El Papa y la fe de l@s mexican@s

La doble moral de Francisco La doble moral de Francisco

MÉXICO, DF (Proceso).- 1. Los homosexuales. Una vez logrado el primer milagro del Papa Francisco –poner de rodillas a millones de brasileños ante un argentino–, en el vuelo que lo volvía al Vaticano, salió a la cabina de los reporteros y se ofreció a responder preguntas. “¿Cuál es la postura de su Iglesia hacia los homosexuales?”, preguntó uno.

“Si una persona es gay”, empezó el Pontífice, “y acepta al Señor de buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”.

El Papa tal vez habrá adivinado en los ojos muy abiertos de la gente de la prensa lo que sucedería con su frase. Dio la vuelta al mundo en titulares de diarios, “Este Papa no tiene miedo a decir lo que piensa”, anunció Jorge Ramos en su noticiario, “El Papa Francisco está dispuesto a cambiar por fin a la Iglesia Católica”, apareció en el editorial del New York Times.

Y luego de la pausa, en una frase que ya ocupó espacios secundarios en la atención del mundo, desdijo cualquier sospecha de que la suya era una posición distinta a la de los Papas que lo antecedieron. “Quiero decir que los homosexuales pueden ser perdonados”, acotó, “porque algo son los pecados y otra cosa los delitos”.

Traducción. Para el Papa Francisco las personas homosexuales, si se arrepienten de ser homosexuales, pueden ser perdonadas, porque aún si la homosexualidad es un pecado, no es un delito del fuero común como la pederastia o el asesinato.

2. Los condones y el sida. El mismo 2015 en Uganda el Papa visitó a niños seropositivos, los abrazó, los besó, mostró tal compasión que un reportero lo interrogó sobre si su postura hacia el sida inauguraba una nueva era en la Iglesia. “Santo Padre”, prologó el reportero la pregunta, “el año pasado murieron en África medio millón de personas por el sida. ¿Considera que es tiempo de que la Iglesia Católica permita el uso del condón, lo que salvaría cientos de miles de vidas?”.

El Papa otra vez dividió su respuesta en dos tiempos. Primero confesó que la moral de la Iglesia “se encuentra en este punto frente a una perplejidad. O el quinto o el sexto mandamiento: la obligación de salvar la vida o que la relación sexual esté abierta a la vida (es decir, que sirva para la procreación y no únicamente para el placer)”. La pregunta le evocó la que le hicieron hace dos milenios a Jesucristo. “Dime, maestro, ¿es lícito curar el sábado?”. A lo que Jesús respondió “Es obligatorio curar, aunque se viole la ley del descanso del sábado”.

Pero luego el Papa dio vuelta en U hacia la postura usual de la Iglesia en el tema. Se preguntó en voz alta: “¿Pero qué es curar?” Y derivó su discurso así: “A mí no me gusta bajar a reflexiones tan casuísticas, como el uso de esa tirita de plástico, cuando la gente muere por falta de agua, de pan, de hábitat. O cuando se sigue fabricando armas y traficando con ellas, porque las guerras son el motivo de mortalidad más grande. Yo diría que mejor es no pensar si es lícito o no curar en sábado. Yo diría a la humanidad: lo urgente es hacer justicia.”

Traducción. La Iglesia sigue prefiriendo condenar a millones de adultos a morir, porque condonar el uso de “esa tirita de plástico” en el acto sexual sería matar a millones de espermatozoides.

3. Los pederastas. En el año 2014 el Papa prometió “castigo severo a los clérigos pederastas, que por desgracia no son pocos en número… y asistencia especial a las víctimas”. Y de nuevo ante la aprobación mundial fundó una comisión vaticana para descubrir a los clérigos criminales y para contactar y ayudar a sus víctimas.

Pero otra vez Francisco, en vísperas de anunciar su viaje a México, a finales del año 2015, se desdijo. Perdonó a los Legionarios de Cristo, la orden fundada por Marcial Maciel, ese pederasta de números industriales, y a continuación, al recibir la petición de audiencia en México de las víctimas mexicanas de Maciel, respondió que no.

4. Las mujeres. Cuatro han sido en los tiempos posmodernos los principales problemas morales que la Iglesia Católica no ha sabido afrontar. La diversidad sexual, el sida, la pederastia y el empoderamiento de las mujeres. En ese último punto, sin embargo, hay que reconocerle al Papa una falta de doblez.

Esto es lo que dijo recién en abril de 2015 en un mensaje a las mujeres. “Ustedes son ternura y fidelidad… Ustedes están en el camino de esas mujeres que seguían a Jesús, en las buenas y en las malas… Hay un solo modelo para ustedes. María. La que no entendía lo que le pasaba pero obedeció ciegamente…”. Un mensaje que transcrito íntegro llena cinco páginas y del que recojo los verbos reiterativos. Cuidar. Asistir. Acompañar. Ser fieles. Albergar. Limpiar. Sonreír. Resignarse. Ser pacientes. Ser buenas.

Traducción. Fuera de la Iglesia católica las mujeres podrán ser ministras y médicas, empresarias o pensadoras, pero para ellas la Iglesia sigue teniendo el mismo mensaje que tuvo en el medievo. Sean sirvientas de los varones y sonrían.

5. Alabado sea Dios por la fe de l@s mexican@s. Es adivinable el entusiasmo que despertará el Papa en su visita a México. Miles levantarán espejitos al cielo para saludarlo mientras él mira por una ventanilla del avión hacia abajo un mar de destellos. Miles saldrán a las calles y alabarán al Papa que habla español. Y miles le cantarán una canción de mariachi compuesta para el caso y miles nombrarán a sus bebés nacidos este año Francisco o Paquito.

Y como con la visita de Juan Pablo II, el número de condones y de pastillas anticonceptivas y de orgasmos sin razones de procreación, como el número de homosexuales católicos y de mujeres liberadas que rezan acá y allá un Padre Nuestro no disminuirán. Somos expertos en reconciliar en el verbo lo que en la realidad no tiene concilio. Como si fuésemos jesuitas, a la par que este Papa.

Pero para los anales de la esperanza queda el deseo de un Papa que por fin permita a su corazón encendido por la compasión hablar las palabras de una moral para el siglo XXI. Una moral que adopte las ganancias médicas y los derechos civiles laicos y logre una nueva síntesis, verídicamente capaz de abrir la vida a la vida.

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