Adolfo López Mateos: ¿El mejor presidente?

MÉXICO, DF (apro).- Según el doctor en ciencia política por la UNAM, Rogelio Hernández Rodríguez, investigador del Centro de Estudios Internacionales (CEI) de El Colegio de México (Colmex), “quizá no haya un personaje de la política mexicana que sea recordado con más afecto que el expresidente Adolfo López Mateos”.

A decir suyo, además de su porte y simpatía personal, “López Mateos desarrolló una presidencia destacada que, en más de un sentido, transformó la economía, la sociedad y la política nacionales”.

Bajo la coordinación del especialista, el Colmex publicó en el recién concluido 2015 el libro Adolfo López Mateos. Una vida dedicada a la política, donde un conjunto de investigadores busca desentrañar los porqués en las decisiones tomadas por el político mexiquense durante su sexenio, que no fueron necesariamente fruto de la coyuntura sino resultado de la formación de quien fue miembro de la llamada Generación de 1929.

En la breve presentación, Hernández Rodríguez explica las razones para considerar a López Mateos como un buen presidente:

“No sólo continuó un proceso en marcha, sino que corrigió las fallas económicas, implantó la racionalidad administrativa en el gobierno e inició una política educativa y social que resolvía y compensaba graves carencias del pasado inmediato… (en) un contexto internacional de enorme polarización ideológica y política, López Mateos enfrentó desafíos internos que repetidamente pusieron en aprietos sus programas. Pese a la oposición de la derecha y las presiones de la izquierda, que le demandaban terminar o profundizar algunas medidas gubernamentales, López Mateos logró serenar los ánimos y controlar a los grupos políticos y económicos del país. Logró, pese a todo, uno de los periodos sexenales más productivos y equilibrados en el desarrollo social y económico, en la política internacional.”

Para muchos el mejor presidente que ha tenido México en el siglo XX es el general Lázaro Cárdenas del Río (Benito Juárez es considerado por otros tantos como el mejor del siglo XIX).

Durante una conmemoración del 18 de marzo, aniversario de la expropiación petrolera, el historiador Lorenzo Meyer, investigador también del CEI del Colmex, dedicó a Cárdenas el texto “Parte de novedades a mi general”, donde expuso:

“Mi general, el tiempo que usted tuvo para hacer realidad su visión sobre lo que debería ser México –una sociedad justa donde la industria sirviera al campo y no al contrario, donde la propiedad privada, estatal o comunal, sirviera a la sociedad y no al contrario, donde el gobierno y su burocracia estuvieran al servicio de las mayorías y no al contrario, donde la relación con el capital externo sirviera al proyecto nacional y no al contrario, donde el liderazgo de la organización ejidal y sindical sirviera al trabajador y no al contrario–, ese tiempo, repito, resultó ser muy corto y sus enemigos muy fuertes. Ésa fue la tragedia suya y la de todos nosotros.”

Añadió:

“Mi general, se ha perdido mucho pero no todo. Los mexicanos de hoy recordamos con respeto su memoria y estamos conscientes de que debe volver a correr por estas tierras el espíritu que animó su obra y su proyecto. Con la perspectiva que da el tiempo, vemos que la tarea de hoy es combatir al autoritarismo que se incubó bajo el manto de la Revolución y en nombre de la justicia social y, a la vez, dar nuevamente vida a la esencia del cardenismo: hacer de México un país justo, democrático, libre y lleno de confianza en sí mismo, tal y como usted quiso que fuera, mi general.” (https://www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/CRL95.html)

Los años del cardenismo, así como sus antecedentes, son analizados en el volumen biográfico de López Mateos, de 412 páginas, por la historiadora María José García Gómez, en el ensayo “La otra Revolución Mexicana: Los años de la institucionalización del régimen (1924-1940)”, en el cual se desglosan las políticas de Cárdenas, si bien la profesora de Historia Económica del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, campus Ciudad de México, parte de la premisa de que como su antecesor Plutarco Elías Calles, el general fue un hombre “ajeno a la democracia”.

 

Diversos ángulos

El libro está dividido en tres partes. Con diferentes capítulos (ensayos). En la primera, “Los primeros años”, se incluye además del de García Gómez, “La forja de un destino: ‘Fito’, escalador de montañas”, de Mílada Bazant.

“La formación política” es el título de la segunda parte, en la cual se incluyen los textos “Adolfo López Mateos y la Generación del 29: El Vasconcelismo y la lucha por la autonomía universitaria”, de Pedro Castro; “López Mateos, director del Instituto Científico y Literario del Estado de México, 1944-1946”, de Carlos Escalante Fernández, y “Adolfo López Mateos y la gran política nacional”, de Ariel Rodríguez Kuri.

La tercera parte, “La presidencia, 1958-1964”, contiene cinco ensayos: “La política. Los desafíos al proyecto de nación”, de Hernández Rodríguez; “La política exterior: En busca del equilibrio”, de Ana Covarrubias; “Estabilidad y crecimiento: La política económica en el sexenio de Adolfo López Mateos”, de Graciela Márquez.

Además “Entre la celebración del pasado y la exigencia del futuro: La acción educativa del gobierno de Adolfo López Mateos”, de Aurora Loyo Brambila, y “El desarrollo de la seguridad social en el gobierno de Adolfo López Mateos”, de Ricardo Pozas Horcasitas. Se incluye al final como epílogo “El retiro”, del coordinador Hernández Rodríguez.

Fue necesaria la participación de los diversos especialistas, expone éste, para explicar sus decisiones, “ver más allá de la persona y su talento particular”, situar al personaje en su contexto histórico y analizar cada pasaje de su vida.

Se da cuenta, resume, del inicio de la vida política de López Mateos, su vida en familia y, como estudiante, sus primeras experiencias políticas, su participación en el vasconcelismo y su compromiso con el movimiento universitario, su gestión al frente del Instituto Científico y Literario de Toluca, su desempeño como senador y como secretario del Trabajo y Previsión Social en los gobiernos de Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines.

Ya como presidente se analizan sus políticas interna y exterior, esta última en medio de la llamada Guerra Fría, su programa educativo y la extensión de la seguridad social, y al final la organización de los Juegos Olímpicos de 1968 (realizados en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz).

Admite el investigador que es probable que el estudio –proyectado por el gobierno del Estado de México para conmemorar el centenario del natalicio de López Mateos, celebrado en 2010– “no cubra todos los aspectos de (su) vida personal y política… pero no hay duda de que es uno de los proyectos más serios para reconstruir y explicar la vida y la obra del expresidente”.

Un aspecto muy polémico, por decir lo menos, en la trayectoria política de López Mateos, fue la represión que sufrieron las luchas de obreros y trabajadores durante el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, cuando él se desempeñaba como secretario del Trabajo, y también en su sexenio.

Ese periodo y su paso por el Senado de la República son analizados por el historiador, también del Colmex, Ariel Rodríguez Kuri, quien describe en un párrafo que los primeros años del gobierno de López Mateos fueron de los más agitados desde la década de los treinta:

“Los paros, huelgas, movilizaciones callejeras y batallas campales de 1958 y 1959 tienen el tono inconfundible de las luchas de obreros y trabajadores descontentos con la dupla asfixiante del control salarial y sindical. Y que la mayoría de los descontentos proviniesen de empresas y servicios públicos tiene su explicación.

“Es probable que la imagen y las explicaciones que tenemos sobre las protestas de maestros, trabajadores ferrocarrileros y telegrafistas esperen todavía una reinterpretación profunda. Pero en todo caso una cosa parece cierta: así como la década de 1950 sólo resulta inteligible –a mí juicio– porque entre 1947 y 1948 se evitó la salida de la CTM (Confederación de Trabajadores de México) del partido oficial y porque se subordinaron –por la fuerza incluso– los sindicatos nacionales al gobierno, la década de 1960 debe su peculiar configuración política a la intensidad de las luchas obreras y a la magnitud sin precedentes de la represión gubernamental contra los ferrocarrileros en marzo de 1959.”

Hay que recordar que tras romper la huelga, su dirigente Demetrio Vallejo fue encarcelado por más de once años en el penal de Lecumberri. También estuvo preso en el periodo lopezmateísta el líder magisteral Othón Salazar, quien luego fue cesado de su plaza de maestro. En 1962 fueron secuestrados y asesinados el líder agrario Rubén Jaramillo con su esposa Epifanía Zúñiga y sus tres hijos Enrique, Filemón y Ricardo.

El pintor David Alfaro Siqueiros también sufrió cárcel entre 1960 y 1964. Quien fuera la crítica de arte fundadora del semanario Proceso, Raquel Tibol, ya fallecida, escribió en una de sus columnas que el gobierno de López Mateos       “decidió aplicarle con la máxima rudeza una pena de ocho años (no cumplidos) acusándolo de haber incurrido en el delito de disolución social.”

 

Extrema izquierda

En el libro del Colmex se exalta que el expresidente invirtió en obras públicas como no se había hecho hasta entonces, expropió la industria eléctrica, favoreció el sistema de seguridad social, vaya, fue el creador del llamado modelo de desarrollo estabilizador que “daría frutos por 12 años continuos”.

Llamó a colaborar con él a gente cercana, como algunos amigos, pero no por amiguismo, sino por su reconocida capacidad. Entre ellos se cuenta a Jaime Torres Bodet, quien ocupó el cargo de secretario de Educación Pública, quien emprendió “un relevante programa educativo y cultural”.

El embajador Manuel Tello ocupó la cartera de Relaciones Exteriores y encabezó la todavía memorable defensa de Cuba.

En medio de las presiones de la derecha para que definiera la línea de su gobierno respondió que, de acuerdo con la Constitución Mexicana, era de “extrema izquierda”.

Cabe la pregunta de si López Mateos es realmente el expresidente recordado con más afecto o quienes lo han sucedido han sido tan de tristemente memoria para los mexicanos que sus acciones son insuperables.

Tras hechos como la represión de Gustavo Díaz Ordaz al movimiento estudiantil de 1968, las crisis económicas de los sexenios subsecuentes y el desmantelamiento del Estado mexicano en los gobiernos neoliberales, vale recordar la pregunta planteada por Josafat López Cruz en marzo de 2012, durante el foro “Los grandes problemas nacionales”:

“¿Cuándo arribará el mejor o los mejores presidentes que asuman el reto de erradicar con toda la fuerza los desafíos y grandes problemas nacionales en este siglo XXI? ¿Ya estará entre la población mexicana un Juárez, un Cárdenas, un Vasconcelos?”

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