Ópera: “Los puritanos”

Los Puritanos. Foto: Especial Los Puritanos. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Por fin se presentó en Bellas Artes la tan esperada y promocionada ópera de Vincenzo Bellini (1801-1835) Los puritanos, compuesta unos meses antes del fallecimiento del autor siciliano.

Desde 1980, ésta ópera no se representaba ahí, con las sopranos Winifred F. Brown y Angélica Dorantes, los tenores Raffaele Cardone y Santiago Sánchez, Roberto Bañuelas y Marco Antonio Saldaña, y el bajo Rogelio Vargas, con dirección de Antonio de Almeida.

Ahora alternan el personaje de Arturo los tenores Javier Camarena y Alessandro Luciano. El reparto lo completan Leticia Altamirano, Armando Piña, Rosendo Flores, Isabel Stüber Malagamba, y José Luis Reynoso.

La sorpresa de la noche durante el estreno fue sin duda Leticia Altamirano. Su personaje, Elvira, es muy duro, arriesgado actoral y vocalmente. Hay dos escenas de locura, donde literalmente el personaje pierde la cordura y que actoralmente se tienen que hacer muy bien pues de lo contrario puede caerse en el ridículo. Ella se lució con verdad escénica y canto mesurado, cuidadoso, pues estaba debutando el papel y aún le quedaban por delante otras cuatro funciones.

La soprano demostró bravura en las coloraturas, en los difíciles sobreagudos sacó carácter y volumen, así como pasajes con una bella media voz en pianísimo, inteligencia canora y sobre todo un bellísimo timbre.

Otro debut sorprendente fue el barítono Armando Piña, quien interpretó a Ricardo Forth. Piña fue residente del Ópera Studio de Zurich y ha sido galardonado en varios concursos internacionales. Debuta ahora en Bellas Artes y luce su hermoso timbre de voz y su desenfado escénico, convenciendo al público que lo premió con larguísimas ovaciones y bravos.

Tenemos un nuevo barítono que sin duda engalanará las nuevas producciones de la OBA (Ópera de Bellas Artes). El mismo caso es el del bajo José Luis Reynoso (Lord Gualtiero) de hermosa voz y creíble actuación, de las nuevas generaciones.

El veterano Rosendo Flores (Sir Giorgio) no estuvo en su mejor día, y al final de su aria el público no le otorgó ni un aplauso y eso que en Bellas Artes aplaude constantemente.

La escenografía, supuestamente un castillo en ruinas, parecía más un cárcamo recolector de aguas residuales, que además padecimos durante los tres actos: Las columnas de “piedra” se bamboleaban cada vez que alguien las rozaba, iluminación con muchas fallas y vestuario incoherente. Las pelucas de los señores eran de risa, en especial la de Camarena, quien parecía más una gorra beisbolera.

El trazo escénico de Ragnar Conde no fue muy claro; dicho en otras palabras, quién sabe qué quiso hacer. Y la orquesta, dirigida por Srbra Dinic, pifiando y desafinándose como en los viejos tiempos; a ratos la lentitud consiguió un ambiente soporífero. El coro, inseguro, pues no alcanzó a aprender la obra, por lo que unos apuntadores les gritaban la letra desde las piernas del teatro.

Función llena de altibajos. Camarena cumplió, lució una bella voz en un personaje que todavía puede perfeccionar mucho con el que sin duda tendrá un gran éxito en próximos compromisos en El Met.

Con todo, la OBA se anotó un gran éxito y el público que abarrotó la sala salió muy contento.

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