El Gran Premio F-1 de Canadá: velocidad… y turismo sexual

MONTREAL (apro).- El Gran Premio de Canadá atrae año con año a fanáticos del motor de todos los rincones de este país, además de visitantes provenientes de Estados Unidos, Europa y América Latina.

El pasado domingo 12, Lewis Hamilton de la escudería Mercedes resultó vencedor en esta prueba realizada en el circuito Gilles Villeneuve de Montreal.

Sin embargo, líderes comunitarios, trabajadores sociales y figuras políticas criticaron el aumento de servicios sexuales vinculados con este evento deportivo.

Bares de striptease, salones de masaje y prostitución contratada a través de internet y de números telefónicos viven una verdadera bonanza durante esta justa deportiva. Incluso algunas agencias de viajes de Boston y Nueva York subrayan el atractivo de Montreal como destino erótico.

Entre denuncias y nuevas leyes

Desde hace una década, la carrera en Montreal ha recibido críticas por fomentar el turismo sexual. Instituciones de ayuda social y organizaciones no gubernamentales han constatado que una parte considerable de las personas que brindan servicios sexuales son mujeres menores de edad provenientes de medios desfavorecidos, reclutadas en centros de acogida y colegios por redes de proxenetas y sometidas a horas interminables de “trabajo” en los días del Gran Premio.

Los organizadores del evento afirman que la carrera es una actividad familiar y que el comercio sexual se lleva a cabo fuera de las zonas bajo su control.

El lema empleado por las integrantes del colectivo Femen Quebec para protestar durante los últimos años contra el Gran Premio sintetiza en buena medida el sentir de muchos montrealenses: “Montreal no es un burdel”.

Desde hace décadas, la ciudad recibe a un importante número de visitantes atraídos por la vida nocturna, la edad legal para adquirir alcohol (18 años) y la elevada cantidad de negocios vinculados con la industria del sexo. Durante la semana del Gran Premio de Canadá, el turismo se convierte en un actor que contribuye a ello con grandes flujos de dinero.

ECPAT International, la mayor red dedicada a combatir la explotación sexual de menores en todo el mundo, publicó en mayo pasado un documento que muestra que Estados Unidos y Canadá no son sólo países de origen de personas que viajan a otras zonas del orbe en busca de sexo con menores.

Ciudades como Atlanta y Las Vegas se han convertido también en destinos para estas actividades.

En el mismo informe aparece Montreal como un punto preocupante en temas de trata juvenil, sobre todo durante el Gran Premio de Fórmula 1.

El documento indica que el sexo ha sido una marca asociada a la metrópoli de Quebec y que ha existido mucha tolerancia con la venta de servicios sexuales, cuando se sabe que un número importante de jóvenes participan en este mercado.

“De acuerdo con diversos estudios, la mitad de las personas que se prostituyen en Canadá comenzaron cuando eran menores, a una edad promedio de 14 años”, señala Éliane Legault-Roy, portavoz de la Concertación de luchas contra la explotación sexual de Quebec, en entrevista con Apro.

En diciembre de 2014 entró en vigor la nueva ley sobre la prostitución en Canadá. Actualmente se considera un acto criminal la compra de servicios sexuales, su publicidad y el proxenetismo, aunque no son penalizadas las personas que ejercen la prostitución. Se trata de un modelo parecido al que se implementó en los países escandinavos.

“Hemos constatado que muchos turistas e incluso una parte considerable de los canadienses no conocen estas nuevas disposiciones legales. Pagar por servicios sexuales se castiga con una pena de al menos cinco años de prisión”, afirma a Apro Martin Roach, inspector de la Policía Montada de Canadá.

Trasfondo económico

El Gran Premio de Fórmula 1 es una especie de banderín de salida de una larga lista de festivales y actividades de verano en Montreal. A su vez, la justa automovilística mueve grandes recursos económicos. De acuerdo con un informe gubernamental hecho público el pasado viernes 3, la derrama que dejó la carrera es de 42 millones de dólares canadienses, aunque las arcas federales, provinciales y municipales deben invertir cada año en este evento cerca de 18.5 millones de dólares.

“El Gran Premio de Fórmula 1 nos brinda una visibilidad extraordinaria tanto en Canadá como en el extranjero”, señaló Denis Coderre, alcalde de Montreal, en la reunión donde se dieron a conocer estas cifras.

En este sentido, el analista económico Alain Dubuc comentó en las páginas del diario montrealense La Presse que pese a que el evento atrae a cerca de 93 mil espectadores (52% provenientes de fuera de la provincia de Quebec) y que la carrera es seguida en televisión por 350 millones de personas, habría que interrogarse si se trata de una inversión redonda para Montreal.

De acuerdo a Dubuc, la ciudad busca posicionarse como un sitio que favorece temas medioambientales, pero organiza un evento relacionado con la industria del motor; el dinero público aportado llega directamente a las arcas de la compañía dueña de los derechos de la Fórmula 1 y no se ejerce en sectores específicos; además, la carrera no impacta necesariamente en la creación de un capital educativo local que puede rendir mejores frutos, como es el caso de los subsidios a actividades culturales que han beneficiado sobremanera a Montreal.

Y a todo esto se suma la imagen que vincula al Gran Premio con el turismo sexual. Sin embargo, luego de tantas presiones, la edición 2016 de la carrera vio finalmente aparecer algunas acciones por parte de las autoridades.

El pasado 24 de mayo Manon Massé, diputada del partido Quebec Solidario, propuso ante la Asamblea Provincial una moción para exigir a los ministerios de la Seguridad Pública y de la Condición Femenina su pronunciamiento oficial sobre las medidas a implementarse en el evento deportivo.

“El fenómeno de la prostitución juvenil durante el Gran Premio de Fórmula 1 es conocido desde hace años. El gobierno no tiene excusa alguna para no tener ya un plan en tiempo y forma”, señaló Massé ante sus colegas. La moción fue adoptada ese mismo día por unanimidad.

Una semana después, diversos grupos comunitarios, con el apoyo del Ministerio de la Condición Femenina de Quebec, lanzaron la campaña “Comprar sexo no es un deporte” en la que a través de publicidad en las calles y presencia en redes sociales se buscó crear conciencia.

“La explotación sexual es inaceptable dentro de una sociedad como la nuestra, que defiende los valores de justicia e igualdad entre hombres y mujeres”, afirmó el día del lanzamiento Lise Thériault, responsable de este ministerio.

Por su parte, la Seguridad Pública de Quebec y la Policía Montada de Canadá realizaron conjuntamente una campaña de sensibilización, además de una constante vigilancia en las zonas de mayor presencia de visitantes por el Gran Premio. Con ello se buscaba recordar que la compra de servicios sexuales es un acto criminal en Canadá y que la mayoría de personas son forzadas a prostituirse, contribuyendo al financiamiento de redes de explotación.

El proceder de las instituciones públicas fue aplaudido por diversos sectores, pero se le considera insuficiente si se desea solucionar de lleno el problema. “La policía permite que ocurran demasiadas cosas en bares de striptease y salones de masaje, donde se sabe que se realizan transacciones sexuales que la nueva ley prohíbe”, comenta Legault-Roy.

Por su parte, Michael Dorais, profesor de la Escuela de Servicio Social de la Universidad Laval de Quebec y experto en el estudio de las redes juveniles de prostitución, afirma a Apro que debe existir una campaña de concientización sobre los nefastos efectos del comercio sexual durante todo el año, ya que Montreal es sede de múltiples eventos internacionales. “Con estos eventos, la demanda aumenta y los proxenetas reclutan. Después de todo los clientes son quienes nutren a estas redes criminales”, agrega.

Éliane Legault-Roy señala también que debe existir un financiamiento puntual de distintos organismos que trabajan para combatir la trata de personas con fines sexuales; que es necesario ofrecer alternativas para que las personas puedan volver a los estudios y que tengan acceso a ayuda sicológica. “No basta con prohibir la prostitución sin presentar alternativas”, añade.

A este respecto, la diputada Manon Massé señaló en la Asamblea Provincial que el gobierno de Quebec había prometido el pasado mes de febrero una ayuda de tres millones de dólares a programas destinados a aumentar la seguridad de jóvenes en peligro de caer en las garras de los proxenetas, pero que el dinero no ha llegado aún a los organismos comunitarios.

Cabe destacar que la estrategia llevada a cabo recientemente por las fuerzas del orden para reducir el turismo sexual no logró una aprobación unánime. Stella, un organismo de Montreal que lucha por los derechos y la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores sexuales, criticó este proceder. En declaraciones a la cadena CBC, la directora de Stella, Sandra Wesley, señaló que la fuerte presencia de la policía para reducir el turismo sexual provoca que las prostitutas enfrenten mayores riesgos de violencia ante transacciones hechas con premura y en sitios inseguros.

Stella se ha pronunciado en contra del espíritu de la nueva ley canadiense relativa a la prostitución. La considera una iniciativa emanada del antiguo gobierno conservador, alejada de la realidad de clientes y trabajadores sexuales.

En este punto, tanto el primer ministro Justin Trudeau como la ministra federal de justicia, Jody Wilson-Rayboud, han manifestado su deseo de escuchar los argumentos de diferentes actores para saber si es necesario modificar aspectos de la ley.

La más reciente edición del Gran Premio de Canadá también ha provocado que en distintas tribunas de Montreal se discuta la posible correlación entre eventos deportivos y la demanda de servicios sexuales, asunto no exento del debate. La Concertación de luchas contra la explotación sexual de Quebec, al igual que la policía de Montreal, señalan que el Gran Premio forma parte de ciertas justas del deporte –como el Mundial de la FIFA y el Súper Tazón en Estados Unidos- propicias a aumentar el comercio sexual.

Por su parte, el organismo Stella ha citado un estudio publicado en 2011 por The Global Alliance Against Traffic in Women (GAATW), en el que se indica que no existe evidencia que demuestre que la trata de personas para la prostitución se incremente con los grandes eventos deportivos.

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