Llegó “Nacho López: Fotógrafo de México” a Bellas Artes

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Luego de 21 años de ausencia en un espacio público, las salas del Palacio de Bellas Artes abrieron la exposición Nacho López. Fotógrafo de México, 235 fotografías “vintage”, es decir, impresiones de época hechas por él mismo.

La obra del fotógrafo tampiqueño Ignacio López Bocanegra (1923-1986) estuvo en el Museo de Arte Contemporáneo de esta ciudad en 1985. Sin embargo, para esta retrospectiva, a 30 años de su fallecimiento, los curadores José Antonio Rodríguez y Alberto Tovalín se dieron a la tarea de compilar por más de una año diversas piezas en varios archivos fotográficos, principalmente el familiar y la Fototeca Nacional.

El concepto curatorial gira en torno a 6 núcleos mediante los cuales el visitante podrá conocer las diversas facetas en las que incursionó el fotógrafo, además de apreciar algunas imágenes emblemáticas de su persona.

En el apartado inicial, Yo el ciudadano, se expone la vida cotidiana en los años 50 y 60 de la Ciudad de México y donde el espectador podrá observar los contrastes entre una urbe ya cosmopolita y los barrios marginados donde los relegados y desprotegidos fueron el motivo principal del fotógrafo, quien testimonió así su vida, centros de diversión y entretenimiento como eran las pulquerías, carpas de espectáculos, etc.

La segunda sección, Paginas visuales, reúne al López en su etapa como fotorreportero, cuando trabajó para las revistas ilustradas Mañana y Siempre!. Es quizá este apartado el significativo de la muestra, pues en esas publicaciones dio a conocer sus trabajos más sobresalientes donde lo mismo retrataba instantes cotidianos que puestas en escena o provocadas por él mismo. Entre estos últimos destacan “Cuando una mujer guapa parte plaza por Madero” (1953), donde Maty Huitrón es la modelo, y “La Venus se fue de juerga por los barrios bajos” (1953). Son fotos icónicas de López que ya forman parte del imaginario visual nacional. Asimismo, el espectador podrá observar la puesta en página de la fotos “vintage” en el material hemeragráfico de esa época.

En la década de los 70’s, Nacho López tiene un acercamiento con el Instituto Nacional Indigenista, lo cual le permite realizar fotografías de diferentes grupos étnicos del país. Así, Tierra y tiempo es la tercera sección donde el visitante podrá contemplar además del libro “Viaje a la Tarahumara” (escrito por Fernando Benítez y acompañado por fotografías de López), imágenes de mixes, lancadones, coras, tzotziles realizando algunos de sus rituales principales y tradiciones ancestrales. Las placas expuestas son resultado de una estrecha y respestuosa convivencia que el fotógrafo mantuvo con las comunidades indígenas.

El cuarto núcleo, Trastocación, se desprende a partir de una estancia realizada por el fotógrafo en 1948 en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela. Es sin duda, de toda su obra, el más excepcional ya que a través de experimentaciones el artista utiliza objetos y cuerpos para producir entre sí una interacción, dando como resultado fotomontajes o sobreimpresiones e imágenes esgrafiadas en su superficie con dibujos trazados por medio de químicos. En esta sala el visitante podrá tomarse una Vasedactigrafía, para la cual tendrá que entrar a un cuarto oscuro donde, mediante un muro fosforescente y un flash electrónico, permitirá congelar la sombra sobre el muro y con una lámpara de mano escribir sobre la sombra alguna frase.

Fue la danza donde Nacho López también incursionó. De ahí que Multidimensionalidad sea el nombre del penúltimo núcleo, en el cual se enseña el manejo técnico de la cámara por parte del fotógrafo e imágenes de personajes inmersos en su papel artístico para las diferentes puestas coreográficas, sobresaliendo “Zapata”, de Guillermo Arriaga (1953), “Redes”, de José Limón (1951) y La manda de Rosa Reyna (1951).

Esta gran exposición finaliza con el apartado Lo cinematográfico, realizado a partir de la inquietud de López por trabajar con la imagen en movimiento y director de escenas. Su incursión en dicho género se desprende a partir de haber sido extra en los Estudios Churubusco en los años cincuenta, lo cual le produjo una inmensa fascinación la fotografía de cine y particularmente por el trabajo de Gabriel Figueroa. Aquí pueden observarse imágenes de artistas filmados, así como documentales realizados por él, como Todos somos mexicanos (1958), En algún lugar del mundo (La Habana, Cuba 1959), y la cinta experimental Los hombres cultos (1972).

Una exhibición fotográfica de intensa investigación documental donde se llegaron a revisar miles de imágenes; al final, el guion curatorial desprendió 400 de ellas, que en conjunto revelan la intensa labor de este pilar fundamental dentro de la fotografía mexicana. Un adelantado de su tiempo que incursionó en diferentes campos de producción visual en los años donde aún la televisión no acapara la atención de la sociedad.

Paralelo a la muestra se llevará un ciclo de cine en la Cineteca Nacional del 10 al 15 de mayo, y charlas donde participaran investigadores como Armando Crsiteto, Debora Dorotinsky, Patricia Mendoza, Rebeca Monroy, Antonio Saborit, y fotógrafos como Marco Antonio Cruz, Elsa Medina, y Daniel Mendoza, Rodrigo Moya y Pedro Valtierra. La muestra se presenta en las salas de la planta baja y el segundo piso del Palacio de Bellas Artes del 15 de abril al 10 de julio de 2016.

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