Europa está perdiendo el alma

El cuerpo de un niño migrante fue encontrado en Turquía tras hundirse embarcación. Foto: AP / Halit Onur Sandal El cuerpo de un niño migrante fue encontrado en Turquía tras hundirse embarcación. Foto: AP / Halit Onur Sandal

Paris, (apro).- El Observatorio Sirio de los Derechos Humanos es categórico: los guardafronteras turcos no dudan en disparar contra los refugiados sirios que huyen de la guerra. La organización asegura que 16 migrantes, adultos y menores de edad fueron acribillados en la frontera entre Turquía y Siria en los últimos cuatro meses.

Amnistía Internacional, por su parte, denuncia en un informe publicado el 1 de abril que desde mediados de enero las autoridades de las regiones del sur de Turquía, fronterizas con Siria, juntan y deportan diariamente a ese país a centenares de mujeres, niños y hombres acorralados al exilio por las tropas de Bashar al Asad y de los yihadistas del Estado Islámico o por los bombardeos aéreos de la aviación militar rusa y occidental.

“Estas acusaciones vuelven aún más vergonzoso y peligroso el acuerdo firmado el pasado 19 de marzo entre la Unión Europa y Turquía en virtud del cual se confía a ese país el destino de decenas de miles de refugiados. ¡Está perdiendo Europa el alma!”, se indigna Pierre Henri, presidente de la ONG, France Terre d’Asile .

“La Unión Europea está pisoteando todos sus principios”, enfatiza por su lado Marc Pierini, investigador de la Fundación Carnegie-Europa y exembajador de la UE en Turquia. Agrega: “Las negociaciones que precedieron la firma de ese acuerdo fueron en realidad regateos indecentes dignos del gran bazar de Estanbul”.

Responsable de los refugiados de la sección francesa de Amnistía Internacional, Jean-François Dubost presenta otra metáfora: “Los europeos se comportan como plomeros, su única obsesión es detener a toda costa el flujo de refugiados”.

Las negociaciones entre la UE y Turquía duraron meses. El objetivo de Bruselas era cerrar “la puerta griega” a los refugiados a Europa, y el de Ankara era aprovechar al máximo la situación para arrancar concesiones financieras y políticas a los europeos.

En 2015 un millón de refugiados y migrantes provenientes de Turquía cruzaron Grecia – país que pertenece al espacio de Shengen—para dirigirse, ya sea a Alemania o Suecia, pasando por la ruta de los Balcanes, o a Gran Bretaña, pasando por Italia y Francia.

Agobiada por una situación económica más que precaria y rebasada por la amplitud del problema, Grecia no pudo jugar el papel de “filtro” que los demás miembros de la UE exigían que asumiera.

El resultado no se hizo esperar : Macedonia, Serbia, Hungria y Austria cerraron herméticamente sus fronteras, dejando a miles de refugiados atrapados sin salida en inhóspitas tierras de nadie, mientras que unos 46 mil se estancaron en Grecia sobreviviendo en condiciones indignas.

¿Cómo aliviar Atenas? Pues arreglándose con Ankara, decidió Bruselas. Bohuslav Sobotka, Primer Ministro checo, resume el acuerdo en forma lapidaria: “Desde el 20 de marzo se devuelve a Turquía todos los migrantes ilegales que salen de ese país para llegar a Grecia”.

Por supuesto la realidad es más compleja. Grecia sólo acogerá temporalmente a migrantes legales de distintas nacionalidades y a sirios autorizados a pedir asilo.

Con ayuda de la OTAN, la Unión Europea regresará a todos los demás migrantes y refugiados a Turquía. Sin embargo, por cada sirio sin derecho a asilo en la UE devuelto a Turquía , Europa se compromete a recibir a un sirio radicado en Turquía con autorización a solicitar asilo en un país europeo. Bruselas limita a 72 000 el número de refugiados que acepta amparar en el marco de ese canje. Turquía asegura además que agudizará su lucha contra las redes de “coyotes”.

“¡Es una auténtico ‘trueque de migrantes’” , exclama, ofuscado, Karim Lahidji , Presidente de la Federación Internacional de los Derechos Humanos. “¡Es el colmo! Nos toca recordar a los dirigentes turcos y europeos que están en presencia de seres humanos. No intercambian mercancías! La sola idea de que la admisión de sirios en países de la UE dependa de la voluntad de Turquía de reintegrar a otros sirios es simplemente inadmisible!”.

Sumamente cuestionable a nivel ético, el acuerdo entre Bruselas y Ankara lo es también a nivel legal. Explica Geneviève Jacques, jurista de la FIDH, experta en derechos de migrantes:
“Según los reglamentos comunitarias europeos ese acuerdo sólo es legal si la UE otorga a Turquía el estatus de ‘país seguro’, es decir respetuoso de los tratados internacionales sobre refugiados”.

Insiste Geneviève Jacques: “Eso no lo puede hacer Bruselas. Si ya lo hizo entonces violó su propia legislación y eso por una razón muy sencilla: Turquía firmo la Convención de las Naciones Unidas de 1951 sobre los refugiados pero exigió beneficiar de una clausula restrictiva. Los únicos refugiados que acepta amparar son los europeos. Por lo tanto los 2 millones y medio de sirios que se encuentran actualmente en el país viven en un auténtico limbo legal que los expone a todo tipo de abusos”.

Tayyip Erdogan exigió además de Europa 3 mil millones de euros suplementarios para cumplir su nueva misión. Ya había obtenido la misma suma, a finales de 2015, para financiar los numerosos campos de refugiados esparcidos en el país. El presidente turco aprovechó también el apremio europeo para tratar de reabrir las negociaciones de admisión de Turquía en la UE empantanadas desde 2005.Por si eso fuera poco, buscó imponer la supresión de visados para los ciudadanos turcos deseosos de viajar a Europa. Bruselas respondió con promesas simbólicas a estas dos últimas solicitudes.

El acuerdo turco-europeo deja pendientes numerosos interrogantes.

¿De qué manera concreta las fuerzas de la OTAN participarán en la expulsión de refugiados y migrantes hacia Turquía? ¿Que ocurrirá con miles de migrantes afganos, eritreos, etíopes, iraquies, iraníes, entre muchos otros, cuya suerte no está contemplada por el acuerdo ? ¿Estarán masivamente deportados a sus países de origen? ¿En qué condiciones? ¿Con qué riesgos para su integridad física?

Dan Van Raemdonck , Secretario General de la rama belga de la FIDH, teme que la situación empeore aún más.

“Cerrar la ruta migratoria que pasa por Turquía, Grecia y los Balcanes no desanimará a los refugiados , sólo los obligará a buscar otras rutas más largas, más costosas y más peligrosas. La UE se equivoca si piensa resolver la peor crisis migratoria que enfrenta desde la segunda guerra mundial con medidas a corto plazo, cerrando fronteras e improvisando la externalización de sus responsabilidades…”.

Comentarios

Load More