Descalifica Rusia señalamientos contra Putin por asesinato de exespía

MÉXICO, D.F., (apro).- La publicación del reporte de la justicia británica que señaló el “probable” papel de Vladimir Putin en el asesinato del exespía ruso Alexander Litvinenko en Londres en noviembre de 2006 no desató la crisis diplomática anunciada, sólo provocó reacciones reservadas del lado británico y declaraciones de descalificación por parte del gobierno ruso.

De las 329 páginas que contiene el reporte, sólo en un párrafo dice: “La operación del FSB (la agencia de contrainteligencia rusa, sucesora del KGB) de matar al Sr. Litvienko fue probablemente aprobada por el Sr. Patrushev (entonces director del FSB) y también por el presidente Putin”.

El reporte sienta un precedente, pues señala de manera explícita el involucramiento de Putin en un asesinato perpetrado en suelo extranjero. Sin embargo, si bien las conclusiones del reporte no sorprendieron a mucha gente en el gobierno británico, pusieron al gobierno en una situación difícil.

Por un lado, la viuda del exespía y la oposición exigen que el gobierno adopte sanciones contra los funcionarios rusos señalados en el reporte. Por otro, Putin se convirtió en aliado “de facto” –e importante– de los occidentales en la lucha contra el Estado Islámico (EI) en Siria.

“El reporte confirma lo que siempre hemos creído y lo que el gobierno laborista pensaba en la época de este asesinato horroroso; eso es, que fue comandado por un Estado”, reconoció David Cameron, primer ministro británico, desde Davos, Suiza.

Sin embargo, su vocería en Londres aseveró que “debemos balancear de manera cautelosa la decisión de tomar medidas con la necesidad más amplia de trabajar más tarde con Rusia sobre ciertos temas”. Y añadió: “Cuando ven la amenaza del EI, es un ejemplo por el que se pone la seguridad nacional primero”.

La única medida que tomó la cancillería británica consistió en convocar a Alexander Vladimirovich Yakovenko, embajador de Rusia en Londres, para expresarle su “profunda preocupación” respecto a las conclusiones del reporte. También le advirtió que éste “complicaría las relaciones bilaterales, minaría la confianza y dañaría la reputación de Rusia en el internacional”.

Según la cancillería británica, el ministro Philip Lindington demandó al embajador “que Rusia provea respuestas a las dudas que surgieron con este reporte, para rendir cuentas sobre las acciones de los servicios de inteligencia rusos en este caso y garantizar que un crimen similar no se vuelva a repetir”.

Más tarde, el embajador Yakovenko aseveró en entrevista con Russia Today que los resultados de la investigación son “totalmente inaceptables”, pues el mismo proceso de indagación fue “muy politizado”. El diplomático señaló que la investigación se llevó a cabo en secrecía.

En Moscú, los comentarios oficiales sobre el reporte adoptaron un tono burlón: Dmitri Peskov, vocero del Kremlin, estimó que el documento es “quizá una broma”. Luego, dijo: “podemos explicarlo por la elegancia del humor británico”.  El mismo Peskov ironizó sobre las informaciones del informe, a las que calificó de “confidenciales provenientes de servicios secretos no identificados”.

Maria Zakharova, vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, descalificó el proceso de investigación y expresó la “preocupación de que un caso meramente criminal fue politizado y asombró la atmósfera general de nuestras relaciones bilaterales”.

Andrei Lugovoi, diputado y uno de los principales sospechosos en el asesinato del exespía ruso, aseveró: “como lo esperábamos, no hubo sensación” a raíz de la publicación del informe. Consideró que las conclusiones “demuestran las posiciones antirusas de Londres, la estrechez de la mente de los británicos y su reticencia a establecer la verdadera causa de la muerte de Litvinenko”.

Historia de un asesinato

Según la investigación de la justicia británica, el 1 de noviembre de 2006 el exespía ruso –empleado por el MI6, los servicios de contrainteligencia británicos— visitó a Andrei Lugovoi y Dmitri Kovtoun, dos exagentes del FSB, en el bar del hotel Millenium, en Londres.

Desde finales de los años 90, Litvinenko era conocido por sus críticas contra Putin y la corrupción en el Estado ruso.

Los tres hombres bebieron té verde. Litvinenko ingirió el líquido sin sospechar que en su tasa flotaban partículas de polonio 210, un veneno radioactivo muy peligroso. Horas después, el hombre se torció de dolor. Dos días más tarde, ingresó al hospital, donde su cabello empezó a caer y su riñón se deterioró rápidamente.

En su cama de muerte, los servicios de inteligencia británicos de Scotland Yard entrevistaron a Litvinenko. Según la investigación, éste hubiera reiterado su “certeza” de que Lugovoi y Kovtun envenenaron su bebida y acusó de manera directa al Kremlin de estar detrás de su asesinato.

El 22 de noviembre, las autoridades médicas tomaron una muestra de la orina de Litvinenko en la que descubrieron rastros de polonio 210. El día siguiente, el hombre falleció.

Según la investigación, los peritos encontraron rastros de polonio 210 en muchos de los lugares donde estuvieron los presuntos asesinos de Litvinenko; entre ellos en cuartos de hotel, asientos de avión e “incluso en una pipa de narguilé que Lugovoi fumó en una terraza en (el barrio de) Soho”.

Ya señalados en varias ocasiones, los dos rusos siempre negaron su responsabilidad en la muerte de Litvinenko. Sin embargo, el juez Owens observó que el Estado ruso les reservó un trato de preferencia. El pasado 9 de marzo, Putin condecoró al diputado Lugovoi con la medalla de la Orden del Mérito por su ayuda en las relaciones entre el Parlamento y el Poder Ejecutivo.

En su investigación, el juez aseveró que “los opositores más importantes de Putin, incluso quienes viven fuera de Rusia, están en riesgo de ser asesinados (…) uno de ellos es terminar envenenado”.

También calificó de “no implausible” la hipótesis según la cual la mafia rusa se encontraba detrás del asesinato de Litvinenko, ya que el hombre reveló en varias ocasiones los vínculos de las organizaciones criminales rusas con autoridades rusas y extranjeras. Sin embargo, la investigación asumió que “ninguna evidencia disponible” respaldaba esta hipótesis.

En cambio, el juez Owens expresó su “certeza” de que los hombres asesinaron al exespía “en nombre de otros” y aseveró: “Cuando el Sr. Lugovoy envenenó al Sr. Litvinenko, es probable que lo hizo bajo las instrucciones del FSB. Agregaría que yo lo considero como una probabilidad fuerte”.

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