El trasfondo del silencio papal

El Papa Francisco en la Basílica de Guadalupe. Foto: AP / Eduardo Verdugo El Papa Francisco en la Basílica de Guadalupe. Foto: AP / Eduardo Verdugo

El Papa Francisco se ajustó a los acuerdos previos, rehuyó los temas que más hieren en México y pagó un precio: la crítica y aun el repudio de una parte de la sociedad. A cambio, cobró por su silencio su propio precio: vio al Estado laico doblegarse y volverse clerical. Evitó referirse a dos gravísimos temas nacionales: los desaparecidos de Ayotzinapa y las víctimas de la pederastia sacerdotal. Como nunca antes, la clase política mexicana, empezando por Enrique Peña Nieto en su carácter de jefe de un Estado laico, dejó ver sin tapujos qué poco le importan los preceptos constitucionales más caros de la nación…

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El gobierno de Enrique Peña Nieto fue el gran beneficiario de la pasada visita a México del Papa Francisco, pues logró que el pontífice no se reuniera con grupos de familiares de desaparecidos, entre ellos los padres de los 43 normalistas, y que omitiera ese espinoso tema de todos sus discursos, en los cuales no mencionó las palabras “desaparecidos” ni mucho menos “Ayotzinapa”.

Limitado por acuerdos previos entre la Secretaría de Estado del Vaticano y la Cancillería mexicana, Jorge Bergoglio tuvo que asumir durante su visita su condición de jefe de Estado, lo cual le impidió involucrarse en los candentes asuntos internos de México; por ello no recibió en audiencia a las víctimas de la violencia, quienes le hicieron esa petición desde meses antes de su viaje.

También le pidieron audiencia las víctimas de sacerdotes pederastas mexicanos; no las recibió, pese a que el tema es un asunto interno de la Iglesia y ajeno a cuestiones diplomáticas.

El sacerdote Alejandro Solalinde –quien siempre ha gestionado para que las víctimas sean escuchadas por Bergoglio–, comenta decepcionado: “El Papa no quiso reunirse con las víctimas porque asumió su identidad de Jefe de Estado, de representante de le entidad política que es el Estado Vaticano. Y su estancia en México se manejó como la visita pastoral de un jefe de Estado, lo cual es una ambigüedad terrible que fue aprovechada por el gobierno mexicano”.

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2051, ya en circulación

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