El triunfo panista golpea a los Calderón

El expresidente Felipe Calderon y su esposa Margarita Zavala en una fotografía tomada en noviembre de 2012. Foto: Octavio Gómez El expresidente Felipe Calderon y su esposa Margarita Zavala en una fotografía tomada en noviembre de 2012. Foto: Octavio Gómez

Aparentemente, las elecciones del domingo 5 fueron una jornada de ensueño para el PAN, que incluso contra sus pronósticos ganó siete de las 12 gubernaturas en disputa y evidenció que para buena parte del electorado es una opción contra las corruptelas priistas. Pero no todo es alegría: el triunfo potencia la precandidatura presidencial de Ricardo Anaya, dirigente nacional del panismo, lo que cimbra los planes de Felipe Calderón y Margarita Zavala, quienes ya maniobraban para defenestrar al joven líder e imponer a la esposa del exmandatario como la abanderada presidencial en 2018.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Antes de las elecciones del domingo 5, cuando ni ellos imaginaban que el Partido Acción Nacional (PAN) ganaría las siete gubernaturas que lo reactivan hacia 2018, Felipe Calderón y Rafael Moreno Valle tramaban deponer a Ricardo Anaya de la dirigencia para tomar ellos el control del proceso sucesorio interno.

Anaya supo que Calderón confió a un grupo de panistas en mayo, durante una comida en Tlaxcala, que pasada la elección –que preveía sería un nuevo fracaso– iría por “la cabeza” del dirigente nacional del PAN, a quien el principal operador de Moreno Valle, Eukid Castañón, acusó a su vez de traición.

Castañón, diputado federal del PAN y allegado al presidenciable gobernador de Puebla, se comunicó telefónicamente con Anaya para reclamarle, en tono airado, una “traición” de la que se negó a darle detalles, según una grabación que obtuvo el reportero, de las muchas que ya circulan en ese partido:

–Qué pasó, Eukid, ¿cómo estás? –le pregunta Anaya.

–Oye, traigo información superdelicada del tema con nosotros, cab. Ojalá te pueda ver mañana un rato.

–¿Qué pasó, eh?

–No, algo muy delicado ahí.

–Adelántame algo.

–No, güey, se llama traición.

–¿Por qué? ¿Qué pasó?

–No, luego te platico, pero se llama traición. O sea, literalmente se llama traición.

–Pues no, no entiendo, por más que me lo trate de imaginar.

–¡Bueno, yo sí entiendo, cab, yo sí entiendo muchos comentarios! ¡A mí me dijeron las cosas superclaras! Y antes de hablarlo con Rafael lo quiero hablar contigo, güey.

Anaya insistió en saber en qué consistía la “traición”, pero Castañón se negó y pidió verlo personalmente: “Ahí cuando me puedas atender me avisas, ¿no? Pero, este, sí está muy delicado el tema. O sea, yo sí te puedo decir una cosa que, al final, no se vale, cab, no se vale, cab”.

Los planes de Calderón y la enigmática llamada de Castañón son parte del ambiente envenenado en el PAN que, tras la elección, empeoró no sólo porque es la primera victoria tras las derrotas de 2009, 2012 y 2015 –que lo reaniman hacia la sucesión presidencial de 2018–, sino porque se consolida el proyecto presidencial de Anaya, que se inició con su triunfo en la dirigencia (Proceso 2019 y 2038).

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2067, ya en circulación

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Reportero de Proceso desde 1994, Premio Nacional de Periodismo en periodismo de investigación y autor de tres libros.

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