Una ciudad blindada

Río de Janeiro. Foto: AP / Felipe Dana Río de Janeiro. Foto: AP / Felipe Dana

RÍO DE JANEIRO (Proceso).- El pasado martes 5, el “día -30 de los Juegos” –o simplemente D-30–, 5 mil agentes de la Fuerza Nacional tomaron posiciones en esta ciudad alrededor de las 33 instalaciones olímpicas, y estarán ahí hasta septiembre.

Serán agentes de la Policía Federal quienes cuiden las instalaciones y el alojamiento de los atletas. Normalmente la seguridad de los Juegos corre a cargo del Comité Olímpico Internacional (COI), con un número desconocido de agentes privados contratados en cada caso. Pero Brasil “prefiere” poner allí sus mejores policías, dijo Alexandre de Moraes, secretario federal de Justicia, durante la conferencia de prensa para presentar el D-30.

Los brasileños habían anunciado que no querían repetir el error de Londres 2012, cuando la policía británica tuvo que capacitar de urgencia a agentes privados reclutados de última hora. Pero la estrategia ahora cambió: las fuerzas federales estarán encargadas de la supervisión y los agentes privados se quedarán sólo como apoyo.

También entraron en acción el pasado martes 5 los militares que van a cuidar las fronteras de Río: sus playas, la inmensa Bahía de Guanabara, su cielo, sus montañas y las vías de acceso por tierra. Por el momento se anunció la ocupación militar de seis favelas, sin decir cuáles, para asegurar las vías de tránsito entre la ciudad, el aeropuerto y los barrios de la Barra de Tijuca y Deodoro, donde está la mayoría de las instalaciones olímpicas.

Un mes antes de los Juegos, como lo habían anunciado a la población, comenzó la prueba del sistema de seguridad. Para los Juegos, Río estará literalmente blindado: 85 mil miembros de seguridad –47 mil policías y 38 mil militares, el doble de los efectivos de los Olímpicos de Londres 2012–, un esfuerzo inmenso para el país, que quita bastante efectivos de seguridad al resto del territorio. Muchos de esos hombres, oficialmente “más de la mitad”, van a camuflarse como civiles. Una doble ventaja para las autoridades: no asustar a los turistas y ser más eficientes en la lucha antiterrorista.

Brasil no teme un atentado de gran magnitud, pero reconoció recientemente el riesgo que implican los “lobos solitarios” –como el autor del ataque en Orlando en junio pasado– y elaboró esta estrategia para luchar específicamente contra esa amenaza.

Los policías brasileños fueron invitados para este fin a vigilar junto con los estadunidenses el último maratón de Nueva York. Fueron también a Londres y Barcelona –antiguas plazas olímpicas– para abrevar de la experiencia de los agentes de seguridad británicos y españoles.

Los cuerpos de élite de la policía francesa –entre ellos el llamado Recherche, Assistance,­ Intervention, Dissuasion (RAID), es decir Investigación, Asistencia, Intervención, Disuasión– capacitaron a dos cuerpos similares de la Policía Militar de Río: la BAC (brigada de intervención, con perros para detectar explosivos) y el Bope (Batallón de Operaciones Especiales de la policía, para la intervención en “situación extrema”).

“Es efectivamente el Bope el que intervendría si pasa cualquier cosa, incluyendo un ataque terrorista, durante esos Juegos”, dice el mayor Nunes, subcomandante de ese batallón.

El pasado 9 de junio hubo un simulacro de intervención del Bope en el Metro de Río frente a las cámaras. “Los capacitamos sobre todo para las obras de infraestructura que son más recientes en Río, como el Metro y los trenes. Pero para todo el resto, instalaciones y exterior, el batallón ya lo sabía todo”, comenta el comandante Jean Laffitte, jefe del Grupo de Intervención del RAID.

El intercambio internacional no se limitó a la capacitación policiaca. Servicios de inteligencia de más de 100 países trabajan desde hace varios años con los brasileños, intercambiando información sobre posibles amenazas terroristas.

Los estadunidenses descubrieron en junio pasado un canal de comunicación en portugués, en la aplicación de mensajería Telegram Messenger, usado por un grupo yihadista. Los franceses también informaron a sus compañeros brasileños sobre la amenaza lanzada por el francés Maxime Hauchard, integrante del Estado Islámico, después de los atentados de París en noviembre de 2015: “Brasil, ustedes son nuestro próximo blanco”, habría escrito el francés en Twitter.

No obstante, durante la conferencia del D-30 el ministro de Defensa, Raul Jungmann, dijo: “Hasta ahora no hay ninguna amenaza seria contra los Juegos”.

En estos Juegos por primera vez funcionará un Centro de Inteligencia de Servicios Exteriores (CISE), con la participación confirmada de 113 países. “El objetivo es intercambiar información en tiempo real, pero también aprender a trabajar juntos, durante las competencias, para enfrentar las nuevas amenazas”, abundó Jungmann.

El CISE es parte del dispositivo general Centro de Control y Comando de Río (CCCR), el cual ya fue probado en la Conferencia de la ONU Río+20, en 2012; durante la visita del Papa, en 2013, y en el Mundial de Futbol de 2014.

El CCCR tiene cuatro centros de operaciones, cada uno de ellos para vigilar un área de la ciudad, a cargo de la Secretaría Extraordinaria para la Seguridad de Grandes Eventos, entidad federal que aglutina todas las fuerzas de seguridad del país.

La población también ha sido entrenada. Desde hace seis meses el mismo ministerio ha dado cursos a los empleados del sector turístico en Río (choferes, empleados de restaurantes, recepcionistas, etcétera) para identificar posibles amenazas y saber reaccionar.

El arsenal

Los gastos de seguridad para los Juegos serán garantizados sobre todo por el gobierno federal, debido a la quiebra general del estado de Río de Janeiro.

En julio Río recibió otra ayuda de 900 millones de dólares para pagar los gastos corrientes y los salarios atrasados de los policías. La ayuda era necesaria, según el presidente interino Michel Temer, para asegurarse de que los 40 mil policías estatales trabajen normalmente durante los Juegos. Esa cantidad más que duplica lo que ya se había gastado hasta ahora en la seguridad de los Olímpicos: unos 400 millones de dólares, informó el Ministerio de Defensa.

En 2014, la seguridad de las 12 ciudades sedes del Mundial de Futbol ya le había costado 500 millones de dólares a las arcas públicas. “Algunos equipos que fueron comprados para el Mundial de Futbol serán reutilizados para los Juegos. Ahora, la fuerza humana hay que pagarla de nuevo”, explicó Jungmann.

Gracias a la Ley de Acceso a la Información, las organizaciones Articulo 19 y Justica Global en Río obtuvieron sólo algunas “listas de compras” para estos Juegos.

El Ministerio de Defensa adquirió nuevo software y material de espionaje. La Policía Militar de Río compró 4 mil equipos de protección individual, 18 mil balas de goma, 9 mil balas fumígenas o marcadoras, 4 mil 500 granadas, 4 mil 500 bombas lacrimógenas, 900 aerosoles de pimenta y 450 de jengibre. Son materiales que se usan más para dispersar manifestaciones que para atender ataques terroristas.

El presupuesto final para la seguridad muy probablemente será mayor que lo anunciado, como sucedió en el Mundial de Futbol. La seguridad privada, por ejemplo –alguna pagada por el COI, otra financiada por empresarios o por el ayuntamiento– no está contabilizada.

Pero hasta ahora el presupuesto invertido en preparar los primeros Juegos Olímpicos de América del Sur (cerca de 8 mil 400 millones de euros) supera en más de 43% lo que se gastó en el Mundial.

Con la última ayuda del país a Río, 900 millones de dólares, la manifestación de los policías estatales en el aeropuerto internacional, realizadas el D-30, no fue bien vista por el gobierno federal ni por la población. Los policías esperaban la salida de los turistas con una gran pancarta negra y las palabras en inglés: “Bienvenidos al infierno. La policía y los bomberos no están siendo pagados, quien venga a Río no va a estar seguro”.

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