Eurocopa 2016: la máxima tensión, los peores augurios

Uno de los filtros de seguridad en el Estadio de Francia. Foto: AP / Christophe Ena Uno de los filtros de seguridad en el Estadio de Francia. Foto: AP / Christophe Ena

PARÍS (apro).- Tiemblan Anne Hidalgo, alcaldesa de París, y el Comité Ejecutivo de la UEFA. No es para menos: la gran fiesta de la Eurocopa 2016 no podía empezar bajo peores augurios.

Si bien pararon las lluvias torrenciales y la crecida del río Sena que amenazaban con inundar parte de la Ciudad Luz, ahora montones de inmundicias desfiguran las calles de París. El lunes 6 los trabajadores que recolectan la basura se unieron a la movilización sindical contra la reforma a la Ley Laboral que sacude Francia desde hace casi tres meses.

Por su parte, los ferrocarrileros, punta de lanza del movimiento social, no bajan la guardia. Desde el miércoles 1 han mantenido una huelga que perturba –sin paralizarla– la circulación de trenes entre la capital y las diez ciudades de provincia en las que los 24 equipos europeos disputarán un total de 51 partidos de futbol.

Los pilotos de la aerolínea Air France no se quedan atrás: acaban de confirmar que dejarán de volar del 11 al 14 junio, día en el que se llevarán a cabo decenas de manifestaciones de protesta en toda Francia.

Por si fuera poco, Abu Mohamad Al-Adnani, vocero del Estado Islámico (EI), acaba de pedir a sus seguidores que “intensifiquen sus esfuerzos para golpear a Occidente durante el mes del ramadán”. Este mes ritual del Islam, en el que los musulmanes respetan un ayuno muy estricto desde el alba hasta la puesta del sol, empezó el lunes 6, sólo cuatro días antes del primer partido de la Eurocopa 2016 en el que se enfrentaron los equipos de Francia y Rumania, donde el primero se impuso al segundo 2-1.

Patrick Calvar, jefe de la Dirección General de la Seguridad Interior (DGSI), no teme solamente un ataque del EI, sino atentados de Al Qaeda que lleva meses buscando una oportunidad espectacular para “robarle el show” al EI, su rival. La Eurocopa 2016 que aglutina a multitudes y a todas las cadenas televisas del planeta, podría ser el blanco “ideal” para la organización terrorista.

La lista detallada de las fuerzas de seguridad desplegadas en todo el país para tratar de “evitar lo peor” se alarga día tras día. Hace dos semanas se hablaba de 90 mil hombres. Hoy se mencionan 100 mil: 42 mil policías, 30 mil gendarmes, 5 mil 200 miembros de los servicios especiales de seguridad que incluyen, entre otros, a 2 mil 500 bomberos y 300 expertos en explosivos; gran parte de los 10 mil militares movilizados desde los atentados perpetrados en París en enero y noviembre de 2015, aprate de 13 mil agentes de empresas privadas de seguridad…

Juntar a estos últimos fue lo más difícil. Asustadas por el nivel de riesgos que tendrían que enfrentar o prevenir, las grandes empresas privadas de seguridad galas rehusaron los jugosos contratos que les propusieron las autoridades francesas y la UEFA. Los organizadores de la Eurocopa se vieron en la necesidad de acudir a pequeñas empresas que se apresuraron en contratar y capacitar a 3 mil agentes. Semejante improvisación no deja de ser inquietante.

Los servicios de inteligencia galos revisaron con lupa los 13 mil currículum vitae de todos los agentes privados movilizados y descubrieron que la policía tenía expedientes de 82 de ellos, debido a que eran considerados como “susceptibles de amenazar la seguridad de Estado”.

Inquietos, los franceses se preguntan si no se habrán colado algunos entre las mallas de la red. Según revelan sondeos de opinión recientes, 73% de ellos temen un atentado durante la Eurocopa, pero al mismo tiempo 63% consideran que mantener esa gran fiesta deportiva es “la mejor respuesta a la amenaza terrorista”.

Jerôme Boateng, célebre defensor de la Mannschaft, comparte sus temores: “Mi familia y mis hijos no estarán el 16 de junio en el Estadio de Francia –confesó a la prensa alemana–. Para mí el riesgo es demasiado alto. Es una lástima llegar a ese extremo. Pero últimamente ocurrieron muchas cosas que lo hacen reflexionar a uno. Me quiero concentrar exclusivamente sobre el futbol durante el Euro. Saber que mi familia no está en el estadio me hace sentir tranquilo”.

Boateng tiene razones de sobra para preocuparse: el pasado 13 de noviembre la selección alemana jugaba contra su homóloga francesa cuando tres terroristas activaron sus cinturones de explosivos fuera del Estadio de Francia. Cuatro días más tarde se suspendió el partido que se aprestaba a disputar contra el equipo nacional de Holanda en Hannover, siempre como defensor de la Mannschaft, a raíz de una amenaza terrorista.

Richard Walton, quien encabezó la unidad antiterrorista de Scotland Yard y se desempeñó como responsable de la seguridad durante los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, también manifestó su inquietud y críticas veladas a la labor de sus colegas franceses. Para este experto las diez ciudades anfitrionas de la Eurocopa 2016 distarían de ser los blancos prioritarios de los yihadistas.

Explicó: “La parte vulnerable de ese tipo de acontecimientos se ubica más bien fuera de estas ciudades: en otros estadios, en los centros de transporte como estaciones de tren o de metro, en lugares muy concurridos en los que la policía no acostumbra mantener altísimos niveles de seguridad”.

También recalcó: “La lección que sacamos de los Juegos Olímpicos de Londres fue confiar sobre todo en los servicios de inteligencia. Es preferible invertir en la capacidad de recoger informaciones y en sistemas de mando que desplegar miles de hombres uniformados en las calles”.

Consultada por la corresponsal, una fuente cercana a los servicios de inteligencia galos no escondió su exasperación. Enfatizó que la presencia masiva de policías y militares en las calles no busca solamente disuadir a eventuales terroristas, sino poder hacer frente a los incidentes que no dejarán de provocar también grupos violentos de fanáticos de futbol. Aun si el EI y Al Qaeda se mantienen como las amenazas más graves, el hooliganismo no deja de ser inquietante.

La estrecha cooperación entre las policías europeas permitió prohibir que 3 mil individuos considerados hooligans ingresaran a Francia. Pero en ese caso también puede haber indeseables colados entre las mallas de la red. Es la razón por la que seguirá siendo muy densa la colaboración europea a lo largo de toda la Eurocopa.

Ya están operando en Francia 180 spotters (personas que “detectan”). Son policías fisonomistas oriundos de los 23 países europeos cuya selección nacional disputa partidos en Francia. Muy especializados estos integrantes de la policía científica, se dedican exclusivamente a la detección de hooligans.

Según explicó Bernard Cazeneuve, ministro del Interior, el martes 7 unos 50 spotters, quienes “tienen un conocimiento preciso de las violencias específicas perpetradas por los aficionados de futbol más violentos de sus respectivos países”, trabajan en el Centro de Cooperación Policiaca Internacional (CCPI) creado especialmente para la Eurocopa en la pequeña ciudad de Lognes, cerca de París. Los otros 130 están desplegados en las diez ciudades anfitrionas de la fiesta del futbol para “asesorar” a sus colegas franceses.

Entre los partidos que más pesadillas causan a los servicios de seguridad en el inicio de la Eurocopa 2016 destacan Inglaterra-Rusia (sábado 11 en Marsella), Turquía-Croacia, domingo 12 en París; Alemania-Polonia (jueves 16 en París); Inglaterra-Gales (16 de junio en Lens, norte de Francia) y Ucrania-Polonia (martes 21 en Marsella).

El más peligroso de todos es probablemente el Inglaterra-Rusia en Marsella. El hermoso puerto francés del Mediterráneo que cuenta con una fuerte población de origen magrebí fue el escenario de violentos enfrentamientos entre seguidores ingleses abiertamente racistas y jóvenes franco-norafricanos en 1998.

James Dhayler, uno de los hooligans británicos, que se vanagloria de su participación en estos combates callejeros y tiene prohibido llegar a Francia, acaba de anunciar que los aficionados rusos y británicos “más duros” habían decidido lanzarse juntos en “una cacería de musulmanes” en Marsella.

Será probablemente la única tregua que se dará entre los hooligans de Inglaterra y los de Europa Oriental, ya que estos últimos se muestran firmemente decididos a acabar con el liderazgo británico de la violencia.

Es la primera vez en la historia de la Eurocopa que tantos países del exbloque soviético participan en esta competencia. Son ocho: Rusia, Ucrania, Hungría, Eslovaquia, Polonia, República checa y Rumania. Desde la última década del siglo XX las franjas más radicales de sus fanáticos de futbol destacan por su brutalidad y su extremismo racista.

Los enfrentamientos que provocan cobran un número creciente de víctimas, varias de ellas mortales. Su intención de imponerse como campeones de la violencia de la Eurocopa 2016 y su odio hacia todo lo que “huele a musulmán” provocan sudor frío en las autoridades francesas.

Único consuelo en este panorama poco alentador: la ausencia de la selección de los Países Bajos que no logró calificarse y cuyos seguidores más brutales no tienen nada que envidiar a los de Europa Oriental.

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