El Brexit según Videgaray: conmociona al mundo, pero a México no

Luis Videgaray, extitular de la SHCP. Foto: Benjamin Flores Luis Videgaray, extitular de la SHCP. Foto: Benjamin Flores

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El mundo puede estar conmocionado, incluso convulsionado en algunas partes por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Pero México no, según las autoridades económicas del país.

De hecho, todas las plazas bursátiles del mundo iniciaron a la baja y continuaron con importantes pérdidas este viernes. Un auténtico “viernes negro”.

Las monedas, igual, todas se han depreciado apenas se hizo el anuncio formal del rompimiento del Reino Unido con la Unión Europea. Y registran una gran volatilidad: suben y bajan de valor minuto a minuto.

La libra esterlina, moneda inglesa, ha sido el caso extremo, con una depreciación que por momentos rebasó el 10% y la llevó a niveles que no experimentaba desde 1985. Hacia las 13:20 la libra había recuperado algo de valor: la depreciación se redujo a “sólo” un 8.58%, que fijaba un tipo de cambio de 73 centavos de libra por un dólar americano.

Ninguna moneda, salvo el yen japonés –que cerca de las 2 de la tarde, tiempo de México, llevaba una apreciación de 3.8% frente al dólar–, se ha librado de los altibajos volátiles.

El peso mexicano, por ahí de la una de la mañana (hora local), se había caído frente al dólar. Llegaron a necesitarse 19 pesos con 51 centavos para comprar un dólar. Una depreciación de 6.2%. Alrededor de la una y media de la tarde se había recuperado un poco: la paridad con el dólar rondaba a esa hora los 18.92 pesos.

De la misma forma, en un mundo sorprendido por la decisión británica, los precios internacionales del petróleo también cayeron. El Brent del Mar del Norte llevaba a media tarde una baja de 4.3% para colocarse en los 48.7 dólares por barril. El West Texas Intermediate había caído hasta ese momento un 4.51% para colocarse en los 47.85 dólares por barril.

Pero en México la percepción de las autoridades es otra. Con el llamado Brexit, al país no le va a pasar nada. O esa es la idea que manejaron hoy las autoridades para calmar los ánimos que en el mundo están muy calientes.

El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en una conferencia de prensa mañanera en Palacio Nacional –a las 08:00, pero convocada justo a la medianoche (ceros horas)–, hizo gala de su tradicional discurso del “todo está bien; no pasa nada”.

Acompañado por Roberto del Cueto, subgobernador del Banco de México; el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo; el presidente de la Comisión Nacional bancaria y de Valores, y del subsecretario de Hacienda, Fernando Aportela, Videgaray, optimista, sentenció:

“La salida del Reino Unido de la Unión Europea (no tendrá) un impacto relevante sobre la cuenta corriente y sobre la balanza comercial mexicana en específico”.

La razón, explicó, es que la relación comercial entre México y el Reino Unido es “irrelevante”. El comercio de México con ese país es apenas un 0.7% del total del comercio de México con el resto del mundo, dijo el secretario.

Reconoció que el Reino Unido “es una economía muy importante en el mundo, es un centro financiero muy relevante; nuestra relación comercial es eminentemente acotada y por lo tanto, insisto, no esperamos un impacto relevante en la cuenta corriente o en la balanza comercial”.

O al secretario se le olvidó que el mundo está globalizado e hiperconectado, o –como acostumbra– sólo quiso, como se dice popularmente, “dorar la píldora” y minimizar el hecho.

Entrevistado dos días antes de la decisión de los ingleses, Luis Foncerrada Pascal, connotado economista y director general del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, órgano asesor del Consejo Coordinador Empresarial, explicaba a Proceso:

“El que se salga Gran Bretaña de la Unión Europa lo que va a implicar es un cambio en todas las reglas del juego del comercio y de muchas otras cosas. Eso sin duda detendría el crecimiento de Gran Bretaña, afectaría igual de negativamente a Europa. Quiere decir que la tasa de crecimiento europea, incluida Inglaterra, bajaría. Eso implicaría movimientos de capitales a otros lugares. Esos movimientos de capitales afectan todo el sistema financiero.

“Pero los movimientos de capitales no solamente afectan a Europa, afectan a Asia y a América Latina, y México es parte de América Latina, no es México en particular, sino es toda la tendencia de los capitales que se mueven tan rápidamente”.

Entonces, argumenta, el Brexit haría caer la tasa de crecimiento de una zona muy importante del mundo, y por lo tanto se reduciría el comercio internacional más todavía de lo que se ha reducido. Y al estarse reduciendo importaciones y exportaciones, el PIB en general crece menos y los capitales tienden a irse a zonas que sienten más seguras, como Japón o como Estados Unidos. Entonces hay un flujo de capitales que se va hacia Estados Unidos y que se va a Japón”.

Pero Videgaray no sólo minimizó el efecto del Brexit en México, sino que lo aisló de otros factores que han provocado la fuerte volatilidad del peso mexicano en los últimos meses, como el aumento de las tasas de interés que en algún momento deberá decidir la Reserva Federal estadunidense –con la consecuente alza en las tasas internas de México–, y el factor Donald Trump, que de llegar a la presidencia de Estados Unidos significaría más de un dolor de cabeza para México en materia económica, política, social y aun diplomática.

Esos son los factores externos que han tenido a la moneda mexicana en un persistente sube y baja. Pero el secretario Videgaray, obviamente no hizo, ni haría referencia a los factores internos que han atizado la inestabilidad y depreciación del peso mexicano.

Uno es el explosivo crecimiento de la deuda pública, que asciende actualmente a 8.7 billones de pesos, casi un 55% del PIB si se considera en su concepción más amplia –lo que se conoce como el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público–, y que contrasta con el 40.6% del PIB en que cerró en 2012.

Un espectacular y brutal aumento en la deuda de poco más de 14 puntos porcentuales del PIB en lo que va de la administración de Enrique Peña Nieto. Algo no visto desde los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo.

El otro factor interno que incide en la volatilidad del peso son los problemas que se tienen en la balanza de pagos, particularmente en la cuenta corriente, cuyo saldo deficitario alcanza el 3% del PIB y no puede financiarse sólo con la entrada de inversión extranjera, equivalente a 2.8% del PIB.

Ambos factores, que tienen bien analizados los mercados financieros internacionales, son los que generan la desconfianza de éstos en la economía y la moneda mexicanas, pues indican que los llamados fundamentos macroeconómicos del país no están tan en orden ni son tan fuertes como ha insistido el gobierno mexicano y en particular la Secretaría de Hacienda.

Y como para el secretario Videgaray es tan mínimo impacto del Brexit en México, el único anuncio concreto que hizo fue el de hacer un recorte adicional al gasto público por 31 mil 715 millones de pesos, de los cuales el 91.7%, poco más de 29 mil millones de pesos, se destinarán a gasto corriente.

Pero si él lo manejó como un acto virtuoso y de sacrificio para el gobierno, lo cierto es que con Brexit o sin Brexit era una necesidad ingente recortar ya el gasto corriente, pues los recortes anteriores se habían hecho sobre la inversión pública.

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