China: Ante Taiwán, el potente misil de la economía

Beijing (apro).- Las referencias a los misiles a ambas orillas del Estrecho de Formosa han salpicado los diálogos más fragorosos sino-taiwaneses durante décadas. Hoy, cuando la victoria de los independentistas en la isla anticipa tiempos tirantes, Beijing cuenta con una amenaza más sutil e igualmente eficaz: la economía.

El mercado y las empresas chinas son hoy tanto el problema como la solución para la declinante economía taiwanesa.

Para Beijing fue desastrosa la aplastante victoria del Partido Democrático Progresista (PDP) –defensor de mantener la lejanía con China– en las elecciones presidenciales del pasado 15 de enero. El hundimiento del Kuomintang (KMT), más afín a Beijing, empujó a su líder, Eric Chu, a disculparse ante sus seguidores y dimitir.

Este es el último giro en la política de la isla, cuya relación con China depende del signo de su gobierno en turno.

Los isleños habían jubilado en 2008 al PDP, hastiados de que su presidente, Chen Shui-bian, se ocupase únicamente de irritar cotidianamente a China mientras la economía se iba por el desagüe. Del KMT se esperaba que reconstruyese los puentes y se agarrase al salvavidas chino en la tormenta económica. El plan ha funcionado durante los últimos ocho años: una veintena de tratados económicos, comerciales y turísticos empujaron la relación a cimas nunca alcanzadas. La reciente reunión en Singapur de los presidentes de China y Taiwán, la primera en más de 60 años, resumió la sintonía.

Pero en la isla anidaba la sospecha de que la mano económica tendida por Beijing era un caballo de Troya hacia la reunificación política.

Movimientos sociales, especialmente de jóvenes, han tomado las calles para protestar por lo que entienden como vínculos excesivos. La dependencia de Beijing es hoy abrumadora: las tres cuartas partes de la economía taiwanesa descansan en las exportaciones y el 40 % acaban en China.

“La dependencia taiwanesa en la economía china es hasta cierto punto entendible. Geográficamente está muy cerca y, como otros vecinos, quieren beneficiarse de su auge (…) Eso crea una vulnerabilidad potencial con la que Beijing podría presionarla económicamente”, señala por e-mail Bonnie Glaser, experta en Asia del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos.

El contexto de desconfianza explica la victoria independentista. La nueva presidenta, Tsai Ing-wen, no pertenece al ala dura de su partido que exige la declaración formal de independencia contra la que Beijing ha advertido que usará la fuerza militar. Tsai ha prometido que mantendrá el statu quo, y propuestas como la expansión del poder blando de Taiwán en organizaciones no gubernamentales revelan su cautela, alejada de la política incendiaria de Chen.

Pero los expertos dudan si podrá embridar a los más radicales, y el gobierno chino se ha esforzado en advertir sobre el mundo de tinieblas que se cierne sobre la isla si ésta vuelve a las andadas.

Un exalto cargo del Ejército de Liberación Popular, Luo Yuan, recuperó el pasado 26 de enero las amenazas militares. “Hemos propuesto un desarrollo pacífico a través del estrecho, pero eso no significa que nuestra voluntad de reunificación se haya debilitado (…) Unificación significa paz, e independencia significa guerra”, señaló a la prensa local Luo, quien recordó que el objetivo final de Beijing es la reunificación.

Pero las referencias a los miles de misiles apuntándose recíprocamente son ya una reminiscencia del pasado a la que hoy sólo recurren los representantes del ala dura como Luo. La economía son los misiles de hoy.

“China dispondría de muchas medidas políticas, económicas y diplomáticas contra el Gobierno del PDP si éste decidiese desviarse del curso actual de las relaciones”, apunta por e-mail Chen-Shen J.Yen, director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Chengchi.

Enumera algunas: cancelar la comunicación directa y las reuniones anuales entre los órganos respectivos que gestionan las relaciones bilaterales, dejar de permitir a ciudadanos chinos de Nanchang, Kunming y Chongqing que pasen por Taiwán de camino a Estados Unidos, reducir el número de turistas a la isla, obligar a la industria del entretenimiento y empresarios taiwaneses a elegir entre sus ideales políticos y sus beneficios económicos…

Relaciones simbióticas

Los tiempos gloriosos de la economía taiwanesa han quedado atrás. En los años ochenta encadenaba crecimientos cercanos al 9 % y era conocida como uno de los cuatro tigres asiáticos. Pocos países se beneficiaron más del despertar de China, con cuya economía tenía una relación simbiótica: Beijing le procuraba un mercado vasto y la mano de obra barata que demandaban sus compañías tecnológicas.

El crecimiento económico taiwanés del año pasado apenas alcanzó el 1% y las previsiones son escasamente más optimistas para éste. Salarios estancados, precios inmobiliarios desorbitados, paro juvenil del 13 % y población envejecida son algunos de los problemas que deberá afrontar Tsai sin que el tradicional modelo chino le sirva. Muchas compañías petroquímicas, de acero o tecnológicas del interior producen lo que antes llegaba de Taiwán.

Tampoco el incremento comercial con China ha beneficiado demasiado a la población. “Los lazos económicos han beneficiado a Taiwán y han levantado su crecimiento. Pero hasta el KMT ha reconocido que esos beneficios no han fluido hacia la población. Las grandes compañías se han beneficiado; las pequeñas y medianas empresas, no. En algunos casos, los turistas chinos han ido a tiendas, hoteles y restaurantes gestionados por el partido en el poder”, añade Glaser.

No parece un cuadro proclive para posiciones de fuerzas contra Beijing. “Tsai sufrirá una derrota más rápida y horrible que Chen si no aprende de lo que le ocurrió a éste”, advertía el diario Global Times en referencia al expresidente Chen Shui-bian, encarcelado por corrupción.

Así que la solución pasa por mantener los lazos con China y, sobre todo, profundizar en otros mercados del sudeste asiático o India y en organizaciones como la Trans-Pacific Organization, que bajo el padrinazgo de Washington cubrirá el 40 % de la economía global dejando de lado a China. El problema de lo segundo es que faltan varios años para que Taipei pueda participar, y de lo primero, que la maquinaria diplomática del régimen de Beijing puede arruinar cualquier acuerdo.

El gobierno chino también podría cerrar su embajada en Gambia y abrir la puerta a que la escasa docena de naciones de “peso mosca” aún ligadas a Taipei la abandonen con la promesa de acogida inmediata o borrar su ya desvaída huella internacional en la asamblea de la Organización Mundial de la Salud, la Organización Internacional de Aviación Civil, la APEC o el proyecto de la nueva Ruta de la Seda.

China reclama como suya la isla desde que los nacionalistas se refugiaran allí en 1949 tras la guerra civil contra los comunistas. Hasta la visita de Richard Nixon en 1971, Taipei ocupó el asiento chino en la ONU. La llamada isla rebelde es hoy un caso único en el escenario internacional. Beijing exige como requisito para las relaciones diplomáticas el reconocimiento del principio de una sola China, lo que ha provocado un trasvase continuo. En ese limbo jurídico permanece Taiwán, con un gobierno soberano, pero sin reconocimiento internacional. La mayoría de expertos opina que esa situación de interinato que ya dura décadas terminará con la asimilación pacífica por parte de China.

A la vuelta de la esquina siempre aparece China. Según Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China, Beijing podría afectar la economía taiwanesa, aunque no colapsarla. “Pensemos en el turismo, la agricultura, las inversiones, etcétera, pero es un escenario en el cual hilará muy fino porque pueden verse afectados aliados de sus políticas. Creo que Beijing será prudente, al igual que Taipei. Y en esa prudencia puede haber gestos de mayor o menor alcance, también en el plano de la defensa, si bien no irán más allá en tanto ambas partes mantengan la compostura. Ni China ni Taiwán buscan el conflicto. Lo que necesitan es encontrar ese nuevo lenguaje que les permita comunicarse fluidamente”, sostiene por e-mail.

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