Los Ardillos siembran terror en Guerrero; nahuas huyen de sus comunidades

CHILPANCINGO, Gro. (apro).- Al menos dos pobladores de Tlapehualapa fueron asesinados luego de que sicarios al servicio del grupo delictivo Los Ardillos atacó la comunidad vecina de Quetzalcoatlán de las Palmas, en el municipio de Zitlala, donde fueron ejecutadas seis personas y cuatro más resultaron heridas.

La terrible situación que se vive en esta franja de la región Centro de la entidad provocó desde ayer un éxodo de indígenas nahuas de ambos poblados, quienes reprocharon la presunta protección que brindan autoridades de los tres niveles y el Ejército a la banda criminal afincada en el municipio de Quechultenango, que presuntamente dirige la familia del líder perredista Bernardo Ortega Jiménez.

“Preferimos irnos a Sinaloa o Sonora como jornaleros a que nos sigan matando simplemente porque no queremos apoyar a Los Ardillos”, expresó un poblador de la zona consultado este día por Apro.

Por su parte, el Ejército tomó el control de la cabecera municipal y realiza sobrevuelos en la zona de conflicto con el propósito de resguardar el paso de los desplazados de la narcoviolencia, quienes están abandonando sus pueblos para autoexiliarse en el poblado de Zitlala, que en lengua náhuatl significa “Lugar de Estrellas” y conocido a escala mundial por la mítica ceremonia denominada La pelea de jaguares que realizan los pueblos originarios durante los ancestrales rituales de “petición de lluvia” en mayo.

Al respecto, las víctimas consultadas por esta agencia lamentaron que mientras ellos están abandonando sus pueblos, el Ejército y los gobiernos estatal y federal no hacen algún operativo en la comunidad de Tlaltempanapa, actual base de Los Ardillos y lugar desde donde presuntamente salieron las “caravanas de la muerte” contra Quetzalcoatlán de Las Palmas y Tlapehualapa.

Ayer, Apro dio a conocer que de acuerdo con el testimonio de habitantes de esa franja de Zitlala que conecta con la zona conocida como el Alto Balsas, pistoleros de Los Ardillos que se asumen como policía comunitaria en Tlaltempanapa exigieron a las autoridades de las comunidades de Tlapehualapa, Quetzalcoatlán de Las Palmas y Tlalcozotitlán que formaran “guardias comunitarias” para impedir el paso de Los Rojos; de lo contrario, advirtieron que “pronto los visitarían”.

Por ello, los pobladores afirmaron que los ataques de ayer contra las humildes comunidades indígenas nahuas fue la respuesta de Los Ardillos ante la negativa de los comisarios de sumarse a las actividades de este grupo delictivo.

Fuentes oficiales indicaron que en los municipios de Chilapa, Zitlala, Tixtla y Mártir de Cuilapan se libra una brutal confrontación entre pandilleros al servicio de la banda de Los Rojos, que encabeza Zenén Nava Sánchez, El Chaparro, y gavilleros del grupo de Los Ardillos, que dirige Celso Ortega Jiménez, hermano del expresidente del Congreso y actual dirigente del PRD, Bernardo Ortega.

A pesar de que las autoridades estatales y federales tienen conocimiento desde hace más de tres años sobre esta situación, se han limitado a observar la brutal confrontación, dejando a su suerte a la población que se encuentra a merced de la delincuencia como en otras regiones de la entidad.

Las seis víctimas fatales del poblado de Quetzalcoatlán fueron trasladadas por sus familiares a la cabecera municipal de Zitlala, donde realizaron los funerales en instalaciones municipales.

Mientras que autoridades locales presumieron en redes sociales el apoyo a los desplazados de la narcoviolencia de Zitlala, difundiendo fotografías de los ataúdes y cobertores que fueron donados por el alcalde priista Roberto Zapoteco y el gobierno estatal que encabeza Héctor Astudillo Flores, también del PRI.

En tanto que habitantes del pueblo de Tlapehualapa afirmaron que al menos dos personas fueron asesinadas por el mismo comando que irrumpió durante la madrugada en Quetzalcoatlán de Las Palmas en plena noche de Reyes.

Este hecho aún no confirmado por las autoridades elevaría a ocho la cifra de muertos en Zitlala.

En ambos poblados el panorama es de desolación y se suspendieron todo tipo de actividades y servicios de salud y educativos, afirmaron las personas entrevistadas, quienes pidieron el anonimato.

Hasta el momento la administración de Astudillo ha hecho mutis ante el drama que viven los indígenas nahuas de Zitlala que decidieron sobrevivir como jornaleros en otras entidades, orillados por la narcoviolencia que azota la entidad.

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