Roma-Condesa, territorio apache

MÉXICO, DF (apro).- El corredor Roma-Condesa no solo es una de las zonas de moda de la Ciudad de México por sus bares, restaurantes, galerías y parques y porque ha sido habitada por la clase media hipsteriana o de la generación millennials, sino que desde hace un tiempo es una zona bajo el dominio del primer grupo del crimen organizado chilango conocido como La Unión.

La Unión se formó hace menos de una década y según algunas versiones fue la conjunción de las bandas de las colonias Tepito, Morelos y Guerrero que precisamente unieron sus fuerzas y armas para repeler el control que pretendían ejercer tanto La Familia Michoacana como los cárteles de Sinaloa y del Golfo.

Por décadas, estas tres colonias han sido las principales surtidoras para la Ciudad de México de todo tipo de mercancía extranjera introducida al país ilegalmente conocida como “fayuca”. Con el paso de los años también se transformó en centro de distribución de drogas y armas, extendiendo sus ramas hacia la zona de Iztapalapa que, a su vez, se contacta con los municipios de Chalco y Nezahualcóyotl por donde pasa la droga que viene de Guerrero y pasa por Morelos.

Los grupos locales del triángulo Tepito, Morelos y Guerrero se fortalecieron económicamente y comenzaron a extender sus actividades con el cobro de derecho de piso al comercio informal, venta de autopartes, armas y el trasiego hacia otras zonas de la Ciudad de México.

El auge de restaurantes, bares, cantinas y antros en las colonias Roma y Condesa, así como el boom inmobiliario que atrajo a la población joven capitalina, llamó de inmediato la atención de La Unión pues se trataba de un mercado natural para el consumo de bebidas alcohólicas adulteradas y de todo tipo de drogas.

Las autoridades de la delegación Cuauhtémoc –la más importante económica y políticamente del Distrito Federal– tienen detectada a gente de La Unión operando en las colonias de moda Roma-Condesa, donde lo mismo hacen el trasiego y venta de drogas en las calles más céntricas como Tamaulipas, Michoacán, Alfonso Reyes, Saltillo, Álvaro Obregón, Orizaba, Colima y otras más donde se concentran los bares y antros, que cobran derecho de piso aunque no se quiera reconocer oficialmente.

La violencia ya se han manifestado en estas dos colonias donde ha habido invasiones de terrenos y edificios por supuestos integrantes de la extinta Asamblea de Barrios, asaltos a transeúntes, robos a mano armado en algunos restaurantes así como ejecuciones en las afueras de algunos antros.

Apenas el pasado fin de semana, en mitad de la calle Saltillo de la Condesa, en las afueras del bar Dussel –que abre sólo en las madrugadas y cierra cuando ya el sol está en el cenit–, desde una moto un hombre mató a dos personas. Hace siete meses aproximadamente, en esa misma calle esquina con Alfonso Reyes fue ejecutado el dueño de un bar conocido como LIFE.

Lo que pasa en estas dos colonias de antaño es apenas una muestra del incremento de la violencia en la Ciudad de México en 2015: con poco más de 600 asesinatos se vive uno de los momentos más violentos desde hace dos décadas.

Los habitantes de otras colonias de la capital tampoco se sienten a salvo. Los barrios antiguos de Azcapotzalco, Tacuba, Santa María La Ribera, Centro, Iztapalapa, Escandón, Obrera, Doctores, entre mucha otras, viven la violencia producida por las pandillas que trasiegan con las droga a toda hora.

Los villanos alcanzaron la gran ciudad, el cinturón de policías que se había formado su alrededor sucumbió una vez más al poder corruptor del crimen organizado que se ha unido a algunas autoridades.

Acerca del autor

José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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