Chile: La llamada de un asesino

VALPARAÍSO (apro).- Como una gran ola que nace de un mar en calma, la sociedad chilena se estremeció el pasado 9 de septiembre ante el escalofriante relato del exconscripto del Regimiento Carampangue del Ejército, Guillermo Reyes Rammsy, de 62 años, quien con el alias de Alberto, confesó en el programa El chacotero sentimental los crímenes que cometió tras el golpe militar de 1973, cuando tenía 18 años y cumplía el Servicio Militar Obligatorio.

Eran las 14:32 horas. Al otro lado del teléfono estaba Roberto Artiagoitía –más conocido como Rumpy— popular locutor radial que desde hace 19 años conduce dicho programa, donde “abre las líneas telefónicas para escuchar las aventuras, penas y pecadillos de los radioescuchas que necesitan su asistencia profesional”, según presenta Radio Corazón, en su página de Internet.

Ese día todo fue distinto. Un radioescucha contó con lujo de detalles durante 25 minutos cómo asesinó a muchas personas tras el golpe militar ocurrido el 11 de septiembre de 1973. Él era de Iquique aunque en su relato sólo dijo que provenía de una ciudad del norte.

“Viene el golpe militar y nos mandan para Santiago donde conocí la extrema violencia. Caché (comprendí) lo malo que puede ser uno. Antes éramos hippies, amor y paz, y ahí había que salvarse como sea”, señaló.

Siguió el relato: “Te tiraban a cagar… ahí te das cuenta que los huevones que te disparaban tenían las puras ganas pero no tenían la técnica. Los milicos tenían técnica y eso era un valor”.

Alberto aseguró que los superiores “te avivaban la cueca: ‘¡dispare soldado!, ¡valiente, valiente!’”, le decían.

–Así que disparabai: ¡pahh! ¡pahh! ¡pahh!… y cachai que diste y quedai como contento, era mejor que la marihuana esa hueva, sostuvo al aire.

–¡Perdón!, ¿a quién baleaste?, interrumpió sorprendido el Rumpy.

–Yo era soldado, estaba haciendo el servicio militar. Fue para los enfrentamientos en Santiago, para el 73. No sabía cómo se llamaban.

–Espérate, ¿voh mataste gente?.

–Si po’h huevón. ¿Qué creís? si estabai obligado: si no lo hacíai te mataban los milicos (…) A veces uno actuaba por maldad y como que te gustaba y te volviai loco… Luchabai contra ese sentimiento.

En la medida que avanzaba este relato, por todo Chile se corría la voz respecto de lo que en El Chacotero estaba sucediendo.

De pronto el exconscripto sacó a la luz una relación amorosa que habría tenido con una joven mujer, a quien llamaba “la italiana”. Contó que estando ya en el Ejército, pero antes del golpe, se enteró por las páginas sociales de un diario que ella se casó con un regidor de izquierda. “Fue terrible”, manifestó.

Enseguida volvió a la oscuridad del relato criminal. Dijo que cuando terminó el servicio militar y momentos después de tener una fogosa relación sexual, ella –como siempre hacía tras terminar un coito–, le preguntó si sabía quién mató a su marido. Entonces él le habría confesado que participó en la cuadrilla que lo mató.

Así reconstituyó ese crimen ante una audiencia que ya se percibía como numerosa y atónita en las redes sociales: “Yo participé en una patrulla. El gallo amarrado. Un balazo en la cabeza, dinamita, ¡y ah! ¡No quedaba ni la sombra poh!”, narró.

El relato continuó. “Llevábamos a varios de estos tipos a la Pampa (desierto) y les pegábamos un balazo en la cabeza ¡Y pah! ¡No quedaba ni la sombra!”, reveló.

–Para mí, lo que estás narrando, es una historia muy dura y muy terrible–, interrumpió el Rumpy.

–¿Has escuchado dónde están los desaparecidos? ¡Nadie ha dicho dónde están los desaparecidos, porque no están! ¡Están totalmente desintegrados!

En un momento de su narración Alberto contó que su vivencia de lo ocurrido tras el golpe militar la había escrito y estaba disponible en el blog Desperdicio Militar Obligatorio, que es firmada por otro de sus alias: Soldado hippie Demian.

Odio de muerte

“Esta historia es real, fue escrita en un lenguaje vulgar y grosero, por un hippie marihuanero, cuando fue un soldado conscripto de baja cultura y estirpe social, donde pasé a formar parte del mundo misterioso y desconocido de los militares (…) y conocí la lujuria de la vida y lo afrodisiaco de la muerte”.

Así comienza su blog.

Reyes Rammsy rememora allí que el día del golpe fue trasladado en un avión Hércules, al capitalino aeropuerto Cerrillos de Santiago, al que llegó a la una de la madrugada. “Nos llevaron en micros al Club de Suboficiales (…) Todos estábamos atrapados en la violencia, con el título de ‘Golpe Militar’ ¡Qué mierda! ¡Qué tortura!”.

Relata que lo destinaron a labores de custodia callejera en la elegante comuna de Providencia.

“¡Qué ricas las santiaguinas! Casi puras rubiecitas; estaba loco mirando potos que iban y venían. Sin saber cómo ni por qué, al hacer avanzar a los autos, uno de ellos se abalanzó en forma amenazadora y veo que desde la ventana derecha sale un brazo con una pistola disparando. No sé cómo, por instinto, me tiré al suelo, entre asustado y sorprendido; no sé cuántos disparos hizo, pasando a escasos centímetros de mi, cuando quise reaccionar, ya no había auto ni nada (…) llegó el comandante de la Escuela de Telecomunicaciones, preguntándome: ‘¿Por qué no disparaste?’. No le contesté: sólo lloriqueaba asustado.”

Agregó: “Me recriminaba por no haber reaccionado y disparado, como soldado. Al haberme disparado, los güeones, mataron al hippie de amor y paz, y nació el odio de muerte”.

Dijo que al llegar al cuartel se sintieron unos balazos.

Y continuó con su relato: “El soldado que estaba delante se esfumó (…) descubro que los disparos venían de un edificio que da al costado de la Escuela de Telecomunicaciones. Disparaban desde un séptimo piso; no sé como apunté hacia la ventana y comencé a disparar. Dos balas dieron de lleno en el ventanal. Fueron unos segundos de pánico y coraje. Escuche: ¡Alto al fuego! El oficial de guardia se acercó, preguntando si estaba herido. Yo estaba bien, no tenía nada. Él ordenó, al igual que a otros soldados, ‘¡sígueme!’ (…)

“Llegamos al departamento desde el cual habían disparado. Nos encontramos con un hombre armado y herido en su hombro, casi colgando su brazo; ahí mismo el oficial le disparó una ráfaga.

Esperando unos segundos, ingresamos al departamento. En el interior había dos muertos con impactos de balas en la cabeza y hombros, también había fusiles AKG rusos y municiones.Registramos todo el departamento; encontramos armas, literatura marxista. Los muertos tenían identificación cubana.

“‘¡Bien soldado! ¡Te felicito! -me dijo el oficial- fuiste el único que reaccionó. Los otros pelaos güeones, sólo atinaron a esconderse. Excelente puntería, acotó.

“Por primera vez, saboreé la muerte; la muerte que sabe amarga. Porque, para el que mata, nace un sentimiento de angustia y temor, ante una horrible realidad. Para mí, era hiel y veneno. Sentía en ese momento una especie de locura interna. Algo en mí había muerto… y algo en mí también había nacido. Me vanagloriaban de un delito, como un acto heroico… en una hora dolorosa y amarga, sintiendo sobre mí un secreto y una culpa.

Sentimiento de culpa

El relato del exconscripto estremeció al país y puso una vez más el tema de los derechos humanos en el primer plano de la agenda nacional. La Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones, por órdenes del ministro Mario Carroza, inició una voraz búsqueda de este hombre, que fue hallado en Valparaíso apenas el viernes 11.

Fue llevado ante el juez Carroza quien lo interrogó y posteriormente procesó por dos homicidios calificados registrados en el centro de prisioneros políticos de Pisagua. Además, decretó su arresto domiciliario total, estableciendo que considerará como atenuante la disposición a confesar su participación en los crímenes.

La hija de procesado, Maurin Reyes, señaló al diario La Estrella, de Iquique, que su padre “se desahogó: son 40 años que él lleva esto guardado, es la verdad que no quieren escuchar. Mi papá es una víctima de la dictadura tal como son los presos políticos, los torturados… muchos conscriptos fueron utilizados”, expresó.

En entrevista con Apro el destacado abogado de derechos humanos, Nelson Caucoto, abordó el impacto surgido ante la irrupción de Reyes Rammsy. Lo primero que expresó es que “si el juez ha llegado a dar un paso superior, al determinar el procesamiento de la persona, implica que lo relatado por este exconscripto son hechos coherentes y que se corresponden con la realidad”.

Hizo una segunda reflexión: “Al interior de la sociedad chilena existe mucha información que no ha sido entregada a través de los canales correspondientes a los procesos judiciales”.

Puntualizó que actualmente se encuentran abiertas mil 40 causas por violaciones a los derechos humanos, pese a que han pasado casi 42 años del inicio de la dictadura militar.

“Entonces lo expresado por este exconscripto –continuó-, hay que recogerlo con beneplácito porque muchos en situación similar han permanecido en silencio, guardando importante información”.

Dijo que es bueno “para la sanidad colectiva de la sociedad” que se puedan aclarar estos casos. Y que esto también será positivo para la salud de los individuos que se han guardado información, “lo que les hace muy mal con el transcurso del tiempo”.

Añadió: “la consciencia es un tema demasiado acuciante para cualquier ser humano: no lo deja vivir, no lo deja dormir tranquilo, no lo deja estar en paz”.

Este jurista –que consiguió en 2003 que por primera vez se condenará a la plana mayor de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), en el caso por la desaparición de Miguel Ángel Sandoval Rodríguez–, abordó la posibilidad de que una persona pueda ser condenada, habiendo cometido el señalado tipo de ilícitos, siendo un conscripto.

“Indudablemente que muchos conscriptos también son victimarios, pero a nivel del derecho, existe la figura de la ‘inexigibilidad de otra conducta’; es decir: ‘yo no puedo exigirle a otra persona ajustarse al derecho si eso atenta contra su propia persona, o si un tercero puede atentar contra esa persona si no obedece’”, sostuvo.

Prosiguió: “Desde el punto de vista jurídico, es complicado que se pueda condenar a un conscripto, siendo la escala más baja del eslabón de la jerarquía militar, sobre todo considerando la edad que tenían: 18 ó 19 años”.

Confiesa que él es de la idea que a ellos hay que liberarlos de responsabilidad. Sin embargo, es enérgico en señalar excepciones. “Si hay un conscripto que, más allá de todo lo que he dicho, le gusta matar, siente un placer al matar, bueno, a ese habrá que condenarlo, simplemente porque ya no es un ser humano. Es una bestia”.

 

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