Toledo y Sabino: “Afelpados” la ansiedad y la descomposición

Sabino Guisu, artista plástico. Foto: Alejandro Saldívar Sabino Guisu, artista plástico. Foto: Alejandro Saldívar

OAXACA, Oax.- La Galería Quetzalli es un túnel del tiempo. La nave principal convoca a un diálogo entre el pasado y el ahora. Francisco Toledo (1940) y Sabino Guisu (1986) exponen trece tapices en los que habita un contingente de animales misteriosos: chapulines, peces, gusanos, abejas, búfalos y chivos.

Ambos artistas son traductores de distintas ideas en la exposición Afelpados. Los dos hablan un lenguaje híbrido a través de las fibras textiles: del esqueleto de los peces hasta una explosión nuclear pasando por serpientes que fecundan óvulos y maíces carcomidos por gusanos, los afelpados llevan la impronta de un provincianismo estilístico convencido de su identidad juchiteca.

“El fieltro es una de las bases del trabajo llevado a cabo en el Taller de Afelpado del Centro de las Artes de San Agustín (CaSa); se trata de una técnica textil en la que agujas atraviesan fibras para crear abultamientos y concreciones, dando lugar a diversas tridimensionalidades”, se lee en el texto introductorio de la muestra a cargo de Guillermo Santos, editor de la revista oaxaqueña Avispero.

En Afelpados confluye la congenialidad estética, pero no estilística. A pesar de ocupar los mismos materiales, la obra de Sabino ocupa referentes icónicos de la destrucción y la descomposición de la carne. El ícono de una explosión nuclear puede ser visto también como una imagen microscópica de un mal celular que se complementa con las orugas encima de los maíces en los tapices de Toledo.

Uno de los afelpados de Toledo en la Galería Quetzalli. Foto: Alejandro Saldívar
Uno de los afelpados de Toledo en la Galería Quetzalli. Foto: Alejandro Saldívar

Los afelpados de Toledo son una búsqueda de tiempos pasados con sus obsesivos intentos por asimilarse al compromiso social y la lucha contra el maíz transgénico. Toledo mira atrás todo el tiempo: su mirada está enteramente en el pasado. Demora sus temas más allá de su límite natural; sin embargo, sus ideas son chapulines que saltan permanentemente encima del fieltro.

El fieltro es un elemento regenerador de la naturaleza. Joseph Beuys (1921) utilizó el fieltro como un elemento de su obra después de un accidente aéreo a bordo de un bombardero alemán en 1943. En ese diálogo, los tapices de Sabino Guisu pueden ser vistos como una forma de curar los lienzos quemados con los que debutó en el circuito del arte contemporáneo. Si bien su obra plantea la descomposición, ahora utiliza un material que se reconcilia al cuerpo con la naturaleza.

La putrefacción que Toledo plantea en Afelpados se reduce a la ansiedad que producen los gusanos o las serpientes de fieltro en la tela y en un par de caracoles intervenidos por él. Los gusanos se deslizan hacia un centro inexistente que radica dentro de los maíces y los caracoles.

La obra de Toledo en la Galería Quetzalli. Foto: Alejandro Saldívar
La obra de Toledo en la Galería Quetzalli. Foto: Alejandro Saldívar

El tapiz de Guisu de un cordero con siete ojos que yace sangrante encima de un libro hace palpable la influencia de Toledo y las posibilidades tridimensionales que da despeinar el fieltro y, al mismo tiempo, mantiene encendida la antorcha que Toledo ha mantenido encendida.

La comprensión del diálogo se abrevia en la curaduría. Aunque Sabino es catastrófico, la obra de Toledo guarda la esperanza de que el mal siempre puede fecundar de nuevo. Tal vez no haya mejor alojamiento para el espíritu de nuestra época: un afelpado.

Afelpados se aloja en la Bodega Quetzalli, en Murguía 400, en el Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca hasta finales de agosto, dirigida por María Saldaña Julián.

Guisu y Toledo en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Foto: Alejandro Saldívar
Guisu y Toledo en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Foto: Alejandro Saldívar

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