Espulgando cartas

Francisco Toledo, artista plástico. Foto: Octavio Gómez Francisco Toledo, artista plástico. Foto: Octavio Gómez

A partir de esta edición Francisco Toledo publicará en esta sección su columna titulada “Toledo lee”, con viñetas surgidas de sus lecturas más entrañables. La primera entrega del artista visual oaxaqueño vino acompañada de estas líneas: “Comienzo mi colaboración en las páginas de Proceso por una invitación que la revista me hizo, trataré de ilustrar textos que he leído y releído con interés y gusto. Estos textos me han sugerido imágenes, así que en lugar de comentarios realizaré viñetas.”

“Ya no puedo luchar más”

De Virginia Woolf a Leonard Woolf (marzo de 1941).

Querido: Tengo la certeza de que voy a enloquecer de nuevo. Siento que no podemos volver a pasar por una de esas fases terribles. Y esta vez no me voy a recuperar. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que voy a hacer lo que me parece la mejor opción. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido, en todos los sentidos, todo lo que se puede ser. No creo que dos personas pudieran ser más felices que nosotros hasta que llegó esta terrible enfermedad.

Ya no puedo luchar más. Sé que te destrozo la vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Fíjate, ni siquiera soy capaz de escribir esto correctamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has tenido una paciencia absoluta conmigo y una bondad increíble. Eso quiero decir: lo sabe todo el mundo. Si alguien hubiera podido salvarme, habrías sido tú. Ya no me queda nada, salvo la certeza de tu bondad. No puedo seguir estropeándote la vida.

No creo que dos personas pudieran ser más felices que nosotros.

* * *

No le toque el pelo. Ilustración de Toledo
No le toque el pelo. Ilustración de Toledo

No le toque el pelo

De tres admiradoras de Elvis Presley a Dwight D. Eisenhower (1958)

Estimado presidente Eisenhower:

Mis amigas y yo le escribimos nada menos que desde Montana. Mandar a Elvis Presley al ejército ya nos parece bastante malo, pero ¡si le afeitan las patillas nos moriremos! Usted no sabe lo que sentimos por él, la verdad es que no entiendo por qué lo tienen que mandar al ejército, pero le pedimos que por favor, por favor, no le corten el pelo a cepillo, ¡por favor, por favor, no! Si lo hacen, ¡de verdad que nos moriremos!

Amantes de Elvis Presley: Linda Kelly, Sherry Bane, Mickie Mattson, Presley Presley.

ES NUESTRO LEMA P–R –E –S –L– E–Y

* * *

¿Rezan los científicos?

De Albert Einstein a Phyllis (Iglesia de Riverside, 19 de enero de 1936)

Estimado señor Einstein:

En nuestra clase de catequesis nos hemos planteado este asunto: ¿rezan los científicos? Todo empezó con la pregunta de si podíamos creer en la ciencia y en la religión al mismo tiempo. Estamos escribiendo a científicos y otros hombres importantes en busca de una respuesta a nuestra pregunta.

Será un gran honor que conteste nuestra pregunta: ¿rezan los científicos? Y en caso afirmativo, ¿qué piden en sus rezos?

Estamos en sexto curso, en la clase de la señorita Ellis.

Lo saluda respetuosamente, Phyllis.

Respuesta (24 de enero de 1936)

Estimada Phyllis: Intentaré contestar tu pregunta de la manera más sencilla que pueda. Ésta es mi respuesta:

Los científicos creen que todo cuanto sucede, incluidos los asuntos de los seres humanos, se debe a las leyes de la naturaleza. Por consiguiente, un científico no tenderá a creer que el curso de los acontecimientos pueda verse influido por la oración, es decir, por la manifestación sobrenatural de un deseo.

No obstante, hemos de admitir que nuestro conocimiento real de esas fuerzas es imperfecto, de manera que, al final, creer en la existencia de un espíritu último y definitivo depende de una especie de fe. Es todavía una creencia generalizada incluso ante los logros actuales de la ciencia.

Al mismo tiempo, todo aquel que se dedica seriamente a la ciencia termina convencido de que algún espíritu se manifiesta en las leyes del universo, un espíritu muy superior al del hombre. Así, la dedicación a la ciencia conduce a un sentimiento religioso un tanto especial, sin duda, muy diferente de la religiosidad de alguien más cándido.

Saludos cordiales.

* * *

La casa de Eddie. Ilustración de Toledo
La casa de Eddie. Ilustración de Toledo

La casa de Eddie

De Jim Berger a Frank Lloyd Wrigth (19 de junio de 1956)

Estimado señor Wright:

Soy un niño de doce años, me llamo Jim Berger. Usted diseñó una casa para mi padre, que se llama Bob Berger. Reparto periódicos y así me saco un poco de dinero para meter en el banco y para gastos.

Agradecería que me diseñara una casa para el perro, fácil de construir, pero que pegara con nuestra casa. Mi perro se llama Edward pero lo llamamos Eddie. Tiene cuatro años, que son como 28 de los nuestros, y es un labrador. Mide unos 75 centímetros de alto y casi un metro de largo. La razón por la que me gustaría tener una casa para el perro es, sobre todo, el invierno. Mi padre me ha dicho que si usted diseña la casa para el perro él me ayudará a construirla. Pero si diseña la casa para el perro yo le pagaré los planos y los materiales con el dinero que me saco haciendo la ruta de reparto de periódicos.

Con mis respetos, Jim Berger

*

Respuesta (28 de junio de 1956)

Querido Jim:

Construir una casa para Eddie es toda una oportunidad. Algún día la diseñaré. Pero en este momento estoy demasiado ocupado para centrarme en ella. Si me escribes en noviembre a Phoenix, Arizona, es posible que tenga algo.

Atentamente, Frank Lloyd Wrigth

*

Estimado señor Wrigth:

Le escribí el 19 de junio de 1956 para pedirle que le diseñara a Eddie, mi perro, una casa que combine con la que diseñó para mi padre. Me dijo que le volviera a escribir en noviembre y ahora le vuelvo a preguntar si me podría diseñar una casa para el perro.

Con mis respetos, Jim Berger.

————-

* Es importante decir que Lloyd Wright sí mandó los planos para la casa de Eddie. Y que la casa se construyó.

* * *

Castro a Roosevelt. Ilustración de Toledo
Castro a Roosevelt. Ilustración de Toledo

Castro a Roosevelt

Mi buen amigo Roosevelt

De Fidel Castro a Franklin D. Roosevelt

6 de noviembre de 1940

Santiago de Cuba

Sr. Franklin Roosevelt,

Presidente de Estados Unidos

Mi buen amigo Roosevelt, no sé muy inglés, pero sí sé bastante para escribirte.

Me gusta oír el radio, y soy muy feliz, porque oí en el radio que serás presidente por un nuevo (periodo).

Tengo doce años. Soy un chico, pero pienso mucho, pero no pienso que escribo al presidente de Estados Unidos.

Si quieres, dame un billete de diez dólares verde americano, en la carta, porque he visto nunca un billete de diez dólares verde americano y me gustaría tener uno.

Mi dirección es: Sr. Fidel Castro Colegio de Dolores Santiago de Cuba Oriente Cuba. No sé muy inglés, pero sé muy mucho español, y supongo que tú no sabes mucho español, pero conoces mucho inglés porque es americano, pero yo no soy americano. (Muchas gracias) Adiós. Tu amigo. (Firmado) Fidel Castro

Si quieres hierro para hacer tus barcos yo te enseño las (minas) de hierro más grandes del país. Está en Mayarí Oriente Cuba.

_______________

* Logotipo creado por el artista

Load More