Dios cerca de familiares a los que les han arrebatado criminalmente a sus hijos: Papa

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Durante su homilía de hoy en la Basílica de Guadalupe, el Papa Francisco señaló que con la aparición de la virgen al indio Juan Diego, en diciembre de 1531, “Dios despertó y despierta la esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras”.

Ante unas 6 mil personas que se congregaron en el principal santuario del país, y de 30 mil feligreses más que estuvieron en el atrio escuchando su homilía, el sumo pontífice dijo que en ese amanecer “Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder, o incluso, arrebatarles criminalmente a sus hijos“.

Sin dejar de aludir a la virgen de Guadalupe, el Papa indicó que “todos somos necesarios, especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la altura de las circunstancias o no aportar el capital necesario para la construcción de las mismas”.

Asimismo, mencionó que los hijos de la virgen son hoy “los jóvenes sin futuro, expuestos a un sin fin de situaciones dolorosas, riesgosas, y también la de los ancianos sin reconocimiento, olvidados en tantos rincones”.

Sostuvo que el culto guadalupano “ha acompañado y acompaña la gestación de esta bendita tierra mexicana” y señaló que la virgen María, bajo la vocación de Guadalupe se movió de Judea y Galilea para caminar “al Tepeyac, con sus ropas, usando su lengua, para servir a esta gran nación”.

La ceremonia religiosa oficiada por el pontífice se prolongó durante 2 horas y media. Al interior del recinto, los feligreses fueron distribuidos en distintas secciones. Frente al altar, vestidos de blanco y llevando sus mitras estuvieron los obispos mexicanos. Otra sección fue para los sacerdotes.

En las primeras filas estuvieron miembros de la clase política mexicana como la pareja presidencial, Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera; el expresidente Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala, y la delegada de Miguel Hidalgo, Xóchitl Gálvez. También los panistas Luis Felipe Bravo Mena, Santiago Creel Miranda y el coordinador del PRD en el Senado, Miguel Barbosa.

Al interior de la Basílica estuvieron dispuestas dos pantallas gigantes que empezaron a transmitir las imágenes del Papa saliendo de la nunciatura apostólica a bordo del papamóvil a las 4 de la tarde.

Todos los feligreses estuvieron expectantes siguiendo su recorrido, hasta que arribó al atrio del santuario a las 4:35 de la tarde, y ya ahí, hizo un recorrido saludando a la multitud.

Antes de ingresar, encendió un pebetero en la llamada puerta santa y en punto de las 5 de la tarde se metió finalmente en procesión llevando un báculo en la mano y llegó al altar mayor, adornado con un manto blanco y con seis cirios.

La magna ceremonia estuvo amenizada por el coro de niños cantores de la Basílica, vestidos de blanco.

Durante la celebración, Bergoglio se dispuso a entrar al camerín de la vírgen de Guadalupe para orar a solas frente a la tilma del Tepeyac.

Ante los ojos sorprendidos de todos los asistentes que veían la imagen de frente, esta empezó a girar hacia el interior del camerín y desapareció de la vista de todos.

El camerín es un recinto reducido que siempre se mantiene a una temperatura idónea para conservar en buenas condiciones la tela de la venerada imagen. Es una especie de bóveda bancaria, a decir de los custodios del santuario.

Ya dentro, el sumo pontífice permaneció a solas frente a la imagen guadalupana, sentado en una silla y rezando con la cabeza baja. Así se mantuvo durante unos 15 minutos, mientras las pantallas gigantes dispuestas en el recinto transmitían la imagen del Papa frente a la tilma.

Este fue el momento principal de la celebración religiosa, ya que Francisco dijo en varias ocasiones que quería viajar a México sólo para rezar ante la imagen de la virgen, y hoy se cumplió su deseo.

El jerarca católico ya no volvió a salir al altar, sino que de ahí se fue directamente a la sacristía y luego emprendió su regreso a la nunciatura apostólica.

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