queremos combatir el terrorismo y las razones que hacen que la gente emigre, entonces tenemos que hacerlo localmente”, argumentó.

Se trata de una decisión polémica que aún tendrá que ser ratificada por el Parlamento alemán, aunque se espera que sea aprobada por mayoría.

Tras el anuncio sólo el partido La Izquierda (Die Linke) criticó severamente la decisión al considerar que la participación alemana no sólo no ayudará a aniquilar al EI sino que aumentará la vulnerabilidad de Alemania frente a posibles atentados.

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