La pesadilla de la nochevieja en Colonia

Berlín (apro).- La noche del pasado 31 de diciembre la joven alemana Anne, de 27 años, tenía planeado celebrar con su novio la llegada del Año Nuevo en el centro de Colonia, la ciudad donde reside.

Cuando la pareja bajó del tren en la estación central, cerca de la medianoche, sintió de inmediato una atmósfera pesada. Una multitud se arremolinaba dentro y fuera de la estación, y la terminal de trenes que conduce a la famosa Catedral de Colonia, también con una plaza y amplias escalinatas, en el corazón de la ciudad, estaba a reventar. Más tarde la policía reportó que en la zona se habían concentrado alrededor de mil personas.

Muy pronto, Anne se dio cuenta de que el ambiente extraño que percibió al bajar del tren tenía que ver con que la inmensa mayoría de las personas reunidas en el lugar se desplazaban en pequeños grupos, a gritos y alcoholizados. También notó que la apariencia física de casi todos revelaba que eran originarios de países del norte de África o árabes. Lo confirmó al no entender la lengua utilizada por aquellos.

La sorpresa se convirtió en terror cuando la joven comenzó a ver a algunas chicas y mujeres jóvenes –muy pocas– con rostros desencajados y llenos de pánico, algunas llorando y otras pidiendo ayuda al verse rodeadas por esos grupos de hombres.

Temerosa, Anne se aferró al brazo de su novio, pero ello no evitó lo que vino después: “Apenas y puedo describirlo. Me sentí totalmente incómoda y poco tiempo después sentí la primera mano en mi trasero”, relató la mujer al semanario Der Spiegel.

* * * *

Lo que ahí sucedió la madrugada del 1 de enero ha conmocionado e indignado a toda Alemania: esa noche varias mujeres, supuestamente alrededor de cien, debido al número de denuncias presentadas hasta el momento, fueron robadas, atacadas y violentadas sexualmente por una horda de hombres jóvenes poseídos por una agresividad fuera de lo común, generada por el exceso de alcohol.

Lo peor: el caos y la violencia rebasaron por completo a la policía alemana que, impotente, no pudo impedir que durante más de cinco horas se realizaran las agresiones sexuales, ofensas y robos de celulares y monederos.

Esa noche del 31 de diciembre y la madrugada del 1 de enero se convirtió en una pesadilla para decenas de mujeres, y en shock para un país entero que nunca antes había registrado la ausencia de Estado ante una situación similar.

Pero ni la policía ni la autoridad supieron de lo sucedido hasta cuatro días después, una vez que los medios de comunicación locales insistieron durante tres días en reportar los hechos. Entonces las autoridades civiles y policiacas se reunieron para conocer detalles de lo sucedido y dar una explicación a la opinión pública.

Fue así que la dimensión de los ataques sucedidos en Colonia se conoció hasta cinco días después, y los detalles de aquella noche aún fluyen a cuenta gotas a una semana de distancia, generando confusión y fomentando las especulaciones entre los medios de comunicación y la sociedad misma.

Muy pocos, o mejor dicho nadie logra entender qué y cómo es que sucedió aquello.

El caso toma un matiz especial y delicado porque testigos, las propias declaraciones de las víctimas, así como los reportes de la policía, apuntan a que los agresores fueron hombres jóvenes de entre 15 y 35 años de edad que actuaron en grupo –aún se desconoce si de manera organizada– y que por su apariencia física son originarios de países del norte de África y árabes, es decir, extranjeros o alemanes de origen extranjero.

Tanto la alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, como el exjefe de la policía local, Wolfgang Albers, aseguraron que no había elementos para considerar la posibilidad de que dentro del grupo de delincuentes hubiera refugiados provenientes de Medio Oriente, quienes en semanas y meses recientes han buscado asilo y protección en Alemania, huyendo de la guerra y el terror provocado por el Estado Islámico en sus países.

Albers, en cambio, confirmó que esa madrugada “se registraron delitos sexuales en un número muy elevado y muchos de ellos lo fueron de forma masiva”. Admitió que también hubo robo masivo de celulares, carteras y monederos, y cuando menos dos violaciones confirmadas por la policía.

Y es que volver los ojos hacia los refugiados como posibles victimarios, en el actual contexto político y social que vive Alemania, es políticamente incorrecto, tomando en cuenta que la enorme crisis de desplazados y refugiados por la guerra y violencia que se vive en países como Siria, Irak, Afganistán y otras naciones del norte de África, y que azota a Europa desde hace dos años, ha polarizado no sólo a la sociedad alemana, sino a toda la Unión Europea.

La determinación en la política de la canciller federal Angela Merkel de abrir las puertas del país a los cientos de miles de refugiados (tan sólo durante 2015 llegaron un millón de refugiados a territorio alemán) le ha traído un alto costo político dentro de sus propio partido y ha fortalecido a los movimientos de extrema derecha del país, que han capitalizado a su favor el temor e ignorancia de una parte de la población alemana a perder su calidad de vida y el sistema de bienestar social por la llegada de aquellos.

Un factor adicional que complica la situación son los recientes ataques terroristas sucedidos en Francia por radicales islamistas, que contribuyen a la estigmatización y a que una parte de la sociedad alemana coloque en un sólo costal a los inmigrantes y refugiados musulmanes y terroristas.

Informe policiaco

Un informe interno elaborado por la Policía Federal Alemana –fechado el 4 de enero pasado y filtrado ayer a los medios de comunicación– y las investigaciones más recientes sobre el caso ponen al desnudo no sólo la gravedad de los sucesos de la Noche Vieja en Colonia, sino que también colocan el dedo en la llaga porque cuando menos 22 de los posibles involucrados en los acontecimientos son solicitantes de asilo político, recién llegados al país.

De acuerdo con la propia Policía Federal, esa noche, en la explanada de la estación central de trenes de Colonia, todo fue un caos, la situación se salió de control y entre los uniformados hubo incluso el temor de víctimas mortales.

Contrario a lo que se supo en un principio, según el informe mencionado, la policía sí supo en todo momento de las agresiones sexuales cometidas contra las mujeres, pero no pudo reaccionar por falta de personal y equipo de defensa para repeler a los delincuentes, quienes además de estar alcoholizados se mostraron altamente agresivos.

“Hubo mujeres, solas y acompañadas, que tuvieron que enfrentar el acoso masivo de hombres alcoholizados, de una forma indescriptible”, destacó el policía encargado de redactar el informe.

El documento policiaco precisa que una y otra vez los agentes policiacos recibieron la llamada de auxilio de chicas llorosas y en estado de pánico, “quienes reportaban haber sido amedrentadas, robadas y atacadas sexualmente” por grupos de hombres inmigrantes. Sin embargo, no fue posible la detención de los autores.

El informe enlista algunas situaciones que enfrentó esa noche la policía y destaca que por falta de elementos fue imposible socorrer las llamadas de auxilio. Dentro de los atacantes, añade, hubo quien literalmente les gritó en la cara: “Soy sirio, tienen que tratarme bien porque Merkel me invitó a venir a este país”.

Señala que testigos que intentaban brindar auxilio fueron amenazados, y hubo quien frente a la cara de los policías rompió documentos que aparentemente eran oficiales, al tiempo que gritaban burlonamente: “No me pueden hacer nada. Mañana tramito un nuevo documento y listo”.

La conclusión de quien elaboró el informe es contundente: “La situación fue caótica y vergonzosa (…) En 29 años de servicio nunca experimenté tal falta de respeto y desacato hacia las acciones de policía”.

El caso está lejos de resolverse. Hasta el momento se han presentado más de 120 denuncias, la mayoría de ellas por agresiones sexuales, dos por violaciones y otras tantas por robo. Dentro de la cuarentena de sospechosos ubicados por la policía, la mitad serían refugiados y el resto inmigrantes o alemanes de origen extranjero. En ninguno de los casos ha procedido una detención.

La complejidad del asunto deja a políticos, policía y víctimas en la impotencia. Y es que, según ha reconocido la propia autoridad, será muy difícil comprobar a cada uno de los sospechosos los delitos cometidos.

Y aunque las máximas autoridades de este país, como la propia canciller Angela Merkel, el vicecanciller Sigmar Gabriel y los ministros de Justicia y del Interior, Heiko Maas y Thomas de Maizière, respectivamente, han condenado abiertamente los hechos y expresado que no permitirán que “invitados” al país abusen y cometan delitos de este tipo contra la población, lo cierto es que un castigo o una expulsión de Alemania será difícil de lograr.

Las leyes establecen que ningún extranjero (refugiado o inmigrante) puede ser expulsado del país a menos que haya cometido un delito que implique más de dos años de prisión. Las agresiones sexuales, así como los robos de celulares o bolsas, alcanzan una penalización de un año de prisión.

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