Alemania: la ira de Erdogan alcanza al Bundestag

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Foto: AP / Murat Cetinmuhurdar El presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Foto: AP / Murat Cetinmuhurdar

BERLÍN (apro).- Con sólo un voto en contra y una abstención, el pasado 2 de junio el Parlamento alemán aprobó una resolución histórica: reconoció como genocidio la matanza de alrededor de millón y medio de armenios cometida por el imperio otomano en 1915.

Tal decisión, sin embargo, no sólo desató la furia del gobierno de Ankara en contra de Berlín, sino que produjo una virulenta y no antes vista reacción que hoy tiene a 11 parlamentarios alemanes de origen turco y a sus familias viviendo bajo protección policiaca permanente, debido a las amenazas de muerte que han recibido.

Si bien las ofensas, improperios e incluso amenazas en contra de políticos es algo que puede colocarse dentro del espectro de la normalidad, las recibidas por estos 11 diputados han rebasado este margen y las autoridades alemanas las han tomado tan en serio que la propia Oficina Federal de Investigación Criminal consideró en riesgo a los afectados.

También el Ministerio de Asuntos Exteriores estimó que por ningún motivo sería prudente que en el corto plazo alguno de esos parlamentarios viaje a Turquía. Su seguridad, señaló, no está garantizada.

La mayoría de estos legisladores son ciudadanos alemanes de origen turco y muchos de ellos tienen a familia cercana, como sus padres, viviendo en Turquía.

La furia por la histórica votación del pasado 2 de junio, en la que el Bundestag también reconoció la corresponsabilidad que el imperio alemán tuvo en la matanza de armenios como aliado del imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial, viene desde lo más alto del poder en Turquía.

Tras la aprobación de la resolución, el presidente Recep Tayyip Erdogan dejó a un lado el lenguaje diplomático de un jefe de Estado para arremeter en contra de Alemania, y especialmente los 11 diputados alemanes de origen turco que votaron la resolución.

Según citó la prensa alemana, Erdogan señaló en un discurso muy duro que Alemania es el país menos indicado para enjuiciar a Turquía por un “supuesto” genocidio, y en lugar de ello mejor tendría que rendir cuentas por el holocausto y exterminio cometido por el imperio alemán en contra de más de 100 mil hereros en lo que hoy es Namibia.

Más aún: acusó a los 11 diputados alemanes de origen turco de ser una extensión en Alemania del prohibido Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK). Y sugirió que tendrían que someterse a un examen de sangre porque la suya estaría “podrida”.

“A veces aparece gente con la sangre podrida, pero nuestro país sabe darles la lección que se merecen”, sentenció, de acuerdo con los reportes de los diarios alemanes.

Lanzada desde lo más alto del poder, la virulencia de extremistas nacionalistas no se hizo esperar en contra de los parlamentarios de origen turco que, junto con el resto del Bundestag, aprobaron la resolución.

En la red social de Twitter, según consignó en un reporte el semanario Der Spiegel, un hombre llamó a ejecutar al presidente del Partido Verde, Cem Özdemir, uno de los principales impulsores de la resolución: “¿Entre los 2.5 millones de turcos que viven en Alemania no existe un joven turco que le meta una bala a este tipo?”, preguntó.

Otro más señaló que el político verde “debe ser baleado en la cabeza”.

Aunado a ello, la oficina del hijo de inmigrantes turcos ha recibido cientos y cientos de cartas y correos electrónicos con amenazas similares en donde no lo bajan de “cerdo armenio” o “hijo de puta”.

Casado y con dos hijos, Özdemir no relativiza las amenazas: “Por supuesto que me cuestiono si alguien se vuelve loco e intenta hacer justicia por sí mismo”, declaró al semanario alemán, al tiempo que confirmó que las amenazas de muerte en su contra han alcanzado una nueva dimensión.

En tanto, la encargada de la oficina de Integración del gobierno federal y miembro del Partido Social Demócrata (SPD, por sus siglas en alemán) Aydan Ozoguz ha recibido también centenares de cartas y correos con amenazas. “Traidora a la patria”, “cerda puta” o “puta alemana”, son algunas de las ofensas recibidas.

“Es atroz saber que ahora no pueda volar hacia Turquía. Erdogan debe entender que nosotros (los parlamentarios) no somos una extensión de Turquía aquí”, señaló.

Por su parte, la también diputada de la Unión Democristiana (CDU) Cemile Giousouf dijo saber que con la votación vendrían represalias y amenazas, pero nunca pensó que éstas alcanzaran a sus padres. “Me afecta saber que se le quieran cargar responsabilidades a mi familia. (…) Las declaraciones de Erdogan son absolutamente inaceptables e indignas de un jefe de Estado”, declaró la joven política.

Así, de acuerdo con el reporte de Der Spiegel, cuando menos ya un par de diputados han cancelado viajes planeados a Turquía, ya sea de trabajo o placer, e incluso los padres de alguno de ellos han tenido que dejar su casa y encontrar refugio en un hotel de otra ciudad ante el temor de represalias en su contra.

“¿Hubo antes en la historia de la República Federal Alemana diputados que callaran por miedo, evitaran a la opinión pública o enmudecieran?”, cuestiona el semanario.

“Desde hace semanas Angela Merkel está bajo crítica porque desea alcanzar un pacto para contener el flujo de refugiados con el presidente turco, quien gobierna su país cada vez más autoritariamente. Y esta vez no se trata sólo de las condiciones antidemocráticas en Turquía sino de la paz social en Alemania”, añade.

Lo cierto es que las declaraciones del presidente turco en contra de los diputados que pertenecen a diversos partidos (Partido Verde, Unión Democristiana, Socialdemócratas, y La Izquierda) indignaron a la clase política y enturbiaron aún más la difícil relación que por estos días existe con Turquía.

El presidente del Bundestag, el democristiano Norbert Lammert, respondió con severidad a las declaraciones de Erdogan: “Cualquiera que mediante amenazas intenta presionar de manera individual a diputados debe saber que está atacando al Parlamento entero y reaccionaremos a ello con todas las herramientas que la ley pone a nuestra disposición. (…) Jamás hubiera imaginado que en pleno siglo XXI un presidente elegido democráticamente vinculara su crítica en contra de diputados del Parlamento alemán también elegidos democráticamente con dudas respecto a su origen turco, y calificara de podrida su sangre”, dijo en plena sesión el pasado 9 de junio.

La aprobación de la resolución que reconoce el genocidio armenio y la desproporcionada reacción del gobierno turco constituye un desencuentro más en la compleja relación entre Alemania y Turquía y llega en el momento más inoportuno para la canciller alemana Angela Merkel.

Y es que justo ahora Merkel espera cerrar el acuerdo con el gobierno encabezado por Erdogan para que éste alivie el copioso flujo de refugiados que desde el año pasado tiene en jaque a toda Europa.

De ahí las permanentes críticas en su contra de quienes le reprochan el bajo perfil y la suave respuesta frente al ataque verbal del jefe de Estado turco. De hecho, el día de la votación en el Parlamento, ni la canciller Merkel ni el vicecanciller Sigmar Gabriel y tampoco el ministro de Exteriores Frank-Walter Steinmeier estuvieron presentes. Dicen los expertos que fue un intento de la gran coalición que gobierna Alemania de contener la ira de Erdogan, sin resultados.

Pero no sólo eso. El “episodio” armenio también representa un punto más a favor de los críticos del régimen de Ankara, quienes tachan de intolerante y dictador a su jefe de Estado.

En su más reciente edición, el periódico semanal alemán Die Zeit presenta, por ejemplo, una investigación que documenta 286 casos en los que se han levantado investigaciones judiciales en contra de igual número de ciudadanos turcos por ofensas a la figura presidencial de Erdogan. Se trata de ciudadanos de todo tipo, ancianos, hombres, mujeres y hasta niños, que han sido detenidos, procesados y, en la mayoría de los casos, privados de su libertad por “injuriar” al jefe de Estado.

Por lo pronto, la tensa relación entre ambas naciones permanece y la furia por la cuestión armenia continúa a pesar de que Alemania sea ya el país número 29 que la califica de genocidio. Algunos de los países que antes lo han reconocido son Bélgica, Francia, Italia, Holanda, Brasil, Argentina, Canadá y Paraguay, entre otros.

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