Sensatez ciudadana

Jaime Rodríguez Calderón "El Bronco". Foto: Víctor Hugo Valdivia Jaime Rodríguez Calderón "El Bronco". Foto: Víctor Hugo Valdivia

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- “El héroe de la transición democrática en México ha sido el votante”, afirma el doctor Jorge Domínguez, profesor de la Universidad de Harvard, coeditor y coautor del libro México’s Evolving Democracy. A Comparative Study of the 2012 Elections, aún no traducido al español. De visita en el país con motivo de su año sabático, tuve la oportunidad de conversar con él en su cubículo de El Colegio de México, donde imparte un curso. Este es un resumen de la plática.

HT: En la conclusión de tu libro más reciente escribes: “La elección de 2012 continuó la historia –iniciada en 2000– del admirable ciudadano mexicano: un prudente demócrata.”

JD: Así es. En esta película hay no sólo un protagonista, hay un héroe y es el ciudadano mexicano. Ese ciudadano que he calificado como prudente, también es perspicaz. Es un individuo que por algunos asuntos puede estar abiertamente enojado, disgustado con los resultados de la vida pública, pero que es capaz de pensar, de mantener una especie de ancla moral; tiene una capacidad de informarse, no sólo de datos, sino de criterios para lograr una evaluación clara de las diversas opciones que ofrecen partidos y candidatos para mejorar la realidad política y económica de su país. Más allá de su nivel escolar, el ciudadano mexicano tiene sensatez, no es extremista. Así lo ha mostrado en los procesos electorales de 2000, 2006 y 2012. El ciudadano mexicano se merece aplausos y eso me da optimismo.

HT: ¿Qué opinas de la corrupción electoral, que ensombrece o contradice la visión positiva que presentas en tu libro?

JD: En mi capítulo del libro que mencionas reconozco que me había equivocado, en particular en el tema importante y preocupante de la compra de votos. Al comienzo de la década pasada parecía que la compra de voto no sólo se había reducido mucho sino que estaba por desaparecer, y así lo publiqué en un artículo. Después nos dimos cuenta de que no habíamos diseñado nuestra investigación de manera adecuada para detectar y comprender mejor el proceso de la compra de votos. En una pregunta abierta nadie va a admitir que su voto fue comprado. Ese error técnico lo corregimos en la encuesta de 2012 y encontramos que un rango muy amplio, que va de 3 a 20% del electorado, sí había vendido su voto. Una quinta parte del electorado es una cifra muy preocupante, pero si sólo fuese de 7 u 8% también sería grave, porque la diferencia entre el candidato ganador y el que le sigue cae dentro de ese rango. A pesar de ser profesor de Harvard quiero reconocer con humildad y honradez que no soy un conocedor de los temas que me acabas de plantear, pero tampoco quiero esquivarlos.

“Se puede hablar del comportamiento deplorable de los gobernadores del PAN en Sonora, del PRI en Coahuila o del PRD en Guerrero. Esto no es algo que se pueda estudiar mediante el tipo de encuestas con el que yo he trabajado, soy el primero en reconocerlo. Pero no deja de ser algo gravemente preocupante para el respeto a la Constitución, al estado de derecho. Esto rompe cualquier criterio de un régimen democrático y es absolutamente inaceptable. Menciono los tres partidos porque es un problema que ya se observa en todos ellos, más en el PRI, pero ya no hay vírgenes.”

HT: Entre la realidad que se estudia y la metodología utilizada para conocerla a profundidad hay a una cierta disparidad…

JD: Yo lo pondría de otra manera. Yo diría que la metodología que se está utilizando nos ayuda a estudiar una parte de la realidad, pero no es el instrumento apropiado para estudiar estas otras partes de la realidad, que son indiscutiblemente importantes.

HT: Me viene a la memoria la comparación entre la estadística y el bikini: ambos enseñan mucho pero ocultan lo más importante…

JD: Es un chiste muy bueno que cualquier profesor de estadística tiene que usar en algún momento, pero en el tema que tratamos, el método estadístico revela un dato esencial: que el ciudadano mexicano merece aplausos. Eso es importantísimo.

HT: Ha habido un crecimiento notable de la conciencia ciudadana, pero acompañado de un profundo desencanto con el funcionamiento de las instituciones democráticas. En esta coyuntura, ¿cómo vislumbras las elecciones de 2018?

JD: Ya en la elección de 2012 hubo una notable volatilidad de votantes indecisos (la quinta parte del electorado decidió su voto el día de los comicios) o conversos (entre 10 y 15% dijo al principio del proceso que iba a votar por un candidato y al final sufragó por otro). Ello revela que el voto duro de los tres partidos grandes ha disminuido, aunque el mayor sigue siendo el del PRI, lo cual le da una cierta ventaja sobre un PAN fracturado y una izquierda fragmentada. Si yo fuera el PRI intentaría mantener a la oposición dividida y confundida. Ante esa circunstancia no descarto que pudiera resucitar el voto útil para derrotar al PRI. Tampoco es descartable que ante la fragmentación de los partidos, el surgimiento de los candidatos independientes y la inexistencia de la segunda vuelta, el presidente de la República llegara con el apoyo de sólo 20 o 25% del voto. ¡Sería una tragedia! Eso también implicaría un Congreso muy fragmentado que obligaría a establecer alianzas frágiles y artificiales para permitir una gobernabilidad inestable y endeble. No se puede descartar esa hipótesis preocupante. Nos enfrentaríamos a un país desconsolado. Ya no sólo a una persona que se llame El Bronco sino a una realidad que se llame pueblo bronco. A mí sí me preocupa la fragmentación, por eso estoy dispuesto a sacrificar algo de representatividad, porque me importa más la gobernanza democrática y para eso se necesitan partidos fuertes.

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