León-Portilla escribe sus memorias

El historiador Miguel León-Portilla. Foto: Germán Canseco El historiador Miguel León-Portilla. Foto: Germán Canseco

El prominente historiador nahuatlato que causó polémica al acuñar el término “Encuentro de dos mundos” (para conmemorar el quinto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a tierras que se llamarían América), cumple 90 años. La de Miguel León-Portilla ha sido una vida entera entregada al estudio profundo de las raíces mexicanas, por lo cual la UNAM le rindió un magno homenaje este lunes 22. El doctor emérito habló para los lectores de Proceso.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Es uno de los principales estudiosos de los códices, preocupado siempre por rescatar la herencia lingüística de los antiguos mexicanos. Se trata del doctor Miguel León-Portilla, quien lleva seis décadas empeñado en el estudio de la filosofía náhuatl y la historia del país.

Por ello, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) le rendirá homenaje este lunes 22, día en que cumple 90 años.

Fiel discípulo del padre Ángel María Garibay Kintana (Toluca 1892-Ciudad de México 1967), León-Portilla cuenta con más de cien libros publicados en varios idiomas, 25 doctorados Honoris Causa de universidades nacionales y extranjeras, un sinnúmero de premios, y ha impartido centenares de conferencias en todo el mundo.

Por eso –revela en entrevista– decidió desde hace tres años escribir sus memorias.

“No las hago por vanidad, sino porque deseo transmitir mi experiencia vital. Porque he tratado, con acciones e intercambios culturales, servir a otros y he aprendido mucho , y ¡claro¡, aún me falta por aprender. Cuando uno escribe unas memorias, se encuentra con una situación horrible, y más cuando se es historiador, porque actúa uno como un abogado: buscamos pruebas. No se puede decir: ‘Me parece’, o ‘creo’… Se debe afirmar: ‘Cuauhtémoc, el tlatoani mexica, defendió así la Ciudad de México’. Desde luego que me baso en testimonios en náhuatl para poner todo específicamente.”

La ceremonia para honrar al autor del afamado libro Visión de los vencidos se realizó en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario, de las 10 a las 14 horas. El rector Enrique Luis Graue Wiechers inauguró el acto, donde también participaron, en este orden, titulares de instituciones de prestigio: Ana Carolina Ibarra, del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la UNAM; Teresa Franco, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); Andrés Lira, de la Academia Mexicana de la Historia; y Jaime Labastida, de la Academia Mexicana de la Lengua.

Se le pregunta al historiador:

–Para sus memorias, ¿consulta los archivos, los textos en náhuatl?

–La memoria es la que guía al ser humano. La historia es nuestra memoria. En el kilo y cuarto que tenemos de carne en la cabeza está la memoria, y sin mi memoria soy nadie. Si me quita eso, no existo. En realidad no voy a buscar en archivos, sólo cuando tengo duda acerca de algo, pero mi archivo está dentro de mi memoria. Entonces, es difícil para mí porque estoy acostumbrado a buscar afuera las pruebas, y sí, se me hace raro no hacerlo.

“¿Cuál es la ética del que escribe sus memorias? Puede inventar que hizo maravillas, pero se engaña a sí mismo y engaña a los demás, y eso no tiene chiste, ya no son memorias, es una ficción. Yo he procurado en las memorias incluso hacer confesiones de ciertas cosas que no he dicho nunca. Ahora, ¿cuál es la barrera de las memorias, a donde pone uno un hasta aquí? Porque no se puede contar todo.”

–No es muy común en México recurrir a este género…

–Aquí en general no hay mucha gente que escriba memorias porque, primero, no hay costumbre y, segundo, es difícil. Por ejemplo, creo que el poeta Octavio Paz tuvo muy buenas posibilidades de escribir sus memorias porque fue embajador en la India, en fin. Tuvo muchas vivencias.

–¿Por qué entonces las escribe?

–Influyen los amigos, los cuales me dicen: ‘Tú has ido a muchos lugares, por qué no escribes todo’. Yo estuve como embajador de México en París ante la Unesco (Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) de octubre de 1988 a mayo de 1992 y, por ejemplo, me tocó presentar los primeros Bienes Culturales de México al Comité del Patrimonio de la Humanidad. Fueron el Centro Histórico de la Ciudad de México y el de Puebla, la zona lacustre de Xochimilco, Cholula…

“Me preguntaron si creía que México era capaz de proteger el Centro Histórico y la zona lacustre de Xochimilco. Yo pensé que a la mejor no éramos capaces, pero no podía quedarme callado, y dije: ‘Le suplico que por favor retire estas palabras que son ofensivas para México, porque desde que se presenta este bien cultural, quiere decir que se responsabiliza a cuidarlo’. Cuando fui director del Instituto Indigenista Interamericano (1960-1966) viajé mucho, con los indios mapuches en Chile y quechuas-incas en Bolivia y Perú, en fin. Más tarde fui a la selva en Guatemala y en Chiapas. En México he convivido muchísimo con los nahuas. En mi Seminario de Cultura Náhuatl, ubicado en el IIH-UNAM, que tiene 59 años, he tenido, desde hace 20 años, estudiantes indígenas, purépechas y tzotziles, ¡figúrese!”

León-Portilla, nacido en la Ciudad de México, habla y escribe en varios idiomas como francés, inglés y náhuatl. Lee y habla alemán, italiano y portugués, y lee latín y griego. Es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, investigador en el IIH-UNAM, y desde 1988 pasó a ser investigador emérito de la Máxima Casa de Estudios, e investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores desde 1996.

Es miembro de la Sociedad Mexicana de Antropología; la Sociedad de Americanistas de París, Francia; la Academia Mexicana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española; de El Colegio Nacional, la American Anthropological Association, el Patronato del Instituto Histórico Tavera en Toledo, España, así como del Consejo de la Crónica de la Ciudad de México (cabe recordar que fue su cronista oficial en 1974), y de la Academia Mexicana de Ciencias…

Los indígenas actuales

–Usted también dio clases a los navajos, el grupo indígena más grande de Estados Unidos. ¿Es difícil defender a los indígenas, no sólo del pasado, sino del presente?

–¡Es muy difícil! Sin embargo, uno se gana su confianza porque ellos ven que no les ofrezco algo material, porque yo no soy gobernante o un político, o que les voy a construir carreteras, no, no ofrezco nada, sólo quiero conocerlos para poder defender sus intereses, sus lenguas y cultura. Ahí, tiene usted un cierto número de mis experiencias para mis memorias. En los años sesenta, me metí en la selva amazónica, donde conocí tribus. Además, he viajado mucho por las universidades europeas, muchas, en Alemania, España, Francia, Inglaterra, Israel, República Checa y Suecia, en fin. Los viajes no sólo ilustran, también abren horizontes sobre todo cuando uno va a trabajar, y eso me agrada mucho.

Para él, “es urgente difundir las actuales realidades de los pueblos indígenas marginados de México, llevar sus necesidades de autonomía al Congreso para que sea legisladas y respetar su presencia y cultura”.

Denuncia que esos pueblos siguen arrinconados en zonas de refugio:

“Despreciados y explotados. Tanto el gobierno como la sociedad civil son responsables de su marginación en el país. Han dicho que los pueblos indígenas son tontos, cuando descubrieron el concepto del cero antes que nadie, y flojos, cuando crearon una cantidad innumerable de ciudades maravillosas. Los pueblos mesoamericanos fueron grandes focos civilizatorios de la humanidad, comparables a Egipto, Mesopotamia, India, China y la zona andina, en Sudamérica.”

Menciona que en su defensa de los pueblos indígenas ha apoyado a la organización de varias instituciones académicas y en múltiples foros sobre sus derechos. Lo ha hecho también a través de la prensa en numerosos artículos.

En el Seminario de Cultura Náhuatl, al que han concurrido y concurren numerosos estudiantes de posgrado, incluyendo no pocos de origen indígena, entre otros de las etnias náhuatl, otomí, purépecha y zapoteca, se discuten temas relacionados con el pasado prehispánico colonial y moderno hasta llegar a la problemática contemporánea.

También dirigió durante once años, de 1955 a 1966, la revista América Indígena, órgano del Instituto Indigenista Interamericano, donde igual se discutieron diversos problemas.

Fundó, junto con Ángel María Garibay, el anuario de Estudios de Cultura Náhuatl, editado por la UNAM y continúa dirigiéndolo, habiendo publicado 38 volúmenes.

Participó activamente en la creación de la Casa de Escritores en Lenguas Indígenas, A. C., obteniendo el apoyo de la Secretaría de Educación Pública y de la Unesco. Dicha casa ha continuado sus actividades a lo largo de más de ocho años, durante los cuales ha participado en diversos actos y congresos sobre lenguas y literaturas indígenas.

Hacia 1970, siendo director del IIH-UNAM, promovió la creación del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. En 1973 se ocupó de la creación del Centro de Estudios Históricos-UNAM-UABC (Universidad Autónoma de Baja California) para el desarrollo de los correspondientes estudios históricos en la zona fronteriza de México. Dicho centro es actualmente el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de Baja California.

Así que vuelve a recordar que tiene mucho que contar en sus memorias:

“Es tardado porque leo y releo todo, para que no sea un plomo. He leído, por ejemplo, las memorias de Luis Buñuel, son muy vivas. Leo muchas veces lo que escribo. Ahora, yo tengo muchas y magníficas anécdotas, por ejemplo, de mi maestro Garibay, a quien traté desde el año 1952 hasta que murió en 1967.”

A Garibay, ordenado sacerdote en 1917, sus tareas de su ministerio lo llevaron a distintas poblaciones del Estado de México, en las que emuló la labor misionera y cultural de sus ilustres maestros en lengua náhuatl: Molina, Olmos, Durán, Sahagún y varios más.

–Su maestro era un sacerdote, ¿usted en qué cree?

–Vengo de una familia tradicional mexicana, mis padres eran católicos. Yo estudié con los jesuitas y terminé agnóstico.

Su tesis de doctorado: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, ha tenido varias ediciones revisadas y ampliadas. Esta obra ha sido publicada por la UNAM en 1959, 1966, 1974, 1979, 1983, 1986 y 1993, 1997 y 2001. También ha sido editadas en ruso por la Academia de Ciencias de la URSS (1961) y en inglés por la Oklahoma University Press (1963, 1970, 1971, 1975, 1978, 1980, 1982 y 1985, 1993). Hay también emisiones en alemán (Colonia, 1970), en francés (París, 1982) y en checo (Praga, 2002).

Además es autor, entre otros volúmenes, de Los antiguos mexicanos, a través de sus crónicas y cantares, Las literaturas precolombinas de México, El reverso de la Conquista. Relaciones aztecas, mayas y quechuas de la Conquista, Trece poetas del mundo azteca, Tiempo y realidad en el pensamiento maya, Nezahualcóyotl. Poesía y pensamiento, Literatura del México antiguo. Los textos en lengua náhuatl, Los manifiestos en náhuatl de Emiliano Zapata, Literaturas de Mesoamérica y Quince poetas del mundo náhuatl.

–Ante tantos libros que ha escrito y un sinnúmero de premios que ha recibido, ¿qué reflexiona sobre eso?

–En mis memorias hablo de ello. Por ejemplo, ¿por qué estudié filosofía?, porque llegaron a mis manos dos libros, cuando estaba estudiando en Estados Unidos, Épica náhuatl y Poesía indígena de la antiplanicie, de Garibay, y los leí. Me cautivaron y fui a ver a Garibay. No sabía cómo era él, yo era sobrino del antropólogo Manuel Gamio, él me ayudó mucho, y me dijo que le hablara al padre. No tenía el teléfono de su casa y le hablé a la Basílica y me preguntó qué quería, yo le dije que deseaba verlo, y aceptó. Al verlo, le comenté que quería dedicarme a la filosofía náhuatl y él me interrogó que si sabía náhuatl, y le respondí que no.

“Enseguida me dijo: ‘¿Usted cree que puede hacer un estudio sobre el pensamiento náhuatl si no sabe náhuatl?’. Me dio un libro para aprender náhuatl y me citó a los 15 días, a las 6 de la tarde, con las tres primeras lecciones, de lo contrario que no llegara porque no perdía el tiempo con tontos ni flojos.”

–¿Fue difícil aprender el náhuatl?

–Hasta la fecha lo sigo aprendiendo. Es una lengua tan diferente de las lenguas europeas. Se debe procurar captar especialmente la manera de engranar. Tengo un alumno de Milpa Alta, Francisco Morales, que habla naturalmente, como lo aprendió de niño, y lo habla de forma reverencial. El náhuatl tiene una forma reverencial que convierte a los verbos en reflexivos y apelativos o causativos, esto se dice fácil pero no lo es. Y no todos los verbos se estructuran de manera uniforme. El padre Garibay me ayudó mucho.

–¿Cómo surge el libro Quince poetas del mundo náhuatl?

–El padre Garibay había hecho algo de eso. No es original mío. En su poesía y su historia de la literatura náhuatl, identificó algunas figuras que eran poetas. Eso lo digo en mi libro, no me quiero adornar con plumas ajenas. Lo que yo hice fue llevar eso adelante.

–¿Cómo define a Nezahualcóyotl?

–Como un hombre muy sabio. Contamos con treinta y tantos poemas de él. Yo me he atrevido a reconstruir su pensamiento que parte de una actitud de duda de todo y, sobre todo, de sufrir el cambio que trae el tiempo.

“Me hubiera gustado conocer a Nezahualcóyotl.”

Por lo pronto, el historiador sigue con sus memorias, y no sabe aún cuándo las terminará.

Comentarios

Load More

Informate en la revista digital de Proceso