Otra vez la Izquierda

"Lula ladrón", protestan en Brasilia. Foto: AP / Eraldo Peres "Lula ladrón", protestan en Brasilia. Foto: AP / Eraldo Peres

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- 1.La fábula del nacimiento de la clase política.

Wilhelm Reich arranca su libro Psicología de masas del fascismo con una fábula sobre la formación de la clase política en las agrupaciones humanas.

Érase que se era un grupo de primates bípedos que se propuso construir una aldea para vivir mejor. Las casas, el pozo común, la morada del médico, la escuela de los vástagos. El grupo estaba en la etapa de la planeación de la aldea cuando cayó en cuenta de que necesitaba que alguien se hiciera cargo de la diaria distribución del trabajo y de la comida.

Tal hizo el elegido: cada día distribuía el trabajo y traía el alimento para todos. Hasta que este Primate Organizador cayó en la cuenta de su poder y empezó a ejercerlo. Cobraba porciones de comida por designar los trabajos más cómodos; y tomaba de la comida común una porción importante para sí.

Así nació la clase política, escribe Reich. Una clase que por organizar al grupo y proveerlo de lo indispensable toma para sí una porción desmedida.

2. La clase política en tiempos de las democracias capitalistas.

No hay día que en el mundo en español no amanezcamos con un titular de periódico con esta estructura:

Nombre del político ladrón: cifra hurtada

En España las cifras del hurto de la clase política no sólo son asombrosas, vienen revelando que el hurto ha sido el sistema de gobierno. Una nueva generación de jueces y una policía leal a ellos –y no a la clase política– vienen documentando los métodos del pillaje de los últimos 30 años. Empresas fantasma para la compraventa de favores. Sobresueldos. Tarjetas de crédito negras. Cobros por asignación de contratos.

Sólo la familia de Jordi Pujol (exhombre fuerte y exhéroe de Cataluña) extrajo del país 4 mil millones de euros. Sólo el Partido Popular extrajo al menos seis veces esa cifra.

En Brasil lo propio. Gracias a una fiscalía independiente del poder político se viene destapando un sistema de gobierno engrasado por la corrupción y para la corrupción. Nada más Luiz Inácio Lula (expresidente y exhéroe nacional) parece haberse hecho ilegalmente de varias casas, haber participado en lavado de dinero y haber comprado las voluntades de Congresos enteros mediante el pago en dinero contante y sonante.

¿Qué se puede decir del hurto de la clase política de México? Que es una cultura. Que nunca ha existido un periodo histórico sin corrupción. Y que caminamos tres pasos atrás de Brasil y España, porque carecemos de jueces y policías independientes de la clase hurtante, y por lo tanto la valuación del hurto –y su posible sanción– queda para la imaginación.

Se rumora por ejemplo que en este gobierno el presupuesto nacional es mordido en un 40% por los políticos que lo ejercen –una proporción sólo igualable en países africanos–. Se rumora que el Congreso nacional se mueve gracias a pagos multimillonarios a los partidos.

En cambio, en Estados Unidos, así como en las otras democracias capitalistas de Europa, todo aparenta ser legal porque el hurto de la clase política se ha legalizado. Todo un entramado de leyes permite el tráfico de favores entre los empresarios y los políticos y el enriquecimiento de los políticos sucede dentro de la ley. “El nuestro es un sistema amañado (rigged) en pro de los ricos y los poderosos y en contra del ciudadano común”, viene diciendo Bernie Sanders en sus mítines de campaña, sin que ni uno de sus contrincantes objete la afirmación y mientras las multitudes de ciudadanos se alzan de sus asientos a vitorearla.

3. Es otra vez el turno de la Izquierda (de otra Izquierda).

Desde hace 30 años los políticos de las democracias nos han prometido un tiempo de abundancia para todos, si abrazábamos uno por uno dos máximas de la lógica capitalista. Si cada cual trabaja para lograr su máximo beneficio, el beneficio de todo el grupo se agrandará. Y si los servicios sociales se estrechan y se vuelven empresas privadas, serán mejores y alcanzarán para más.

Treinta años de esas creencias hegemónicas dan un saldo rojo. Hoy hay más desempleo que hace tres décadas, más concentración de riqueza en menos primates, menos servicios sociales, más desempleo y más enojo social. Es claro que estamos en el umbral de un nuevo tiempo con nuevas ideas para el experimento humano. Nuevas ideas que derivan de las antiguas de la Izquierda pero llegan impregnadas de democracia y desprendidas de totalitarismos.

¿Qué pensaría Lenin de los nuevos izquierdistas? Prometen curar la democracia saqueada con mayor democracia, no menos. Prometen la reinstauración de los servicios sociales pero no la absolución de la propiedad privada. Y prometen un nuevo orden de Justicia –cárcel a los ladrones políticos y purificación de la política mediante nuevos controles y nuevas leyes.

En México todavía este cambio no asoma la cabeza. Y sin embargo es difícil suponer que no lo haga, cuando los problemas de las democracias capitalistas existen acá, pero exacerbados. Tiempo al tiempo. En un lugar todavía no conspicuo unos 30 treintañeros todavía no conocidos nacionalmente fraguan la retórica y el método mexicano para llegar al nuevo tiempo –ese de coordenadas adivinables. O bien (como en el caso de EU) unos cuantos septuagenarios preparan el regreso de sus ideales socialistas de la juventud a la plaza pública.

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