Pactan acuerdo “histórico” contra el cambio climático en la COP-21

PARÍS/LE BOURGET (proceso.com.mx).- Los 195 países reunidos desde hace dos semanas en la Cumbre de París llegaron a un acuerdo sin precedentes contra el calentamiento global, que compromete a los países negociadores a reducir sus emisiones de carbono.

Calificado de “histórico” por el canciller francés Laurent Fabius, encargado de conducir las negociaciones climáticas, el Acuerdo de París, firmado este sábado por 195 países en el marco de la Conferencia de Naciones Unidas (COP-21), marcará un punto de inflexión en materia de la lucha contra el cambio climático, según expertos climáticos y ONG.

Por primera vez, un acuerdo universal fija una meta única para evitar el aumento excesivo de la temperatura global, que podría causar, entre otros efectos devastadores, la subida del nivel del mar, sequías y la multiplicación de los ciclones, según la comunidad científica.

En el artículo 2 del Acuerdo de París, adoptado este 12 de diciembre tras dos semanas de negociaciones que se alargaron durante varias noches, las partes se comprometen a “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1.5 grados centígrados”. Para las organizaciones no gubernamentales (ONG) que luchan desde hace años para poner fin al uso de las energías fósiles, cuya combustión contribuye al aumento de la temperatura mundial, el texto alcanzado en París podría reorientar la economía mundial hacia otro modelo energético mediante el uso de alternativas como la energía solar, eólica o geotérmica.

“El Acuerdo de París pone a las industrias de las energías fósiles en el lado equivocado de la historia”, declaró Kumi Naidoo, director general de la ONG Greenpeace, tras la publicación del acuerdo.

Tanto las ONG como los expertos en clima consultados por Proceso recalcan la importancia de la mención de una meta de 1.5 grados centígrados, el resultado de un pulso diplomático de quince días en el recinto ferial de París Le Bourget que acogió a cerca de 10 mil personas, entre delegados nacionales, representantes de la sociedad civil y periodistas.

Además, las naciones buscarán que “las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo lo antes posible”, con el fin de lograr un equilibrio entre las emisiones humanas y su absorción por los sumideros “en la segunda mitad del siglo”, dice el artículo 4 del acuerdo que cuenta con 12 páginas, más 19 de “decisiones” con efecto inmediato. La “absorción del carbono” que se menciona en el texto consiste en atenuar las emisiones gracias a la extensión de los bosques o a técnicas de captura del carbono para su almacenamiento.

Una vez que entre en vigor en 2020 –tras su ratificación por 50 países mínimo–, el Acuerdo de París será “vinculante”, subrayó el canciller francés Laurent Fabius. En realidad, el cumplimiento de los objetivos generales del acuerdo recae principalmente en la buena voluntad de los países que presentaron sus contribuciones a nivel nacional (INDC, en el lenguaje de Naciones Unidas). México prevé por ejemplo reducir en un 22% sus emisiones de GEI para 2030, según el documento presentado ante la ONU.

Se estableció entonces un mecanismo de revisión periódica de los objetivos de reducción de los gases de efecto invernadero (GEI), principal causa del cambio climático. Según el texto acordado en París, los países reevaluarán cada cinco años a partir de 2025 estos objetivos nacionales, sin posibilidad de reducir sus ambiciones.

Varias ONG observadoras de la COP21, consideran, sin embargo, que esta ambición es insuficiente y urgen reevaluar ahora las metas nacionales de reducción de emisiones contaminantes, y no en 2025 como lo establece el Acuerdo de París.

Pascal Canfin, ex ministro de Desarrollo de Francia y director electo de la ONG ambientalista WWF Francia considera que la fecha de 2025 es demasiada tardía. “Los próximos 15 años serán decisivos para mantener por debajo de 2 grados centígrados el aumento de la temperatura, según el Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático de Naciones Unidas.

Acuerdo “ambicioso”

Fueron los países insulares, amenazados por la subida del nivel de los océanos, quienes, desde el inicio de las negociaciones, insistieron para que se limitará a 1.5 grados el aumento de las temperaturas globales durante el siglo. Dicha cifra era para los países más vulnerables al cambio climático una condición no negociable. Constituye un objetivo dos veces más ambicioso que los compromisos actuales de los países ya que en su estado actual, las metas nacionales en materia de reducción de emisiones (INDC) solo limitarían a 3 grados el aumento de la temperatura global. A lo largo de la negociación varios pesos pesados de la economía mundial como Estados Unidos y la Unión europea se juntaron al pedido de las naciones más vulnerables al cambio climático y lograron torcer el brazo de países como Arabia Saudita, que frenaron tanto como pudieron, la firma de un acuerdo ambicioso.

Varios analistas consultados por Proceso tras la publicación del pacto de París, consideran que el texto encamina el mundo hacia un modelo energético más limpio. “Tenemos aquí una meta de largo plazo de cero emisiones para mediados del siglo, con un mecanismo de revisiones. Esto manda una señal muy poderosa a los mercados”, apunta Michael Jacobs, experto de la New Climate Economy y ex consejero del primer ministro británico Gordon Brown.

Según Jacobs, “el acuerdo constituye una señal para los inversionistas: el mundo va hacia una irreversible e irrevocable reducción de emisiones y si invierten en tecnologías limpias ganarán mas dinero”.

Para impulsar la transición energética en los países pobres y ayudar a las naciones vulnerables, los países desarrollados aceptaron movilizar 100 mil millones de dólares anuales de aquí hasta 2020, una meta financiera que se redefinirá antes del 2025, sin posibilidad de ser recortada, y que será destinada a proteger los bosques, así como a incentivar la transición energética en los países pobres en desarrollo.

François Gemenne, especialista en geopolítica ambiental en la Universidad de Lieja en Bélgica afirma que el Acuerdo de París tiene un carácter casi histórico. “Es la primera vez que los estados se ponen de acuerdo para una visión común. Si los acuerdos de Paris marcan el día 1 del fin de las energías fósiles, efectivamente dentro de 5 o 10 años podremos decir que este acuerdo fue histórico”, dijo a Proceso.

A la pregunta de ¿quién gana y quien pierde en esta negociación?, el académico respondió que “se han alcanzado unos logros muy importantes como incluir la meta de 1.5 grados (de aumento máximo de la temperatura global comparando con la era preindustrial). Es una victoria simbólica para los países en desarrollo. Y a cambio de esta victoria, hay puntos débiles en materia de derechos humanos, de justicia climática, de financiamiento o de las migraciones”.

Los expertos en políticas ambientales coinciden en que el Acuerdo de Paris dará un impulso sin precedente a las energías renovables. En la opinión de Omar Vidal, director de la ONG ambientalista WWF México, el texto manda “un mensaje muy claro: para llegar a una meta de largo plazo, de abajo de 2 grados de aumento de la temperatura, tenemos que transformar la economía hacia niveles muy bajos en carbono.”

“Y eso implica en el caso de México por ejemplo que los subsidios a los combustibles fósiles tienen que desaparecer y redirigilos a las energías renovables. El acuerdo va a ayudar a México, un país que es petrolero, a que su matriz energética sea mucho más diversificada y prepararse cuando ya no haya petróleo”, agregó en entrevista con Proceso.

-¿Y podrá México recibir algún tipo de ayuda internacional gracias al Acuerdo de París?

-“Sí, porque México condicionó una parte de su meta de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a la firma de un acuerdo vinculante, y siempre y cuando haya financiamiento y transferencia de tecnología’, respondió Vidal.

“Si México aumenta su ambición, puede recibir recursos financieros y transferencia de tecnología”, insistió.

Por la noche, el conjunto de las organizaciones no gubernamentales presentes en la COP-21 saludaron la adopción de un acuerdo universal a favor del clima. Pero “el trabajo para hacer realidad este acuerdo y que los gobiernos cumplan apenas empieza”, concluye Omar Vidal.

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