Exposición “Mayas. El lenguaje de la belleza”, en Berlín

Una de las piezas de la muestra Mayas. El lenguaje de la belleza. Foto: INAH Una de las piezas de la muestra Mayas. El lenguaje de la belleza. Foto: INAH

BERLÍN (apro).- Apenas habían pasado tres o cuatro días luego del nacimiento de un niño cuando su pequeña cabeza era aprisionada entre dos tablas que la presionaban de tal forma que luego de varios días el tierno cráneo cobraba una forma plana por detrás y alargada. El procedimiento, indoloro aunque incomodo, no reducía el tamaño del cráneo ni dañaba el desarrollo y actividad del cerebro, pero sí lo moldeaba. Se trataba de una costumbre arraigada entre el pueblo maya prehispánico y aplicaba para todos los estratos sociales y géneros.

El testimonio más fiel de dicha práctica es el famoso retrato de estuco de K’inich Janaab’ Pakal, el gobernante maya de Palenque. La escultura con más de mil años de antigüedad presenta el rostro afilado de un hombre, cuyos rasgos faciales se pueden admirar a detalle: pómulos prominentes, nariz larga y aguileña, labios delgados y una cabeza larga y plana. Sobre su frente y sienes caen mechas de cabello escalonado que recuerdan las hojas de maíz y cuyo efecto visual alarga aún más la cabeza. Este alargamiento de cráneo hace pensar a los arqueólogos investigadores que tal “deformación” era una evocación que hacían los mayas del dios del maíz, Bolon Mayel.

El moldeado cefálico, así como una serie de prácticas que van desde el tatuaje, el limado dental, la perforación, las escarificaciones y hasta el estrabismo, constituyen los paradigmas de belleza y estética del legendario pueblo maya, que por primera vez se presentan en Alemania como temática de la exposición Mayas. El lenguaje de la Belleza en el museo Martin Gropius Bau de Berlín.

La muestra, que puede visitarse en la capital alemana hasta el 7 de agosto, es la carta fuerte de México en la serie de actividades que tendrán lugar este año y parte del próximo dentro del denominado Año Dual México-Alemania.

Se trata de 300 piezas consideradas tesoro nacional que por primera vez se presentan juntas en Europa y que dan fe de algo tan subjetivo como antiguo: la belleza y la constancia que de ésta dejaron los mayas en sus vestigios.

“Mayas, el lenguaje de la belleza surge como una aproximación a los mayas prehispánicos distinta a la narrativa cronológica o a la temática que gira en torno a los aspectos que los distinguen como grupo cultural. Aquí, tiempos, estilos y funciones se conjugan para ofrecer una visión del arte maya, de los valores estéticos en él plasmados, particularmente en las representaciones de un elemento predominante en su plástica: el cuerpo, al que idealizaron revelando, no sólo su propia concepción del hombre y sus paradigmas de belleza, sino también su lugar en el concierto cosmogónico”, explica en entrevista con Apro Karina Romero Blanco, curadora de la exposición.

Y sí. Cada una de las 300 piezas expuestas en Berlín revela el paradigma de belleza del pueblo maya que, muy lejos de los cánones actuales, se basaba en evocar a sus dioses, la naturaleza y su cosmovisión.

Estereotipo divino de belleza

Espectacularmente conservadas, dos máscaras funerarias de color verde hechas de mosaicos de jade, obsidiana y conchas y con más de mil 500 años de antigüedad se erigen en una de las salas del Museo Martin Gropius Bau. De forma humana, los rostros presentan una clara deformación craneal y estrabismo en los ojos. El estrabismo, explica la tarjeta informativa que acompaña a las piezas, no sólo era considerado un rasgo de belleza por los mayas sino que evocaba el rostro del rey del sol K’inich Ajaw.

“Además de ser considerado un rasgo de belleza, para los mayas del periodo Clásico el estrabismo evocaba el rostro del dios solar, K’inich Ajaw, a quien se representaba con las pupilas de los ojos en espiral, y estrábicas – conocidos vulgarmente como bizcos. Según el cronista Fray Diego de Landa, las madres colgaban del cabello del niño una pequeña bola de resina que caía en su entrecejo y le obligaba a torcer los ojos”, explica Romero Blanco.

En otra sala, una vitrina alberga seis piezas de barro finamente moldeadas provenientes de Comalcalco, Tabasco y de Jaina, Campeche, que pertenecen al periodo clásico tardío de los mayas, lo que significa que fueron elaboradas en algún momento entre los años 600 y 900 d. C.

Los rostros de los hombres en ellas representados contienen marcas en relieve de distintos tamaños y formas: algunas nacen desde las comisuras de los labios y se prolongan hasta la mitad de la mejilla, otras se extienden por la frente y bajan como serpientes por las sienes hasta la parte superior del pómulo y acaban en la nariz. Se trata de escarificaciones, otra práctica estética muy dolorosa pero común entre los mayas.

Con objetos punzo cortantes se hacían heridas sobre la piel que seguían un diseño determinado. A la herida abierta le ponían tierra o pequeñas piedras de tal forma que se infectara y el proceso de cicatrización dejara marcas con relieve que no desaparecieran con el transcurso del tiempo.

Igual de doloroso pero también recurrido era el limado dental que se practicaba sin distinción de clase social ni sexo a los jóvenes mayores de 15 años. De acuerdo con las crónicas de Fray Diego de Landa, citadas dentro de la misma exposición, había la tradición de limar los dientes hasta que éstos tuvieran el tamaño y forma de un diente de sierra, lo que era considerado como un adorno.

–Las que se exhiben y describen en la exposición eran prácticas muy dolorosas. ¿Había una cultura del dolor vinculado a la estética?

–Hasta donde sabemos no, y es que ese no era su objetivo. No sería correcto interpretar prácticas como la escarificación como actos sanguinarios y violentos. De hecho esta es una práctica que no es exclusiva de los mayas prehispánicos, sino que hasta la fecha se realiza entre varias culturas del mundo, particularmente en Australia y, sobre todo, África.

Someterse a un proceso tan doloroso era la única vía para lograr la escarificación, la cual sí tenía un significado especial: las formas de las cicatrices definían la personalidad del individuo que las portaba.

“A partir de la personalidad del sujeto es que se plasmaban las imágenes. Por ejemplo, tenemos en la exposición un elemento arquitectónico procedente de Uxmal con la representación de un rostro que tiene la figura de una serpiente estilizada en la mejilla izquierda. Hay otras figurillas, de Jaina, que presentan cortes en las comisuras de los labios que evocan al aliento divino y otorgan vida al personaje representado”, detalla Romero Blanco.

La también exdirectora del Museo Antropológico de Cancún y actual curadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia pone énfasis en que todas estas prácticas de los mayas tienen que entenderse a partir de sus paradigmas estéticos.

“Las prácticas como la decoración dental y la modificación artificial de la forma de la cabeza fueron generalizadas en todos los sectores de la sociedad que, más que responder a modas o preferencias estéticas o ser un distintivo de estatus social o género, se relacionaban con esquemas ideológicos, tradiciones propias de cada familia o comunidad; eran expresiones de integración e identidad que a la vez establecía un vínculo entre el individuo y el cosmos”, apunta.

–¿Qué tan importante era para los mayas la relación con sus dioses y, por ende, hacer estos arreglos sobre sus cuerpos?

–Mucho. Los mayas veneraban a múltiples deidades y entidades sagradas de muy diversa naturaleza, que podían encarnar los poderes más grandes o ser guardianes de diminutas plantas, pequeños arroyos o de los montes. Sus representaciones incluyen características humanas con elementos animales, vegetales y otros imaginados. A esos dioses y seres sagrados atribuyeron el origen de los sobrecogedores fenómenos naturales a los que temían, y de la expresión material y espiritual de todo cuanto existe. Muchas de las intervenciones al cuerpo se relacionaban con aspectos físicos de las deidades, como pueden ser el modelado cefálico y cierto tipo de peinados, asociados con Bolon Mayel, dios del maíz.

Acervo de 28 muesos

Dividida en cuatro ejes temáticos la exposición reúne por primera y única vez piezas procedentes de acervos de 28 museos entre los que destacan el Museo Nacional de Antropología e Historia; del Museo Arqueológico del Camino Real de Hecelchakán y del Centro INAH, en Campeche; del Museo de Sitio de Comalcalco, Tabasco y del Museo Regional de Antropología Palacio Cantón, de Yucatán, entre otros.

Además del cuerpo como lienzo, en el que se exponen las prácticas antes descritas, Mayas. El lenguaje de la belleza presenta en el segundo núcleo temático, el cuerpo revestido, la compleja parafernalia que acompañó a los mayas en todos sus estratos sociales y que éstos dejaron plasmadas en estelas, esculturas y alfarería: desde los riquísimos atuendos de sus gobernantes hasta los sencillos taparrabos de los campesinos; desde la espectacular joyería de jade –la piedra sagrada para ellos– hasta las cuentas aisladas; y desde los coloridos textiles bordados hasta los sombreros de ramas encontrados en Jaina.

El tercer eje, la contraparte animal, plantea el concepto de la dualidad, esa correspondencia entre el hombre y el animal que sigue vigente en la cosmovisión de muchos pueblos indígenas en la actualidad. “El famoso nahualismo que asocia a cada individuo con una contraparte zoológica con la cual formará una asociación íntima que se mantendrá a lo largo de su vida. La antropomorfización de los animales es patente al quedar revestidos de cualidades humanas y a zoomorfización de diversos personajes, que adquieren la fuerza y habilidades de los seres que los acompañan”, explica Romero Blanco.

Como pieza clave de esta sección, la también comunicóloga señala una vasija con tapa de Bekam por ser, asegura, una de las piezas polícromas más hermosas que se han encontrado. “Tiene un contenido sumamente complejo en su iconografía: tiene un caimán que puede ser la representación del dios terrestre y de la boca de éste sale la cabeza del dios del maíz decapitada. Y a los dos lados de la figura están varias representaciones del dios del maíz”.

Y finalmente el cuarto núcleo temático, los cuerpos de la divinidad, que como su nombre lo señala, está dedicado a las representaciones que los mayas hicieron de sus deidades. En las salas 8 y 9 nueve de la exposición, las últimas, se irguen impresionantes estelas en roca, sobre cuyas superficies se cincelaron las complejas representaciones del panteón maya.

“Mayas, el lenguaje de la belleza es una exposición extraordinaria que presenta además tres testimonios: el que los mayas prehispánicos plasmaron a través de sus manifestaciones artísticas; el de los cronistas del siglo XVI como Fray Diego de Landa, un polémico franciscano que plasmó en textos muchas de las costumbres antiguas de los habitantes de la Península de Yucatán; y el tercero y particularmente importante, el de los especialistas en la cultura maya -arqueólogos, antropólogos, antropólogos físicos, etnohistoriadores e historiadores del arte en cuyos trabajos está basada esta exposición”, concluye Romero Blanco.

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