Arte: “Milpa. Ritual imprescindible”

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Emplazada en el entorno del Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entre la sorprendente belleza y el indignante deterioro de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel en la Universidad Nacional Autónoma de México (REPSA), la exposición Milpa. Ritual imprescindible, es un afectivo y crítico proyecto artístico organizado por científicos.

Concebida originalmente en torno a la tradición cultural, ventaja agroecológica y amenaza agroindustrial de “hacer milpa”, la muestra se convirtió, gracias a la libertad comunitaria del quehacer curatorial, en un plural manifiesto sobre nuestro pasado y presente ecológico.

Seleccionados primero por invitación y después por una dinámica de auto-organización que corrió a cargo de los propios artistas, el proyecto integra autorías de posicionamientos extremos que transitan entre la consagración –Francisco Toledo–; el sólido reconocimiento nacional e internacional –Gabriel Macotela, Damián Ortega, Abraham Cruzvillegas, Betsabée Romero–; la carrera media –Maribel Portela, Maria José de la Macorra, Javier del Cueto–; la trayectoria joven –Mariana Gullco, Mariana Magdaleno, Mauricio Limón–; y la emergencia con Israel Martínez y el Taller de Exposiciones Potenciales.

Organizado por la Unión de Científicos Comprometidos por la Sociedad A.C. (UCCS) a través de su programa Arte, Ciencia y Resistencia que coordina el matemático Juan Carlos Martínez García, el proyecto se divide en dos secciones: una muestra interdisciplinaria en galería y diversas intervenciones en el entorno natural de la REPSA.

Diseñada originalmente como un espacio de exhibición para el Jardín Botánico y utilizada en los últimos años como una lamentable bodega a pesar de su espectacularidad arquitectónica, la galería rescatada acertadamente por la UCCS alberga dos participaciones sobresalientes: Macotela con su espléndida maqueta del tren conocido como La Bestia que hace referencia a los descarrilamientos que, en 2014, tuvo la máquina debido al sobrepeso y esparcimiento de la carga de maíz transgénico; y tres elegantes y contundentes interpretaciones sobre la significación humana y cultural del maíz de Damián Ortega: su conocida estructura noventera de tortillas ensambladas, su Elote clasificado de 2005 que identifica cada grano con un número, y una pequeña y poética Casa Elote de arcilla, cal y madera realizada en 2015.

Alejada y fuera del Jardín Botánico, la intervención de Abraham Cruzvillegas destaca por la claridad de su metáfora: sobre un muro que en algún momento de la historia de la UNAM señaló un límite erróneo de su territorio, el artista, en colaboración con el arquitecto Pablo Pérez Palacios, incrementó su altura utilizando parte del cascajo que no sólo produjeron los numerosos edificios construidos bajo la rectoría de José Narro, sino que fueron tirados en el territorio de la REPSA. Titulada Reconstrucción 2015, la pieza registra dos épocas universitarias, una construida con basalto y otra con basura.

Impulsada por la presidenta de la UCCS Elena Álvarez-Buylla, la exposición nos recuerda que, en la UNAM, todavía existen académicos que asumen una responsabilidad ética frente a la sociedad y el ambiente.

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