“Un no es un no”, dicen las brasileñas

Una mujer protesta contra la violencia en Copacabana, Brasil. Foto: AP / Felipe Dana Una mujer protesta contra la violencia en Copacabana, Brasil. Foto: AP / Felipe Dana

RÍO DE JANEIRO (apro).- Las mujeres han salido de nuevo a las calles de las principales ciudades de Brasil, pero esta vez los medios de comunicación no nombraron al movimiento “primavera de las mujeres”, como ocurrió el año pasado, cuando millares de ellas tomaron las calles para pedir más derechos como el del aborto. Ahora es más bien la rabia la que impulsa a miles de ellas.

El pasado 25 de mayo pasado se dio a conocer una “violación colectiva” en la favela de São José Operário, en la zona oeste de Río de Janeiro. En realidad el crimen se había cometido una semana antes, pero la víctima, una joven de 16 años, no lo había denunciado por miedo.

La noticia se conoció en las redes sociales, donde los presuntos violadores publicaron un video que mostraba los abusos sexuales que la joven padeció, y comentarios en los que se señalaba que 30 hombres habían participado en la agresión.

Las denuncias llegaron entonces a las autoridades por parte de indignados ciudadanos que vieron la grabación, compartido por personas que no entendían que se trataba de un verdadero crimen o bien porque les había parecido “chistoso”.

De hecho el video empezó a desaparecer la noche de ese 25 de mayo, cuando las autoridades judiciales insistieron que compartirlo exponía a sus autores a procedimientos judiciales. La Procuraduría encargada de luchar contra los crímenes cibernéticos recibió más de 800 denuncias con los datos de los perfiles de usuarios que habían compartido la grabación, y al medio día se supo que se trataba de una violación a una menor de edad. A pesar de ello, la mayoría de los usuarios hicieron comentarios machistas e insultantes hacia la víctima.

En los días siguientes se podía leer en las redes sociales muchos comentarios culpando a la joven de lo ocurrido: ella habría “provocado” la violación por estar vestida con ropa demasiado corta (aún cuando nadie sabe cómo iba vestida esa noche) o por simplemente haber salido y no quedarse en casa.

Otros comentarios mostraban a personas horrorizadas por esa violación y por las reacciones machistas en las redes. La rabia creció, no sólo entre las feministas, debido a la actitud del agente de la policía encargado de la investigación, Alessandro Thiers, quien afirmó a la prensa que no podía “decir si realmente hubo violación y si hubo o no consentimiento por parte de la joven”.

En el video la adolescente aparece completamente drogada, lo que ella confirmó a la policía explicando que no se acordaba de nada, solamente de haber despertado con 33 hombres armados alrededor de ella.

Después de haber interrogado a cuatro de los identificados en el video, Thiers los dejó en libertad. Eso provocó de nuevo la indignación en las redes. Luego Eloisa Samy Santiago, la abogada de la joven, pidió que el agente policiaco se retirara del caso después de que éste interrogó a la víctima.

“Alessandro Thiers preguntó repetidamente si ella tenía costumbre de practicar sexo en grupo. Cuando uno ve la actitud de la policía, no hay que sorprenderse de que muchas mujeres prefieren no denunciar”, explica la abogada en su perfil de Facebook.

Según el Fórum Brasileño de Seguridad, una organización que realiza investigaciones, únicamente 10% de las mujeres denuncia a la policía cuando son violentadas sexualmente.

La “cultura de la violación”

La petición de la abogada recibió el respaldo de la población. Cristiana Bento, encargada de la Procuraduría para los Adolescentes Víctimas (DCAV, por sus siglas en portugués), retomó el caso y pocas horas después, en su primera conferencia de prensa, dijo que “sí hubo violación, no tengo dudas sobre eso. Lo que no sabemos todavía con seguridad es el número de hombres que participaron del delito”.

El gobierno interino de Michel Temer decidió tomar cartas en el asunto.

Ya bastante criticado por haber condenado la violación dos días después, Temer intentó recuperar el tiempo perdido y anunció un “plan nacional de lucha contra la violencia contra la mujer”, que propone aumentar el número de policías en las aéreas con mayor densidad de violencia doméstica, crear un protocolo de atención a las víctimas y un registro de los delincuentes sexuales.

Pero el proyecto fue reprobado debido a que el gobierno no presentó ni presupuesto ni fecha para ponerlo en práctica. El periódico Folha de Sao Paulo preguntó a tres especialistas en violencia doméstica si el plan tendría algún efecto contra la violencia. Los tres coincidieron: concentrar las acciones en la policía no es ni lo más urgente ni es lo más eficaz.

De acuerdo con los especialistas, tiene que capacitarse a los policías, pero sobre todo insistieron en la necesidad de cambiar la mentalidad y la cultura machista que, afirmaron, constituye la base de la violencia hacia las mujeres.
Poner fin a “la cultura de la violación” es la reivindicación que más se escucha durante las marchas de las mujeres. El psicólogo Fernando Acosta es pionero en Brasil en el tema de la violencia masculina y desde 1992 organiza grupos de hombres que ejercieron violencia doméstica.

“Lo que llamamos la cultura de la violación en Brasil es la manera con la cual los hombres viven su sexualidad y consideran a las mujeres como objetos de consumo. Se ve en los comportamientos de los hombres en el día a día.

Puede ser un hombre que se jacta de haber conquistado varias mujeres o uno que toca una mujer en un espacio publico o que obliga a su compañera a tener relaciones sexuales cuando ella no quiere”, explica a Apro el especialista
“El problema –añade– es que crecemos así y la mayoría de los hombres no se dan cuenta que su actitud es abusiva, porque la ven en la publicidad, en los medios de comunicación, en las conversaciones con sus amigos”.

La psicóloga Aurea Guimarães, que trabaja con niños víctimas de abuso en Río de Janeiro, participó el pasado 27 de mayo en la primera manifestación de mujeres tras el descubrimiento de la multitudinaria violación.

Declaró: “Quise venir porque es muy importante que la sociedad tome conciencia de la gravedad de la situación. Cada 11 minutos una mujer es violada en Brasil y la mayoría son menores o muy jóvenes. Y después son años para reconstruirse, pero no todas lo logran. Como toda la gente presente esta noche, estoy indignada y preocupada por los derechos de las mujeres que están en riesgo ahora en Brasil”.

La psicóloga habla del gobierno interino de Temer, que en sólo dos semanas ha provocado la ira de las feministas. A su lado una mujer alza una pancarta que dice: “Fátima Pelaes no me representa”.

Fátima Pelaes es la nueva secretaria de los Derechos de las Mujeres en el gobierno interino de Temer, que excluyó a las mujeres de su gabinete. Diputada evangélica, Pelaes apoya la propuesta de su grupo parlamentario de prohibir el aborto aun en caso de violación, todavía permitido en Brasil. Su nominación fue la peor noticia para las feministas.

Durante cinco años de gobierno, la presidenta Dilma Rousseff, destituida por el pedido de juicio político en su contra, nombró a 18 mujeres como titulares de distintos ministerios. Para las feministas el cambio ha sido brutal. Hasta Nadine Gasman, representante de la ONU Mujeres en Brasil, tuvo que fijar su posición durante una conferencia de prensa: “Brasil es actualmente uno de los poquísimos países que no tiene mujeres en el gobierno”, dijo.

La funcionaria de la ONU se dijo preocupada por las consecuencias que implican los cortes previstos en el programa social “Bolsa familia” que ayuda a las mujeres: “En cinco años el número de micro-empresarias aumento 800%, pasando de 21 mil en 2009 a 2.1 millones en 2014”, precisó.

El país centroamericano pasa por un mal momento en materia de derechos de las mujeres, pero la fuerte presencia femenina en las calles muestra que existe un deseo de cambiar la situación, empezando por el respeto. “Un no es un no”, decían la mayoría de los carteles en las manifestaciones. Una frase simple de entender, pero que todavía las mujeres deben repetir.

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